La integración económica en Centroamérica: desafíos en la segunda década del siglo XXI

15 Julio 2015

Centroamérica es una región privilegiada con un acervo rico en recursos naturales; con un clima compatible para el cultivo de productos agrícolas y la promoción turística; con una posición geográfica estratégica tanto desde la perspectiva de la conectividad como geopolítica; con un capital humano mejorado en comparación a décadas atrás; y sobre todo con una interesante trayectoria en el afán de promover la integración económica entre sus países.

La retadora combinación de privilegios que goza Centroamérica y los desafíos que le corresponden para este nuevo milenio requiere entender todos los instrumentos de política disponibles para la concreción de objetivos de desarrollo ambiciosos, siendo uno de estos instrumentos de política la agenda de integración económica enunciada a través del Tratado General de Integración Económica Centroamericana en 1960 y reactualizada en el marco del Protocolo de Guatemala de 1993.

Panorama económico de Centroamérica en el nuevo siglo
Vista como región, Centroamérica no solo se caracteriza por un ser un puente conector de masas continentales y marítimas, sino que corresponde a un mercado de cerca de 45 millones de habitantes localizado en una extensión territorial con importantes atractivos distribuidos en cerca de 500,000 km². Sumado a esto, su localización facilita la actividad comercial por su cercanía con socios estratégicos como México, Colombia, los países del Caribe y los Estados Unidos.

La modernización productiva en la región empezó a tejerse con mayor tenacidad a partir de la década de los 90, cuando los países centroamericanos apostaron de manera estratégica por transitar hacia la democratización de sus sociedades, evolucionar hacia un marco más agresivo de apertura comercial y reestructurar el andamiaje institucional de la integración centroamericana.

Vale indicar que, a pesar de esta sucesión de cambios, la profundidad de la transformación productiva con equidad en Centroamérica continua siendo tarea en progreso, cuyo mayor avance es una condición necesaria para disponer de condiciones de desarrollo humano en el nuevo siglo.

En términos del producto interno bruto (PIB) per cápita real, la región centroamericana ha logrado un avance al acelerar su tendencia convergente de ingresos con respecto a la región latinoamericana. Desde 1990 al presente, los ingresos per cápita en Centroamérica son 1,8 veces más altos, registrando un crecimiento mayor en relación a los países de ingreso alto, los que aumentaron su PIB per cápita 1,4 veces; mientras América Latina y el Caribe lo hizo en razón de 1,5 veces respecto a 1990, tal y como se expresa en la figura 1.

En materia de comercio exterior, los esfuerzos de penetración en mercados internacionales llevados a cabo en el ámbito regional han concluido con una cartera de socios comerciales más amplia y basada en una oferta exportable paulatinamente más diversificada, aunque con vasto espacio de mejora (Sieca, 2014).


Figura 1 Crecimiento de los ingresos per capita y PIB para America Latina y el Caribe

Como muestra de ello, en 2014 los países de la región centroamericana interactuaron con un promedio de 119 mercados de destino de las exportaciones extrarregionales. En el ámbito de los productos de exportación a mercados foráneos cabe señalar que se exportaron cerca de 1.577 tipos de mercancías distintas, incrementándose en alrededor de un 1,8% la diversidad de productos exportados a terceros respecto del año anterior.

En la actualidad, más del 80% del comercio realizado por Centroamérica tiene como contraparte algún mercado con el cual existe seguridad jurídica concertada a través de un tratado de libre comercio (TLC). Esto dimensiona la importancia brindada por los Estados centroamericanos a la protección y promoción de las relaciones comerciales con el mundo.

Facilitación del comercio y cadenas regionales de valor
La integración económica, como instrumento de desarrollo, ha demostrado ser un importante aliado de las economías de la región en la búsqueda de mayores oportunidades para los miembros de las sociedades. Centroamérica goza en la actualidad de una zona de libre de comercio que ha logrado eliminar la inmensa mayoría de las barreras arancelarias al comercio intrarregional y desmantelar barreras no arancelarias aplicadas en el pasado.

El mercado intrarregional es un espacio de oportunidades para los diversos sectores productivos de la región, en especial para el caso de las micro, pequeñas y medianas empresas dadas las condiciones de cercanía geográfica entre los países de la región y los patrones socio-culturales fáciles de comprender entre sí.

No obstante lo anterior, el complejo ambiente de operaciones en el cual se circunscriben algunas actividades económicas en la región se convierte en un obstáculo para aprovechar en su totalidad las ventajas otorgadas de manera natural en el plano geopolítico. Es por esto que el aumento en inversión de infraestructura de calidad al servicio del potencial logístico regional, la aplicación de medidas integrales para la facilitación del comercio y la disminución de los trámites y costos para la apertura de empresas son algunos de los actuales desafíos más relevantes en la región.

Según el Doing Business del Banco Mundial, el costo de exportación de un contenedor en Centroamérica se ubica en promedio alrededor de los US$ 1.112, cifra 2,4 veces mayor al costo asociado para el mismo contenedor operado en Singapur, economía que encabeza el Enabling Trade Index del Foro Económico Mundial. Asimismo, el tiempo asociado a los trámites de dicho contenedor es de 15 días, tiempo 2,4 veces mayor al reportado en Singapur.

La coyuntura descrita dio pie para que en la XLIII Reunión Ordinaria de Jefes de Estado y de Gobierno de los países miembros del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), celebrada el 27 de junio de 2014 en Punta Cana, República Dominicana, los presidentes de la región establecieran mandatos específicos para trabajar de manera coordinada en temas como procedimientos comunes de trámites que se realizan en los puestos fronterizos y facilitación del comercio y competitividad, dando énfasis a la gestión coordinada en fronteras en el corredor logístico centroamericano.

En seguimiento a dichos mandatos, el Consejo de Ministros para la Integración Económica (Comieco) solicitó el apoyo técnico del Banco Interamericano de Desarrollo –quien constituyó un equipo multidisciplinario integrado por especialistas de dicha institución, de la Agencia Internacional para el Desarrollo de los Estados Unidos de América y de la Secretaría de Integración Económica Centroamericana (Sieca)– y se ha encargado de definir cinco medidas de corto plazo como parte de una estrategia de facilitación del comercio. Esta tiene como objetivo suprimir los obstáculos al intercambio de bienes que incrementan los costos de transacción a través de la simplificación de los trámites aduaneros, la armonización de los procedimientos, los servicios, así como la documentación y las corrientes de información.

Las cinco medidas propuestas contempladas en el corto plazo incluyen:

  1. Transmisión electrónica anticipada de los documentos y formularios asociados al comercio antes de llegar al paso fronterizo: declaración anticipada de formulario aduanero único Centroamericano (Fauca), declaración única aduanera (DUA), declaración de mercancías (DM) y declaración única de tránsito (DUT).
  2. Agilización y coordinación de controles migratorios: realización de un solo control en el país de salida e interfaz con país de ingreso.
  3. Certificados fitosanitarios y zoosanitarios electrónicos: diseño de un sistema para emisión y envío de certificados sanitarios en el servidor regional o VUC.
  4. Registro por medio de dispositivos de radio frecuencia (RFID): control para tener información real de tiempos de pasos de cruce en fronteras y con ello mejorar la toma de decisiones de manera informada.
  5. Utilización de sistemas de cámaras en pasos de frontera: Colocación de cámaras web y vídeos informativos para evaluar cola de espera de transporte en cada punto fronterizo.

Si bien los esfuerzos citados no son suficientes para mejorar las condiciones de acceso al mercado regional, constituyen un avance importante con miras a potenciar, en el corto plazo, el aprovechamiento del mercado intrarregional, mejorar el ambiente de operaciones en la región e incrementar la eficiencia de los servicios aduaneros.

Por otro lado, el compromiso de los Estados miembros de avanzar hacia la unión aduanera centroamericana se hizo evidente en los mandatos presidenciales de la XLIV Reunión Ordinaria de Jefes de Estado y de Gobierno de los países miembros del SICA el pasado mes de diciembre en Placencia, Belice. En dicha reunión se instruyó al Comieco a desarrollar una hoja de ruta que contemple tiempos y acciones concretas para avanzar hacia el logro de este anhelo de larga data para la región.

En esta línea, las Repúblicas de Guatemala y Honduras han establecido una hoja de ruta para consolidar la unión aduanera de sus territorios el próximo 1 de diciembre de 2015, cumpliendo ya con el objetivo planteado de contar con aduanas interoperables en Agua Caliente el 1 de junio de este año. A la fecha se ha logrado avances sustanciales en el proceso de establecimiento de la unión aduanera entre ambos países, entre los cuales destacan:

  • Firma del “Marco General de los Trabajos para el Establecimiento de una Unión Aduanera entre Guatemala y Honduras” (febrero de 2015).
  • Presentación del “Modelo a Implementar para Puestos Integrados en Agua Caliente y El Florido” (febrero de 2015).
  • Firma del “Protocolo de habilitación para la implementación de la Unión Aduanera” (abril de 2015).
  • Aprobación del “Plan de Implementación de los Puestos Integrados en Agua Caliente y El Florido” (abril de 2015).
  • Aprobación del “Modelo de Establecimiento del “Fondo Estructural y de Inversiones de la Unión Aduanera entre Guatemala y Honduras” (abril de 2015).
  • Aprobación del “Plan de Implementación de la Unión Aduanera entre Guatemala y Honduras” (mayo de 2015).
  • Aduanas de Agua Caliente funcionando como puesto integrado.

La tarea pendiente de lograr una mayor profundización del mercado intrarregional enlazada con la creciente necesidad de integrarse a los mercados internacionales constituye un reto no solo para los sectores productivos de la región, sino también en el ámbito de las instituciones públicas y privadas que brindan soporte al comercio de la región.

En este ámbito, Sieca ha definido el fortalecimiento de las cadenas de valor de carácter transfronterizo como una de sus áreas de acción y para ello actualmente está trabajando en conjunto con la sede subregional de México de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe para la puesta en marcha de un proyecto de fortalecimiento de las cadenas regionales de valor en Centroamérica.

Se espera que dicho proyecto permita generar mayor valor agregado doméstico en la composición de sus exportaciones tanto intra como extrarregionales y contemple la inclusión de nuevos motores de desarrollo para la región, vinculados a las tendencias globales para que puedan aprovechar las potencialidades centroamericanas en industrias claramente identificadas como la de textiles y confección, turismo, manufactura de componentes electrónicos y servicios relacionados con software y computación, economía creativa (economía naranja) e industria agroalimentaria o agro-negocios.

El fortalecimiento de este tipo de encadenamientos corresponde a un espacio de política industrial acorde con el contexto económico y social de la región (Padilla, 2014) y abre una ventana de oportunidades para el impulso de sectores de la economía con potencial exportador, generando externalidades positivas para los actores claves vinculados en el proceso de integración económica.

El análisis de los encadenamientos busca identificar políticas públicas que contribuyan al fortalecimiento de las capacidades productivas de la región centroamericana desde un enfoque integral e inclusivo que permita la participación efectiva de los actores de la cadena y emita recomendaciones de política pública para reforzar la capacidad de inserción de los actores en el mercado intrarregional y en los mercados internacionales.

Los desafíos de la región
La época posterior a la crisis económica del 2008-2009 se ha caracterizado por la transición en la configuración geopolítica que da señales de una mayor preponderancia por parte de las economías en desarrollo. Adicionalmente, los patrones del comercio internacional continúan cambiando respecto a décadas anteriores, transitando hacia esquemas de integración comercial cada vez más ambiciosos y bajo una estructura de deslocalización productiva.

Resulta fundamental, en este sentido, que las economías centroamericanas logren vincularse y adaptarse a los nuevos retos de la presente época en aras de brindar mayores condiciones de crecimiento económico acompañadas de equidad.

Un elemento importante es que cerca del 61,4% del total de la población en Centroamérica corresponde a personas con un rango de edad entre los 15 y 64 años y, según proyecciones del Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía, la región se encuentra en un proceso de transición demográfica por lo que este porcentaje de población aumentará hasta el 67,1% en el año 2043, punto máximo del bono demográfico regional.[1]

Los efectos de este fenómeno demográfico pueden ser positivos en materia de crecimiento económico al expandir las capacidades del mercado regional y aumentar los ingresos laborales respecto al consumo (Yoo, 1994; Delgadillo, 2010), pero también generará presiones importantes en los recursos no renovables, la demanda de bienes y servicios públicos de calidad, así como en el desarrollo de oportunidades favorables en el mercado laboral.

La adaptación de Centroamérica exige enfrentar importantes desafíos tales como la materialización de nuevos avances en la agenda de integración centroamericana; la implementación de medidas integrales en materia de facilitación de comercio; el impulso de la transformación productiva basada en el capital humano de alta calidad, la preparación tecnológica e innovación; y la inserción en la economía internacional abarcando mayores segmentos de mercado y participando en las cadenas globales de valor en los eslabones de mayor valor agregado.

La solución a estos desafíos debe suceder a través de una agenda inclusiva, que pondere por igual las necesidades de todos los miembros de la sociedad y que evolucione de manera armónica con el bienestar del medio ambiente y la protección del patrimonio ecológico y cultural de la región.




[1] Bono demográfico regional se puede definir como el fenómeno que ocurre en el proceso de transición demográfica cuando la población en edad de trabajar (económicamente activa) es mayor que la dependiente (niños y adultos mayores), por lo que el potencial productivo de la economía es superior.

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