La Ronda del Milenio

1 Mayo 1999

La gran expectativa para la Tercera Conferencia Ministerial de la OMC a celebrarse en Seattle, EE.UU., del 30 de noviembre al 3 de diciembre próximos, es el lanzamiento de una nueva Ronda de negociaciones multilaterales en el año 2000 (la Ronda del Milenio). Las discusiones y posicionamientos para esta eventualidad cobraron fuerza luego de la Segunda Conferencia Ministerial en Ginebra el año pasado. Pero en los últimos meses este proceso ha venido encontrando una serie de obstáculos. Las fuertes divisiones entre los Miembros de la OMC sobre la designación de un nuevo Director General han convertido a ésta en una discusión que todo lo absorbe; el programa de trabajo actual de la OMC ya incluye una gran diversidad de temas, desde los asuntos que queda- ron pendientes de la última Ronda hasta nuevos temas que han ido surgiendo desde entonces; el gobierno de EE.UU. aún no cuenta con autorización del Congreso para negociar acuerdos comerciales definitivos (fast track), minando la confianza en las concesiones que ese país pueda hacer; y, la resistencia de ciertos sectores y algunos países a una nueva negociación va en aumento. En fin, el panorama dista de ser sencillo.

Así, pocos avances se lograron en las reuniones del Consejo General de la OMC del pasado 12 de abril y 20-21 de mayo. Estas fueron las primeras reuniones de la segunda fase preparatoria de la Ministerial de Seattle (que se espera terminar a finales de julio, para dar paso a la ter- cera y última fase de preparación, ver Puentes Vol. 1 No. 4), en la que se deben definir objetivos concretos de negociación. Se espera que en esta etapa los miembros presenten propuestas específicas basadas en los documentos de posición presentados en la primera fase. Pero las discusiones sobre la designación del nuevo Director General y las circunstancias mencionadas arriba tuvieron sus impactos; así, la reunión del 12 de abril, planificada para dos días, tuvo que reducirse a medio día. El tiempo disponible de esa reunión se dedicó a lo que es quizás el tema más controvertido en la agenda de la OMC - el Acuerdo sobre Agricultura. Australia, en representación del Grupo Cairns, y Pakistán por su parte, presentaron propuestas de objetivos de negociación. Los documentos presentados y las reacciones que generaron no fueron novedad en la discusión que sobre este tema se viene arrastrando desde la finalización de la Ronda Uruguay (ver Puentes Vol. 1 No. 3).  Una situación similar se vivió en la reunión siguiente (20-21 de mayo), lo cual obligó a reformular el calendario previsto de reuniones para aumentar la frecuencia de las mismas, si bien el ambiente de la reunión fue, en general, más positivo. Entre los resultados de esta sesión, aparece una propuesta de la UE y varios otros países de incluir recortes arancelarios en una nueva ron- da, lo cual motivó expresiones de reserva de varios países en desarrollo que prefieren que las negociaciones se concentren en otros rubros como agricultura y servicios y la aplicación de los acuerdos de la Ronda Uru- guay. Se esperan más propuestas de la UE para el tratamiento de una amplia gama de temas en las próximas semanas. La próxima reunión está prevista para el 7-8 de junio.

Pese a todas las dificultades, el impulso hacia una nueva ronda liberalizadora es aún robusto. Es que, como se verá más adelante, también son fuertes los intereses que hay detrás de la iniciativa, y varios países ya se han pronunciado favorablemente (entre ellos, la Unión Europea, Argentina, Brasil, Chile, México, Canadá, Australia, Nueva Zelandia, Japón, Co- rea, Hong Kong, Singapur, y Tailandia).


Dos procesos en la OMC

Es importante distinguir una eventual Ronda del Milenio del llamado "programa incorporado" que resultó de la Ronda Uruguay - actividades mandadas por los acuerdos de dicha Ronda para los años subsiguientes. Las tareas pendientes son de cuatro tipos: 1) cuestiones pen- dientes, 2) revisiones especiales, 3) revisiones regulares y 4) nuevas negociaciones. Esta compleja agenda heredada por la OMC incluye una diversidad enorme de temas (ver recuadro en la pág.2) y de por sí re- presenta un gran esfuerzo para los países.

La distinción entre este conjunto de procesos y la Ronda del Milenio es un punto de discusión importante. Es que resultará difícil que una ronda multilateral no gravite sobre el programa incorporado, y hasta absorba algunos de sus elementos, como parece ocurrirá con los temas agrícolas.

Muchos países, especialmente los países en desarrollo, perciben que la aplicación cabal y la revisión de los acuerdos de la Ronda Uruguay según el programa incorporado es condición necesaria para comenzar a cosechar beneficios que esperaban de esa Ronda y que, sienten, aún les son esquivos.

Pero, ¿qué es una Ronda? ¿Qué abarcaría una Ronda del Milenio? ¿Qué posiciones se están formando en torno a la misma? En este número que- remos hacer una rápida exploración de este asunto para ilustrar sobre cómo se presenta el escenario general con miras a la Ministerial de Seattle.


Las rondas multilaterales de negociación comercial

Las rondas multilaterales han sido la forma en que ha procedido la negociación de acuerdos comerciales globales desde el establecimiento del GATT en 1947. A diferencia de una negociación sectorial, en la que las deliberaciones en cada área son independientes y se manejan con tiempos y programas de trabajo formalmente desvinculados, una ronda multilateral es un proceso en el que varias áreas quedan comprendidas y son negociadas simultáneamente por todos los países pertenecientes al sistema multilateral de comercio (actualmente la OMC). La diferencia sustantiva entre ambas formas de proceder radica en que, mientras la negociación sectorial restringe el universo de lo transable, una ronda, al interrelacionar las negociaciones sobre distintas materias, ofrece un escenario mucho más amplio para hacer concesiones y obtener beneficios.

Durante la Ronda Uruguay se mencionaba con frecuencia la posibilidad de que la existencia de la OMC volvería innecesarias futuras rondas, al contarse con un foro en el que habría una suerte de negociación permanente. Si bien las Reuniones Ministeriales de Singapur y Ginebra parecieron confirmar esto al lanzar dos procesos de liberalización fuera del marco de una ronda - el comercio de productos de la tecnología informática y el comercio electrónico respectivamente - estos continúan siendo casos aislados, relativos a temas de interés fundamentalmente para las economías más desarrolladas.

Para las economías en desarrollo, la fragmentación de las negociaciones comerciales, si bien aceleraría la conclusión de acuerdos en áreas específicas, podría resultar contraproducente. Careciendo de una estructura que, como la de la OCDE, permita una preparación más cabal, estos países podrían encontrarse en situación de desventaja en un escenario de proliferación de pequeñas negociaciones. En un sistema de rondas, la negociación de la agenda generalmente da a los países algún tiempo para diseñar sus propias agendas. Los cuatro años de preparación de la Ronda Uruguay (1982-86) permitieron generar gran cantidad de áreas de negociación, con lo cual, en la Declaración de Punta del Este, quedó reflejado un compro- miso entre el programa de trabajo de los países industrializados y la más tradicional que venía de la Ronda de Tokio. La existencia de rondas es una garantía de que se forje una agenda equilibrada.

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