La UE y el MERCOSUR definen el futuro del acuerdo

5 Octubre 2004

Tras el intercambio de ofertas insatisfactorias para ambas partes, la Unión Europea y el MERCOSUR definirán esta semana si realizan una ronda de negociaciones para intentar cerrar un acuerdo de integración biregional antes del 31 de octubre o postergan las discusiones hasta la asunción de una nueva comisión ejecutiva en el bloque de los 25.

Pese a la expectativa que se había generado en torno al acuerdo, el intercambio de ofertas entre los dos bloques terminó dejando desconformes a todos, porque ninguna de las partes incluyó en los papeles el nivel de apertura al que se habían comprometido oralmente, en una reunión realizada en Brasilia entre el canciller brasileño Celso Amorim, en representación del MERCOSUR, y el comisario de Comercio Pascal Lamy, por la UE.

Por estar al frente de la Presidencia Pro Tempore del bloque, Brasil fue el encargado de rechazar la propuesta europea y en un comunicado del Palacio de Itamaraty señaló que la oferta "se sitúa en un nivel inferior del que había sido originalmente formalizado en mayo". Explicó que mientras que los valores de las cuotas ofrecidas fueron repetidos, el viejo continente incluyó nuevas exigencias al Mercosur.

El comunicado remarcó que si bien para el MERCOSUR el acuerdo con la Unión Europea representa "un objetivo estratégico de la política comercial externa" del bloque, "tal acuerdo sólo será posible si propiciara ganancias para las dos partes".

Para Brasil, la resistencia europea a abrir su mercado del azúcar, carne de cerdo y etanol (combustible derivado de la caña de azúcar); acompañada de la insistencia en que el gigante sudamericano modifique su legislación para aumentar la protección a la inversión extrajera es inaceptable. En tanto, para la Argentina la oferta es poco atractiva porque "condena al país a mantener el mismo perfil productivo y limitar su desarrollo", porque limita la apertura a materias primas y mantiene los límites en rubros como los agroalimentos, el sector industrial en el que el país tiene mayor competitividad. Además, el bloque de los 25 exigió la eliminación de las retenciones a las exportaciones que aplica la Argentina, una medida que el gobierno de Néstor Kirchner se niega a aceptar.

A pesar de los cuestionamientos a la oferta europea, tanto desde la Argentina como desde el Uruguay se aceptó que la propuesta del MERCOSUR también estuvo por debajo de lo prometido verbalmente por Amorim a Lamy. El bloque sudamericano mantuvo el esquema cerrado para las compras gubernamentales, un sector de interés clave para las economías europeas pero que Brasil se resiste a abrir a la competencia extranjera. Además, mantuvo altas protecciones para sectores industriales fundamentales para Europa, como las autopartes, cuya liberación fue propuesta a 18 años, por pedido de la Argentina.

Así, las mejoras de la oferta del MERCOSUR se limitaron a ampliar la oferta de bienes a desgravar, que se elevó de 83 a 90% de las importaciones, con mejoras principalmente en los sectores agrícola y agroindustrial. Además, en el área de servicios, se incluyó la apertura a los inversores extranjeros en las áreas de telecomunicaciones y servicios financieros, dos sectores altamente atractivos sobre todo de la economía brasileña, que a diferencia de la Argentina, Uruguay y Paraguay aún mantiene restricciones para los inversores extranjeros en esos rubros.

Por su parte, la oferta de la UE propone la eliminación total de las barreras arancelarias y el aumento de cuotas de importación para el 65% del mercado y deja en una canasta de liberalización "sensible" (a 10 años) sólo al 9% de los productos. Además, incrementa las cuotas para las compras al MERCOSUR de cereales, carnes, pollos, pescados, materias primas industriales (como el aluminio y el acero), autopartes y algunos sectores de maquinaria y alimentos procesados. En este último rubro, Europa mantiene las limitaciones a la importación de lácteos, quesos, galletitas y golosinas, en los que tanto la Argentina como Brasil son altamente competitivos.

La UE propone abrir su mercado de compras gubernamentales, valuado en alrededor de US$200.000 millones, sin restricciones. Sin embargo, las dificultades financieras y las diferencias de escala que tienen las empresas sudamericanas frente a las europeas limitan de hecho las posibilidades de inserción de las compañías del MERCOSUR en ese rubro.

Reportaje ICTSD y CINPE

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