Vinculando cambio climático, carbono y comercio en los sistemas alimentarios del MERCOSUR: ¿es necesaria una estrategia regional común?

8 Octubre 2018

Gracias al progreso tecnológico, es posible satisfacer la creciente demanda alimentaria, aunque el impacto ambiental que ello podría significar es motivo de creciente preocupación[1]. En ese sentido, el principal desafío global es incrementar la producción de alimentos y, en paralelo, mejorar el desempeño ambiental. Resultante de la 21ª sesión de la Conferencia de las Partes (COP 21) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC, por su sigla en inglés), el compromiso para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), en un contexto de seguridad alimentaria, impone una presión creciente sobre los países productores y exportadores de alimentos. Mientras que el Mercado Común del Sur (MERCOSUR) desempeña un papel muy relevante en la seguridad alimentaria global[2], no resulta suficientemente claro cómo contribuye al balance global de carbono y así, indirectamente, al cambio climático.

 

El desafío de la mitigación y adaptación al cambio climático

 

Una estrategia agrícola climáticamente inteligente debe tener como objetivo garantizar alimentos suficientes para la población, y al mismo tiempo reducir la intensidad de emisiones y mejorar la adaptación climática a lo largo de la cadena alimentaria. Sin embargo, el progreso será inevitablemente desigual, ya que la capacidad de aumentar la producción de alimentos, reducir el impacto climático y aumentar la adaptación variará ampliamente entre países y entre diferentes etapas de la cadena.

 

Mitigación de GEI

La evidencia disponible sugiere que el business as usual conducirá a un futuro incierto, poniendo en riesgo el suministro de alimentos. Por lo tanto, debe construirse una estrategia global sustentada en una sólida base científica a fin de movilizar la agricultura y la producción de alimentos hacia un camino de baja emisión de carbono. En este proceso, la tecnología y las innovaciones desempeñarán un importante rol en el sendero para alcanzar la seguridad alimentaria con bajas emisiones de carbono.

 

La era digital está potenciando la generación de nuevas tecnologías que permiten mejorar la relación entre los alimentos y el sistema climático. La digitalización permitirá adquirir nuevos conocimientos y provocará una aceleración de la innovación a través del big data. Ya muchos de estos desarrollos se están incorporando a la "agricultura de precisión", aunque la irrupción tecnológica de punta en el sector agroalimentario todavía se limita a algunos países. También serán incorporados por los países en desarrollo una vez que se superen algunas de las limitaciones básicas (por ejemplo, la brecha digital).

 

Los recursos de alta tecnología apuntan a economizar el uso de insumos. En los hechos, se logra un menor uso de energía fósil reduciendo el uso de maquinaria, análisis de suelo y uso preciso de fertilizantes y plaguicidas con métodos inteligentes de aplicación. Todas estas innovaciones no solo reducen las emisiones sino que también aumentan la rentabilidad agrícola[3].

 

Adaptación al cambio climático

La tecnología también puede mejorar la adaptación al cambio climático. Los agricultores pueden adoptar variedades de cultivos genéticamente modificados que son más resistentes al estrés climático y requieren un menor uso de insumos. También pueden adoptar mejores prácticas de conservación y gestión del agua. El control de plagas, enfermedades y malezas puede mejorarse mediante el uso de pronósticos climáticos.

 

Proceso de seguimiento

Los indicadores medioambientales son necesarios para rastrear el impacto ambiental, sustentar la evaluación de políticas e informar decisiones. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) usa algunos indicadores clave para informar sobre los principales problemas ambientales. En base a ello, se observa que gracias a la incorporación de tecnología, los países de la OCDE han logrado desacoplar la emisión de carbono y otros GEI del uso de energía fósil, en comparación con otros países no pertenecientes a la OCDE de la Unión Europea (UE).

 

Al mismo tiempo, a pesar de que las emisiones de GEI de la agricultura muestran cifras similares en ambos grupos de países, existe una disminución notable de la tierra asignada a la producción agrícola en los países de la OCDE, lo que indica un ahorro de tierras, que fueron destinadas a los objetivos de conservación.

 

La diseminación de estas tecnologías requerirá un proceso muy activo de comunicación, creación de capacidades e inversión en recursos de alta tecnología. Será esencial en esta tarea el papel de las organizaciones internacionales, como la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por su sigla en inglés), el Banco Mundial y otros, así como la creación de programas bilaterales de apoyo.

 

La cuestión no resuelta del secuestro de carbono en tierras rurales

 

Capacidad de secuestro en tierras rurales

Existe una creciente preocupación entre los científicos con respecto a los métodos recomendados por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por su sigla en inglés) para estimar el balance de carbono que reportan los inventarios nacionales de GEI. En general, coinciden en que si bien las directrices del IPCC son muy exhaustivas en sus métodos para estimar las emisiones de carbono, los métodos para calcular el secuestro de las tierras rurales continúan siendo rudimentarios. Inevitablemente, la incertidumbre se acrecienta en países que tienen grandes áreas de tierra con biomasa.

 

¿Cuánto carbono pueden capturar y almacenar los pastizales?

Los inventarios nacionales de GEI generalmente muestran a las tierras de pastoreo como emisoras netas, minimizando la capacidad de los pastizales para capturar y almacenar carbono en el suelo. La mayoría de los inventarios nacionales ha seguido las directrices del IPCC, que recomienda usar un factor predeterminado unificado de 1 (sin cambios en el stock carbono del suelo) para pastizales. Tal estabilidad a largo plazo solo puede alcanzarse bajo condiciones de cero pastoreo[4], pero en realidad la mayoría de los pastizales está sujeto a pastoreo extensivo. Por lo tanto, un factor predeterminado de 1 es engañoso y subestima la capacidad de secuestro de carbono de los pastizales. Teniendo en cuenta que los pastizales cubren aproximadamente el 25% de las tierras libres de hielo[5], un nivel de secuestro diferente de cero puede cambiar drásticamente el balance de carbono de algunos países con extensas áreas de pastoreo. Esta condición podría inclusive elevarlos a un status de “país carbono neutro”.

 

Al estudiar 90 casos de publicaciones científicas sobre el secuestro de carbono en pastizales, encontramos que sólo en 2 casos, los pastizales muestran una capacidad negativa de secuestro. Los 88 casos restantes muestran una capacidad de secuestro positiva, que varía acorde a la región climática y al nivel tecnológico.

 

Atento a ello, es de gran importancia que los países del MERCOSUR acuerden promover parámetros más precisos para estimar el secuestro de carbono a nivel regional. Revisar los métodos actuales y explorar métodos alternativos modificaría la visión dominante sobre los sistemas de producción de alimentos y aliviaría la presión sobre los países exportadores. Como ejemplo, sirve mencionar el caso de Argentina. Si se considera el balance de carbono incorporando de una manera diferente los cálculos de secuestro recomendados por el IPCC, las estimaciones indican que el secuestro de carbono de las pasturas es de tal magnitud que podría neutralizar las emisiones del sector rural e incluso las emisiones de otros sectores no rurales, gracias a lo cual Argentina alcanzaría un status de país carbono neutro.

 

Liberación de tierras (land-sparing) e intensificación sustentable

 

La seguridad alimentaria mundial requiere aumentar los rendimientos con un impacto mínimo en el medio ambiente a fin de satisfacer las necesidades de una población en expansión y los requisitos ambientales. Estos objetivos contrastantes han llevado a científicos, académicos, agentes de desarrollo y tomadores de decisión a crear y manejar el concepto de "intensificación sustentable".

 

La idea básica detrás de la “intensificación sustentable” es incrementar la producción de alimentos en las tierras mejor dotadas, liberando al mismo tiempo otras tierras (land-sparing) para conservar recursos naturales y proveer servicios ecosistémicos esenciales[6]. Entonces, la intensificación sustentable implica el doble objetivo de aumentar o mantener la producción con menos tierra y menor impacto ambiental. El punto clave radica en maximizar la eficiencia de uso de insumos, lo que es consistente con los principios de la “agricultura de precisión”.

 

La OCDE proporcionó ejemplos concretos de "intensificación sustentable" en 30 países miembros. A pesar del alto nivel de intensificación, se verificó una disminución significativa de los impactos ambientales en la mayoría de las categorías evaluadas, al tiempo que la producción aumentó 8% por hectárea mientras que el área cultivada cayó 7%. En comparación con otros países, la tasa de erosión hídrica y eólica de los suelos disminuyó significativamente, así como las emisiones de GEI, el uso de fertilizantes nitrogenados, pesticidas y agua de riego. Asimismo, en función de la diversificación y rotación de cultivos, se mejoraron los indicadores de diversidad.

 

El libre comercio y el dilema del carbono

 

El elusivo problema de la huella de carbono

La compleja relación entre la huella de carbono y la seguridad alimentaria es uno de los principales objetivos del Grupo de Países Productores del Sur (GPS)[7]. El calentamiento global y el cambio climático son dos importantes áreas que afectan indirectamente la sustentabilidad del sistema alimentario mundial.

 

Para contextualizar, debe notarse que las emisiones de GEI del sector rural del MERCOSUR representan menos del 3% de las emisiones globales totales. Esto significa que la contribución de los cuatro países al calentamiento global es poco significativa. Al aceptar que la seguridad alimentaria implica no solo la disponibilidad de alimentos sino también el acceso económico y logístico a los alimentos, es necesario resaltar el tema de los alimentos y de la huella de carbono para proponer formas estratégicas de enfrentar el problema. Cuando las personas centran su atención solo en huellas, se pierde parte de la historia.

 

Hablando estrictamente de huella de carbono, es sabido que los productos animales y bienes procesados muestran una huella más grande que productos primarios y no procesados. En base a ello, surgen varias preguntas cuando miramos hacia adelante. ¿La huella de carbono de los alimentos exportados por el MERCOSUR es una amenaza para el medio ambiente global? ¿Estas exportaciones desestabilizan el balance mundial de carbono? ¿Se justificaría la imposición de sanciones comerciales debido a este problema? ¿O la huella regional de las exportaciones de alimentos es un falso dilema, y las potenciales sanciones son una demostración de la miopía comercial?

 

La evidencia muestra que el carbono liberado en toda la cadena alimentaria del MERCOSUR es completamente irrelevante en términos prácticos y no tiene un impacto mensurable en el balance global de carbono. La incidencia de las exportaciones de alimentos del MERCOSUR evaluada en términos de sus implicaciones globales representa sólo el 0,00014% del carbono total emitido por la agricultura mundial. En ese sentido, poner demasiada atención en la huella de carbono de las exportaciones del MERCOSUR suena irrelevante.

 

¿Puede la sustentabilidad ser transferible mediante el libre comercio?

Debido a su gran disponibilidad de tierra, biodiversidad de biomasas y disponibilidad de agua renovable, el MERCOSUR desempeñará globalmente un creciente papel estratégico en la seguridad alimentaria, climática e hídrica. Más allá de la visión miope centrada en las penalizaciones de la huella de carbono, debe reconocerse que las exportaciones del MERCOSUR pueden aliviar la escasez futura de alimentos y agua en un contexto global de cambio climático y crecimiento de la población. Por lo tanto, el carbono emitido y el agua utilizada para producir y exportar alimentos van más allá de la escala local y alcanzan una gran importancia global.

 

Sin embargo, para que la transferencia de alimentos y agua sea globalmente factible, requerirá una mejora de las condiciones comerciales, que deberá ir acompañada de inversiones en infraestructura y mejoras logísticas. La adopción tecnológica en los países exportadores de alimentos sólo podrá contribuir a la seguridad alimentaria, el cambio climático y la disponibilidad de agua a nivel global si se mejoran las condiciones de acceso comercial en el mundo. Aumentar la sustentabilidad ambiental en los países proveedores de alimentos también posibilitará reconstruir los indicadores de sustentabilidad en los países importadores a través de la recomposición de sus ecosistemas. Sin dudas, los servicios intangibles implicados en este intercambio (que todavía no se evalúan mediante análisis económicos convencionales) también beneficiarán a los países importadores de alimentos.

 

* Ernesto F. Viglizzo es investigador Senior del CONICET, asesor medioambiental del Grupo de Países Productores del Sur (GPS).

** Martín Piñeiro es presidente del Comité de Asuntos Agrícolas del CARI, miembro del Grupo de Países Productores del Sur (GPS).




[1] El artículo completo “Linking climate change, carbon and trade in the MERCOSUR food system: Do we need a common regional strategy?” fue publicado en marzo de 2018 por el Grupo de Países Productores del Sur (GPS). Disponible en: <https://bit.ly/2QGrwSX>.

[2] Véase: Regúnaga, M.; Elverdín, P. Southern Cone Contributions to Food Security and Global Environmental Sustainability. En: Food security, water scarcity, the G-20 agenda and the strategic role of Southern Cone countries: Argentina, Brazil, Paraguay and Uruguay. Buenos Aires: GPPS, 2017, pp. 7-124.

[3] Véase: Wreford, A.; Moran, D.; Adger, N. Climate Change and Agriculture: Impacts, Adaptation and Mitigation, OCDE, París, 2010.

[4] Véase: Keel, S. G.; Hirte, J.; Abiven, S.; Wust-Galley, C.; Leifeld, J. Proper estimate of residue input as condition for understanding drivers of soil carbon dynamics. En: Global Change Biology, No. 23, 2017, pp. 4455-4456. Disponible en: <https://bit.ly/2QGrwSX>. Otro estudio reciente sobre el tema es: Garnett, T. et al. Grazed and Confused? Ruminating on cattle, grazing systems, methane, nitrous oxide, the soil carbon sequestration question – and what it all means for greenhouse gas emissions. Oxford: FCRN, University of Oxford, 2017. Véase también: Schipper, L.; Smith, P. Deforestation may increase soil carbon but it is unlikely to be continuous or unlimited. En: Global Change Biology, Vol. 24, 2018, pp. 557-558.

[5] Véase: Asner, G.P. et al. Canopy damage and recovery after selective logging in Amazonia: Field and satellite studies. En: Ecological Applications, Vol. 14 (Suppl 4), 2004, S280-S298.

[6] Véase: Stevenson, J.R. et al. Green Revolution research saved an estimated 18 to 27 million hectares from being brought into agricultural production. En: Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS-US), No. 110, 2013, pp. 8363-8368.

[7] El GPS es una red de instituciones privadas y expertos del sector de agronegocios del Cono Sur. Ver más en: <https://bit.ly/2GczTCY>. Véase también: Viglizzo, E.F.; Ricard, M.F. Secuestro de carbono en tierras rurales ¿un “eslabón perdido” en los inventarios. Buenos Aires: GPPS, 2017. Disponible en: <www.gupogpps.org>.

 

 

 
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