La inversión extranjera como un caso de éxito en la integración de la Alianza del Pacífico

5 Junio 2018

Desde su establecimiento en 2011, la Alianza del Pacífico ha logrado atraer la atención de diversos actores internacionales, no sólo por el dinamismo económico de sus miembros (Chile, Colombia, México y Perú), sino también por la proyección de este bloque económico hacia el mundo. En efecto, la Alianza del Pacífico ha materializado una serie de avances en intercambios de bienes y servicios, con el establecimiento de un Protocolo Comercial, y de facilitación del comercio, armonización regulatoria y cooperación en diferentes ámbitos de interés regional. Los progresos de este bloque han despertado el interés de 52 países observadores en el mundo; y Australia, Canadá, Nueva Zelanda y Singapur han incluso decidido dar un paso adicional para convertirse en miembros asociados de la Alianza del Pacífico[1].

 

Pese al dinamismo con el que han avanzado las negociaciones de la Alianza del Pacífico, el bloque ha sido criticado con frecuencia por la falta de vínculos económicos entre sus miembros. Esta afirmación resulta hasta cierto punto verdadera. Sin embargo, los vínculos económicos van más allá de los flujos comerciales: la inversión extranjera directa (IED) es un área donde los países de la Alianza del Pacífico han demostrado tener una mayor complementariedad.

 

En efecto, la Alianza del Pacífico se ha propuesto aumentar los flujos de inversión entre sus miembros y hacia el resto del mundo. Esta política de apertura a la inversión extranjera está en consonancia con el hecho que sus economías cuentan con las mejores calificaciones de grado de inversión en América Latina y poseen altos niveles de inversión privada y de reservas internacionales. Según cifras de la Comisión Económica para la América Latina y el Caribe (CEPAL), el promedio anual de IED en la Alianza del Pacífico ha totalizado los US$ 76.449 millones entre 2012 y 2016 – monto que corresponde a cerca del 40% de los flujos recibidos por América Latina en este mismo período, lo que pone al grupo como el quinto principal destino de inversión en el mundo.

 

 

Como se puede observar en la Tabla 1, México fue el mayor receptor de flujos de IED, con un promedio anual de US$ 31.997 millones. El segundo destino fue Chile, que recibió US$ 21.672 millones promedio durante el período en cuestión. El volumen anual recibido en promedio por Colombia no fue menos importante, US$ 14.547 millones; y Perú, US$ 8.233 millones, una cifra considerable si se tiene en cuenta el tamaño de la economía de este país.

 

La mayoría de estos capitales provino de países como Alemania, Canadá, España, Estados Unidos y Japón, que en conjunto representan cerca del 70% de la inversión total recibida por la Alianza del Pacífico[2]. Se destaca también el volumen de inversiones recibido desde Brasil, China, Corea del Sur, Francia y Reino Unido, así como intra-Alianza del Pacífico. Estos datos demuestran la diversidad de actores vinculados a las dinámicas de inversión en la región. 

 

Asimismo, de acuerdo con los datos reportados por los Bancos Centrales de los miembros de la Alianza, el promedio anual de las inversiones intra-bloque alcanzaron los US$ 9.270 millones entre 2012 y 2016 –lo que corresponde a un poco más del 12% de los flujos de inversión extranjera destinados a la región.

 

 

La evolución de los montos de inversión extranjera que tienen como destino las economías de la Alianza del Pacífico se encuentran muy ligadas a las dinámicas de los precios de los commodities. Por ejemplo, se observa una reducción del 14% en los montos de 2016 comparados con los de 2015. En el mismo período, hubo una caída de los precios del petróleo, cobre y otras materias primas – los sectores más atractivos para la inversión extranjera en las economías del bloque. Las inversiones internas a la Alianza del Pacífico también han retrocedido, pero en un menor grado ya que estas se concentran en los sectores manufactureros y de servicios.

 

A fin de hacer más atractivos los mercados de capitales y de inversiones de la Alianza, sus miembros han trabajado de manera articulada en el desarrollo de marcos regulatorios y políticas comunes. Entre estas iniciativas, se destacan el Mercado Integrado Latinoamericano (MILA), en operación desde 2011, el Pasaporte de Inversión de la Alianza del Pacífico, la suscripción de un convenio de doble tributación en 2017 y la emisión de un bono catastrófico regional en 2018.

 

Los principales incentivos a la inversión extranjera en la Alianza del Pacífico han sido puestos en marcha a través de reformas de armonización regulatoria. Dentro de los avances alcanzados en 2017, se puede destacar la suscripción por parte de los miembros del grupo de una convención para homologar el tratamiento impositivo a los inversionistas que sean beneficiados por los acuerdos para evitar la doble tributación (ADTs). Esta medida genera incentivos para la inversión interna al bloque y de los miembros de la Alianza con los países con los cuales hayan suscrito este tipo de convenios[3].

 

Otro de los avances importantes en pro de la atracción de inversiones hacia la región fue la Declaración de Intenciones sobre el establecimiento del Pasaporte de Fondos de la Alianza del Pacífico, instrumento que permitirá la comercialización a nivel regional de fondos de inversión colectiva, buscando estimular la captación de recursos y búsqueda de inversionistas en los demás países, sin necesidad de hacer un nuevo registro ante las autoridades regulatorias locales. Para este propósito se ha establecido una hoja de ruta para la revisión del marco regulatorio de los países miembros. Por el momento, este tipo de operaciones es posible entre Chile, Colombia y Perú, y se espera que favorezca la financiación de obras de infraestructura, proyectos de transporte, fondos inmobiliarios, entre otros proyectos de inversión a nivel regional.

 

Durante el año 2018 se ha logrado avanzar aún más en la agenda de inversión de la Alianza del Pacífico con la emisión de un bono regional para la gestión del riesgo de catástrofes (e.g., terremotos). Éste fue emitido por el Banco Mundial a pedido del grupo, por un valor de US$ 1.360 millones – una cifra record para esa institución[4].  Esta medida no sólo ofrece un acercamiento alternativo a los mercados de capitales, sino que también es una herramienta clave para fortalecer las finanzas públicas de los países miembros ante la ocurrencia de terremotos, un fenómeno común en la región.

 

Otra de las estrategias puestas en marcha para la promoción y atracción de la inversión extranjera en la Alianza del Pacífico ha sido la articulación del trabajo de las agencias de inversiones como ProChile, ProColombia, ProMéxico y PromPerú. Éstas han desarrollado de manera conjunta diversas ferias y actividades para promover la inversión extranjera en sectores como agroindustria, manufactura, nuevas energías, turismo, industria 4.0 e infraestructura. Este tipo de eventos han tenido lugar en los principales países de origen de la inversión, como Australia, China, Corea del Sur, Estados Unidos, Japón y la Unión Europea (UE).

 

En perspectiva, las negociaciones de la Alianza del Pacífico con los países asociados también representan un potencial de atracción y diversificación de las inversiones extranjeras en la región. El bloque anunció la creación de la figura de miembros asociados en junio de 2017 y comenzó negociaciones con Australia, Canadá, Nueva Zelanda y Singapur, con el objetivo de concluirlas a mediados de 2018. La inversión extranjera es uno de los 23 capítulos incluidos en la negociación.

 

Los futuros miembros asociados, en especial Canadá y Singapur, se encuentran entre los 20 mayores inversionistas del mundo. Para el período 2012-2016, los flujos anuales de IED de Canadá hacia el mundo promediaron los US$ 62.630 millones, y los de Singapur, US$ 34.100 millones. Las inversiones de los otros candidatos a miembros asociados fueron menores: los flujos anuales de inversiones de Australia hacia el extranjero promediaron los US$ 2.796 millones, y los de Nueva Zelanda, US$ 123 millones[5]. Estas cifras de inversiones revelan el atractivo de incorporar estos países como miembros asociados de la Alianza del Pacífico y explican, más particularmente, el interés por negociar acuerdos económicos que contengan capítulos con cláusulas de inversión extranjera.

 

Del grupo de los futuros miembros asociados, Canadá es el país que realizó las mayores inversiones en la Alianza del Pacífico, por un valor anual promedio de US$ 2.846 millones. Sin embargo, una parte sustancial de estos fondos se dirigió a México, en virtud de los encadenamientos productivos ya existentes entre los dos países en el marco del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por su sigla en inglés). Australia fue el segundo socio inversionista en la Alianza del Pacífico, con un monto anual promedio de US$ 296 millones, cifra mucho menor a la de Canadá. Por su parte, las inversiones anuales de Singapur en el grupo latinoamericano promediaron US$149 millones y Nueva Zelanda, US$ 64 millones.

 

 

Si se analizan los flujos de inversión de los futuros miembros asociados por sectores de actividad, se observa que las inversiones de Canadá tienen un mayor posicionamiento en la región y están enfocadas principalmente en el sector de la minería y energía. Las inversiones de Australia, Nueva Zelanda y Singapur se pueden clasificar en cuatro grandes categorías: manufactura; energía y minería; servicios de negocios; y construcción o compra de proyectos de construcción de propiedad raíz.

 

Ahora bien, cabe destacar que los flujos de inversión extranjera son particularmente importantes cuando están destinados al sector productivo, debido al potencial que posee el sector para generar encadenamientos. En este sentido, resultará fundamental para la Alianza del Pacífico generar condiciones que intensifiquen las inversiones en los sectores en los cuales ya existe un cierto grado de comercio intraindustrial, como transporte, maquinaria y equipos electrónicos. Para la consolidación de estas cadenas globales de valor, también será fundamental que una parte sustancial de la inversión y, en especial, de la cooperación económica ofrecida por los futuros miembros asociados sea canalizada hacia la construcción y modernización de la infraestructura de los países miembros del bloque, sin duda una de los eslabones menos desarrollados en los países del grupo.

 

* Camilo Pérez Restrepo es profesor e investigador del Centro de Estudos Ásia Pacífico, Universidad EAFIT (Colombia). E-mail: cperezr1@eafit.edu.co




[1] El presente artículo parte de las reflexiones hechas en el libro La Alianza del Pacífico en los nuevos escenarios del Asia Pacífico, publicado en 2017 por el Centro de Estudios Asia Pacífico de la Universidad EAFIT, en colaboración con la Fundación Konrad Adenauer- Programa de Políticas Sociales para América Latina (SOPLA).

[2] Disponible en: <https://bit.ly/2aV7Ual>.

[3] Para más información referirse al comunicado de prensa XV reunión de Ministros de Finanzas de la Alianza del Pacífico. Disponible en: <https://bit.ly/2st6NX8>.

[4] Véase: <https://bit.ly/2siJAba>.

[5] Disponible en: <https://bit.ly/2sXtDWj>.

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El autor discute el reciente cambio de paradigma que representan los acuerdos de facilitación de inversiones, hacia una mayor eficiencia de procedimientos y balance entre los intereses públicos y privados. Tomando como ejemplo el caso brasileño, se señala que estos cambios pueden influir positivamente en el acercamiento entre el MERCOSUR y la Alianza del Pacífico.
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