POST BALI | Reflexiones de expertos sobre la Novena Conferencia Ministerial de la OMC

19 Diciembre 2013

Alejandro Jara P.
Ex Embajador de Chile ante la OMC.
Ex Director General Adjunto de la OMC.
Abogado Principal de King & Spalding LLP (Ginebra).

El paquete de resultados de la 9ª Conferencia Ministerial de la OMC en Bali, Indonesia, marca la culminación exitosa de un proceso de negociaciones en el cual los miembros exploraron la viabilidad de concluir anticipadamente acuerdos en áreas específicas de interés global. De estos resultados, el más sustantivo es el acuerdo sobre facilitación del comercio. Su implementación demandará importantes esfuerzos de cooperación hacia países que requieran de asistencia técnica y generación de capacidades. Los bancos regionales de desarrollo y el Banco Mundial ya habían comprometido su apoyo a esta tarea.

Aunque con esto se ha demostrado la capacidad de los miembros de la OMC de lograr resultados, lo que no ha sido la tónica en los últimos 13 años, el paquete de Bali debe ser percibido como una plataforma sobre la cual se pueden reiniciar negociaciones en las demás áreas pendientes de la Ronda de Doha. Muchos analistas coinciden en que están prácticamente agotadas las posibilidades de avanzar mediante acuerdos parciales; haciendo eco de las palabras del Ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, Luiz Alberto Figueiredo, en la Plenaria de Bali: ahora hay que proceder a la "cosecha completa".

Lo que queda por realizar es enorme y su eje central es la agricultura. ¿Hay capacidad política en los países que más subsidian su agricultura para emprender reformas que eliminen los instrumentos de apoyo que más distorsionan el comercio? Esta es una tarea principalmente de las economías más desarrolladas y se requiere un fuerte apoyo político interno para llevar a cabo las modificaciones necesarias.

Un resultado ambicioso en agricultura requiere del contrapeso de concesiones sustantivas en otras áreas como productos industriales, servicios, entre otros. Dado el crecimiento y desempeño de las economías emergentes, estas deben prepararse a un mayor nivel de concesiones de lo previsto el año 2001. Dicha liberalización será, por lo demás, en beneficio directo de otros países en desarrollo dado que una parte creciente del comercio "sur-sur" es en manufacturas. Pero no queda claro si la agenda de las negociaciones de Doha sea suficiente para lograr un equilibro de resultados que haga políticamente posible su aprobación por los parlamentos nacionales.

Los cambios operados en la "nueva economía" mundial, en particular la organización de la producción en cadenas globales de valor, exigen nuevas y/o mejores reglas multilaterales. Reglas en materia de inversión extranjera, política de competencia, restricciones e impuestos a las exportaciones, subsidios y medidas que fomenten la mitigación del cambio climático o la innovación son algunas de las materias mencionadas como parte de la agenda del futuro.

En la OMC, los miembros deberían iniciar intercambios y análisis transparentes sobres estas nuevas áreas para aquilatar los alcances e impactos económicos y sociales de posibles nuevos acuerdos que permitan orientar las decisiones políticas. Una alternativa es que el paquete final de la Ronda de Doha incluya la decisión de iniciar negociaciones en estas nuevas esferas, acompañado de esfuerzos adicionales para consolidar multilateralmente los avances de liberalización realizados por muchos países mediante acuerdos de libre comercio.

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La Organización Mundial del Comercio post Bali
Dorotea López G.
Instituto de Estudios Internacionales.
Universidad de Chile.

"Hemos traído de regreso el mundo a la Organización Mundial del Comercio". Con estas palabras el Director General de la OMC, Roberto Azevedo, expresaba la importancia del acuerdo logrado en la Novena Conferencia Ministerial desarrollada en Bali, Indonesia.

La conclusión de este proceso nos deja con más preguntas que respuestas, la principal y que después del festejo está en la mente del mundo comercial es ¿cuál es la verdadera relevancia del acuerdo alcanzado por los 159 ministros? Si bien el Paquete de Bali puede reportar, de acuerdo a cada una de las mediciones, miles de millones de dólares más en comercio, en realidad la trascendencia de este acuerdo reside en mayor medida en el impacto sistémico que este tendrá sobre el multilateralismo.

Es necesario mirar los resultados, sin duda positivos, cuidadosamente, pues no hay que olvidar que el Paquete de Bali es en realidad una muestra de lo que se planteó ambiciosamente en la Agenda de Doha para el Desarrollo en 2001. Muchos de los temas más complejos no fueron abordados, siendo en consecuencia los logros obtenidos en Indonesia una cosecha temprana de un proyecto más ambicioso, aún inconcluso.

De la ruta iniciada en Doha hace 12 años, Bali rescató en parte los temas de facilitación del comercio, acuerdo que resulta el más interesante, por su novedad y por ser el que más temas trató, pero al mismo tiempo utilizó un lenguaje que llama a leerlo con reservas. Por su parte, el acuerdo de agricultura y algodón, que no abordó los subsidios con la efectividad esperada, y el acuerdo sobre desarrollo, dejan más aspiraciones que compromisos concretos.

El Paquete y el impacto mediático que exitosamente se logró dan un respiro al sistema, pero mantiene en riesgo vital el compromiso por parte de los diferente actores con el multilateralismo. De ahí que surgen otras interrogantes: ¿es el Paquete de Bali el comienzo de una nueva fase negociadora del sistema multilateral de comercio o solo un reflejo del máximo que los países están dispuestos a entregar en el marco del la OMC? ¿La explosión de acuerdos regionales escribirá las nuevas normas comerciales, con la inclusión de medidas OMC+ y OMC-X o Bali puede reconfigurar el escenario? ¿La actual emergencia de mega acuerdos comerciales como el TPP, ASEAN+6 o el TTIP, con las principales potencias económicas negociando regionalmente, redujo el interés de los miembros de negociar las normas comerciales en la OMC? Todas estas preguntas y lo que de ellas deriva tienen su repuesta en el mediano plazo, en la voluntad política y en el compromiso de los países con la liberalización y la gobernanza comercial.

No hay que perder de vista el liderazgo ejercido por el nuevo Director General, Roberto Azevedo, quien es un conocedor experimentado de la compleja dinámica propia del sistema multilateral, tanto de sus formalidades y tiempos, y un testigo especialmente privilegiado de todas las lecciones que dejó el prolongado estancamiento de la Ronda de Doha.

Debe felicitarse por haber convencido al mundo del éxito en Bali, pues un fracaso hubiera significado para la OMC, al menos en materia de negociaciones, su camino a la irrelevancia, con todas las consecuencias que reiteradamente han sido analizadas.

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Bali: "Siempre parece imposible hasta que se logra"
Mario Matus
Embajador de Chile ante OMC, OMPI, UNCTAD y CCI.

Con esa cita de Nelson Mandela, el Presidente del encuentro dio por clausurada la Novena Conferencia Ministerial de la OMC. Como toda verdadera negociación, el proceso estuvo plagado de incertidumbres, relámpagos de euforia y períodos de desánimo. Al final se logró el llamado "Paquete de Bali", que muchos desearían llamar "El paquete Azevedo", en honor a la excelente labor realizada por el Director General.

En estas pocas líneas es oportuno concentrarnos en el principal componente del mismo, facilitación de comercio, donde -de paso sea dicho- a Chile le correspondió dirigir uno de los temas considerados "imposibles" al inicio del proceso, la sección de cooperación aduanera.

Alcances comerciales
El Banco Mundial, la OCDE y el Peterson Institute for International Economics estiman una reducción global de los costos comerciales que el acuerdo incrementaría el PIB global en un billón de dólares. A modo de comparación, el PIB mundial actual (lo que vale el mundo entero) es de 77 billones. Otros estudios señalan que el beneficio económico de cada dólar de asistencia para apoyar reformas de facilitación del comercio en los países en desarrollo puede ser de hasta US$ 70.

Consecuencias no comerciales
1.      La más obvia es la recuperación de la confianza en la OMC. Luego de 19 años desde su creación, la organización produce un resultado concreto con nuevas disciplinas que tienen impacto directo en el bienestar de la población mundial.

2.      El trato especial y diferenciado para los países en desarrollo adquiere una nueva forma. Hasta la fecha en la OMC, a grosso modo existen tres tipos de miembros: desarrollados, en desarrollo y menos adelantados. Por aplicación de este acuerdo los miembros en desarrollo deberán indicar autónomamente el instante en que implementarán cada una de las obligaciones. De inmediato (categoría A), en un plazo definido (categoría B) o en un momento en el futuro y para el cual recibirán apoyo financiero y asistencia técnica (categoría C). Los desarrollados están obligados a la entrada en vigor del acuerdo. Se subentiende que los países en desarrollo más avanzados y emergentes ubicarán la mayoría de las obligaciones en categoría A, algunas en B, pero ninguna en C. El resultado de ello será el inicio de una nueva segmentación de los miembros en desarrollo en la OMC.

3.      Finalmente, algunas de las incertidumbres. ¿Será este acuerdo suficientemente motivador como para que los miembros de la OMC vuelvan a poner sus energías políticas en el sistema multilateral de comercio? ¿Será suficiente el ambiente positivo creado en Bali para impulsar la conclusión definitiva del remanente de la Ronda Doha? ¿Cómo afectará la implementación de Bali los procesos como el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP), el Acuerdo Transatlántico (TTIP) o la Asociación Económica Integral Regional (CREP)? Dado el intento de bloqueo del acuerdo de Bali por parte de un grupo de países cabe preguntarse si fue algo coyuntural o constituirá un precedente para la institución. Dicho en simple castellano, ¿volverá la OMC a ver el intento de introducir tópicos no comerciales, enrareciendo la toma de decisiones de la organización? o ¿se hará frecuente el uso de la "objeción formal" por parte de una minoría, en perjuicio de la gran mayoría? El futuro lo dirá.

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Acuerdo de la OMC en Bali: buena noticia para la economía mundial
Osvaldo Rosales
Director.
División de Comercio Internacional e Integración, Cepal.

Los acuerdos alcanzados en la Novena Conferencia Ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC) celebrada en Bali, Indonesia, son una buena noticia para la economía mundial. Destaca aquí el acuerdo sobre facilitación del comercio, mediante el cual -una vez que entre en vigor- se agilizarán los procedimientos aduaneros y con ello la circulación de los bienes a través de las fronteras, la actividad económica y la generación de empleos. La reducción de los trámites aduaneros, la mayor transparencia y los consiguientes menores costos de transacción beneficiarán fundamentalmente a las Pymes ligadas al comercio exterior.

Otro aspecto destacado del denominado "paquete de Bali" son los acuerdos alcanzados en materia agrícola, en particular el que permitirá a los países en desarrollo resguardar su seguridad alimentaria mediante la constitución de existencias públicas de alimentos. Conforme al acuerdo alcanzado, estos programas no podrán ser cuestionados por otros países en el marco del mecanismo de solución de diferencias de la OMC. Por último, en Bali se adoptaron varias medidas orientadas a favorecer las exportaciones de bienes y servicios de los países menos adelantados.

Se trata del primer acuerdo multilateral alcanzado desde la creación de la OMC en enero de 1995. En este sentido, estos acuerdos constituyen un fuerte respaldo al rol de la OMC como el principal foro para establecer las reglas del comercio mundial, sobre una base inclusiva, transparente y poniendo en el centro las necesidades de los países en desarrollo.

Constituye de un espaldarazo a la causa del multilateralismo comercial en momentos que se lo percibía debilitado como resultado del predominio de mega-acuerdos que involucran a los principales actores económicos del mundo industrializado. Estos acuerdos no incorporan a China ni a ninguno de los BRICS, planteando severas dudas sobre su coexistencia futura con el espacio multilateral y la pléyade de acuerdos regionales y subregionales que están en vigor.

Es de esperar que este impulso permita avanzar en el resto del Programa Doha a fin de cerrar la agenda pendiente del siglo XX y así permitir que la OMC pueda empezar a abordar los temas del siglo XXI, tales como una adecuada gobernanza de las cadenas de valor y los vínculos del comercio con propiedad intelectual, Internet, cambio climático, medio ambiente y trabajo decente. Solo la OMC está en condiciones de intentar un abordaje de estos temas sin desviarse de un trato preferente a las necesidades de los países en desarrollo.

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Paquete de Bali: alcance e impacto en negociaciones futuras
Beatriz Leycegui
Socia de SAI Derecho y Economía. Encargada de comercio internacional e inversión extranjera.
Senior Fellow de ICTSD.

Desde el 7 de diciembre de 2013, fecha en la que concluyó la Novena Conferencia Ministerial de la Organización Mundial de Comercio (OMC) y se dio a conocer que los 159 países miembros habían logrado acordar lo que se le conoce como el Paquete de Bali, mucho se ha escrito sobre su significado.

Para un grupo, representa un paso trascendental, ya que a pesar de que los compromisos son limitados en cuanto a su alcance, pues solo se lograron acuerdos en materia de facilitación al comercio, algunos elementos en materia de agricultura y la intención de ampliar preferencias a los países menos adelantados, constituye el primer acuerdo logrado desde la creación del organismo multilateral en 1995. Asimismo, consideran que el actual ímpetu contribuyó a que los miembros establezcan un programa de trabajo para retomar las negociaciones de la Ronda de Doha a la brevedad, buscando su finalización en un futuro no tan lejano.

Para otros, fue tan tortuoso haber logrado el paquete, a pesar de su alcance sumamente limitado cuando se le compara con las obligaciones de apertura y disciplinas comerciales que contemplan los textos de negociación de la Ronda de Doha, que auguran que pasará mucho tiempo para que la comunidad internacional esté en posibilidades de adoptar a nivel multilateral compromisos sustantivos trascendentales.

Dichos compromisos comprenden no únicamente los contenidos en la Agenda de Doha para el Desarrollo, sino las otras nuevas disciplinas que responden a la nueva realidad comercial del siglo XXI y que están siendo incluidas en los acuerdos conocidos como mega-regionales. Ejemplo de esto último es el TPP, el cual aborda la cooperación regulatoria, entidades soberanas, energía, pymes, comercio electrónico, competencia y cadenas globales de valor, entre otros.

Para que las negociaciones multilaterales prosperen es previsible que los principales socios de los acuerdos mega-regionales quieran concluir antes sus procesos de negociación y sobre esas bases buscar primero consensos con un grupo más limitado de países miembros de la OMC a través de lo que se conoce como acuerdos plurilaterales, por ejemplo el Acuerdo sobre Contratación Pública. Asimismo, también es factible que los países miembros busquen cambiar la regla del "compromiso único", single undertaking, por medio de la cual están obligados a aceptar todos los acuerdos de la negociación para poder optar a la suscripción de tan solo algunos.

México, en conjunto con los países "Amigos del Sistema" de la OMC, como Chile, Colombia, Singapur, Hong Kong, Australia, entre otros, presentó propuestas que contribuyeron a concluir el paquete de Bali, a pesar de que perseguían mayor ambición en los temas. México continuará apoyando el proceso de la Ronda Doha y buscando soluciones que contribuyan a fortalecer el sistema comercial multilateral para que pueda dar respuesta a los grandes retos que plantean la economía y el comercio mundial.

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La relevancia de la decisión. Del consenso a las agendas justas y equitativas
Óscar Hernández
Embajador.
Consultor en relaciones internacionales y gobierno.

Hago estas reflexiones sin haber estado en esta oportunidad en el proceso de negociación. Participé de otras, también complejas como Doha, pero sin duda esta última deja un resultado alentador para el sistema multilateral y para aquellos que aún creen en los principios fundamentales que le dieron las bases a la organización y a los procesos de liberalización del comercio como una opción de crecimiento económico.

Bali nos demuestra además la importancia del sistema de toma decisiones por consenso y lo relevante de tomar en cuenta las demandas y aspiraciones de los países en desarrollo. Por supuesto, siempre y cuando sean exigencias justas, que no utilicen a la OMC para erosionar las bases que rigen su razón de ser.

Lamentablemente, en Doha se intentó frenar el proceso por parte de países que están lejos de creer en el multilateralismo, en la OMC y en reglas justas y equitativas para el comercio mundial. Aquellas delegaciones que trataron de hacer fracasar el proceso de negociación con agendas oscuras dejaron una vez más su huella. Sus actuaciones dañan su imagen internacional y las oportunidades de desarrollo y generación de empleos de sus países.

Los ganadores de este proceso son todos los países por igual, ya que se permitió avanzar en un proceso lento y bloqueado, que aunque frustró algunas de las aspiraciones permitió al sistema continuar. Ganaron aquellos países que negociaron de buena fe, que presentaron propuestas basadas en necesidades concretas. Los países se llevan una tajada considerable en ahorros y en compromisos como los de la Unión Europea en cuanto a cubrir parte de las necesidades de financiación de los países en desarrollo durante el próximo quinquenio.

El sistema sale fortalecido al permitirse avanzar en los procesos de facilitación del comercio que repercutirán positivamente en el flujo comercial, especialmente en las pequeñas empresas y que reducirá los costos comerciales alrededor de un 10%. Acelerar los procedimientos aduaneros contribuye a un comercio expedito y económico, pero sobre todo transparente a fin de reducir ineficiencias y corrupción, tan visibles en países en desarrollo, incluyendo América Latina.

Desde el punto de vista comercial, aquellas regiones comprometidas con el equilibrio entre las disciplinas multilaterales y la progresión regional con normas que integran más a sus países, se fortalecerán en cuanto a su inserción en la dinámica del comercio global.

Para la membresía que por años ha apostado al fortalecimiento de la OMC, estos resultados dan cuenta de una mayor credibilidad para el sistema multilateral, mientras que a los nuevos miembros les dará confianza saber que valió la pena apostar y cumplir con los requisitos exigidos por el sistema. Especialmente los PMA se benefician de la apertura unilateral de sus exportaciones por parte de los países desarrollados como estímulo para un mayor acceso a los mercados e inversiones. Por lo demás, hay temas como los del comercio electrónico en donde si bien se logró no cargar impuestos aduaneros a las transmisiones electrónicas, hay que intensificar el trabajo en temas relacionados con el comercio y nuevas tecnologías, áreas en donde hay un potencial importante de oportunidades para los países en desarrollo. Sin duda, cuentan los miembros con una organización a la que le soplan mejores vientos desde el Lac Léman.

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