La “revolución” del gas de esquisto y sus implicaciones comerciales y ambientales

14 Julio 2014

Los principios geológicos de los depósitos de gas de esquisto se conocen desde hace más de medio siglo, por lo que no hay tal revolución en cuanto a su descubrimiento se refiere. El reto tecnológico ha sido extraerlo a un precio viable de las formaciones rocosas bajo tierra o debajo de cuerpos de agua. Para lo anterior se desarrollaron dos tecnologías de extracción: fracturación hidráulica y perforación horizontal.[1]

En un estudio anterior mencioné algunas de las preocupaciones ambientales y de salud, además de ciertas reflexiones iniciales con respecto a la comercialización del gas natural licuado (GNL) derivado del gas de esquisto. En este artículo exploro las dudas relacionadas a las emisiones fugitivas de gas metano y la cambiante matriz energética, además de profundizar en el panorama comercial.

El escurridizo gas metano
Aunque los partidarios del gas de esquisto pregonan una mitigación del cambio climático si su consumo llegase a aumentar –gracias a menores emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) respecto a las del consumo de carbón–, todavía quedan algunas preguntas en relación a las emisiones provocadas por la exploración, extracción y transporte de este gas.

Estos procesos pueden provocar emisiones significativas de gas metano, cuyo efecto invernadero es conocido por ser mucho más potente que el del dióxido de carbono. De hecho, a partir de febrero de 2014 el rango de las tasas de fugas de gas metano en los Estados Unidos (EE.UU.) iba de menos de 1% hasta 19%.

Por lo mismo, expertos con diferentes antecedentes han publicado importantes estudios al respecto. Por ejemplo, Miller et al. (2013)[2] descubrieron que los cálculos de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA, por sus siglas en inglés) con respecto a las emisiones fugitivas de metano en dicho país son demasiado bajas.

Por su parte, Allen et al. (2013)[3] midieron las tasas de emisiones de gas metano en más de 500 pozos en todo el país, lo que junto a los cálculos obtenidos de otros pozos ajenos al estudio se estimó que la tasa nacional total de emisiones fugitivas de gas metano para gas natural fue de 0,42%, ligeramente por debajo del estimado de 0,47% obtenido por EPA.

No obstante, en algunas etapas de la producción de gas de esquisto los resultados de los pozos fueron inferiores a los estimados por EPA, pero superiores a los cálculos de la misma Agencia en cuanto a fugas de válvulas y equipo. Aun cuando el estudio sumó información valiosa a las discusiones queda claro que se necesitará todavía más análisis antes de llegar a un consenso con respecto a las fugas de gas metano procedentes de la industria del gas de esquisto como tal y de la industria en su conjunto.

Una sacudida a la matriz energética
Uno de los aspectos clave a largo plazo en esta ecuación es saber si el gas de esquisto, barato y abundante, minimizará la inversión en fuentes de energía renovable. En los EE.UU., debido a un importante descenso en el precio del gas natural y el subsecuente declive de los precios de la electricidad producida en plantas de energía que funcionan con gas natural se ha debilitado la competitividad de las energías renovables solar y eólica, entre otras, por lo que también ha disminuido la futura participación de estas tecnologías dentro de la matriz energética.

En algunos escenarios, mientras que el uso de gas de esquisto en lugar del carbón para producir electricidad podría acarrear a corto plazo una reducción neta de las emisiones de GEI, la mayor participación de gas de esquisto aunada a la menor utilización de energías renovables podría llevar a un aumento de las emisiones debido al aplazamiento de las fuentes de energías bajas en carbono. No obstante esto, el gas natural barato podría apoyar la inversión en energías renovables de forma indirecta gracias a la reducción del precio general de la electricidad y reducir la oposición a los costos de los subsidios a las energías renovables.[4]

En Estados Unidos el gas de esquisto ya ha producido algunos efectos sobre el uso de carbón, pues las plantas de energía han reducido significativamente su utilización. Además disminuyó el consumo y la producción doméstica de carbón, mientras que la exportación ha aumentado sustancialmente en años recientes. En particular, 2012 fue un año récord en cuanto a exportación de carbón si se toman en cuenta los registros a partir de 1950.

En cuanto al cambio climático, la reducción en el consumo de carbón en EE.UU. y la consecuente caída de las emisiones de dióxido de carbono son compensadas o contrarrestadas, al menos parcialmente, debido al aumento del consumo de carbón exportado y sus consiguientes emisiones de dióxido de carbono fuera del país.

 

“Aunque los partidarios del gas de esquisto pregonan una mitigación del cambio climático si su consumo llegase a aumentar –gracias a menores emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) respecto a las del consumo de carbón–, todavía quedan algunas preguntas en relación a las emisiones provocadas por la exploración, extracción y transporte de este gas.”

 

Implicaciones comerciales
Al hablar de la comercialización y diferencias de precios del gas de esquisto es importante entender las particularidades de los costos de producción. Debido a que Estados Unidos es el único país que produce gas de esquisto con fines comerciales es imposible hacer comparaciones internacionales sobre la base de datos de producción actuales. Incluso si los depósitos de gas de esquisto en otros países resultaran significativos o incluso si superan los actuales tendría que pasar una década o quizá más para que las instalaciones y habilidades de los demás puedan competir con las de Estados Unidos.

Lo más probable es que lo anterior sea cierto incluso si se toma en cuenta la fluctuación en las tasas de cambio y su relación con las diferencias de las tasas de inflación entre países junto a los costos internacionales de transporte. Por ende, existen razones para pensar que EE.UU. seguirá siendo un proveedor de bajo costo durante años, por lo que algunas industrias experimentarán cambios importantes en los patrones internacionales de competitividad.

En cuanto al gas natural, quedan muchas preguntas sin respuesta sobre su futuro comercial. ¿Será Australia el principal abastecedor de gas natural para la región de Asia-Pacífico, sobre todo con las exportaciones a China, India y Japón? ¿Se convertirán Argentina, Brasil y México en exportadores de relevancia? De ser así, ¿hacia dónde exportarán? ¿Se volverá Estados Unidos un importante exportador de gas de esquisto? ¿Cuál será el impacto del uso de este gas en la competitividad de las empresas de las industrias química, acerera y de aluminio de Estados Unidos y de otros países? ¿Bajará la dependencia europea del gas natural importado desde Rusia y Qatar? Si bien existen todavía más interrogantes, estas son suficientes como para dar cuenta de la diversidad e importancia de los posibles patrones comerciales que emergerán en los años y décadas por venir.

Hasta ahora, el mercado internacional del gas ha abarcado tres regiones, Europa, Norteamérica y Asia-Pacífico, fundamentalmente sobre la base de un comercio intrarregional, además de un comercio interregional significativo, sobre todo con exportaciones provenientes del norte de África, Medio Oriente y África Occidental.

Estos patrones regionales de gasoductos y de GNL, aunados a las diferencias regionales de precios se han combinado para dar pie a un sistema comercial mundial balcanizado de gas natural, con comercialización vía gasoductos en Europa y América del Norte, separados entre sí y del resto del mundo.

Este sistema ha producido grandes diferencias de precios a nivel interregional. Sin embargo, existen factores que han generado presión para la comercialización entre regiones como el rápido aumento de la producción a bajo costo de gas de esquisto en EE.UU., su eventual producción en otros países, el potencial para envíos de GNL a gran escala y largas distancias y el constante crecimiento de la demanda de energía en Asia.

Estos patrones son importantes para el futuro del comercio internacional por varias razones. Primero, dan cuenta de los países que ya cuentan con la infraestructura y habilidades afines para importar y exportar –el costo de la construcción de instalaciones individuales de gasificación de GNL para exportación y desgasificación para importación asciende a alrededor de US$ 10 mil millones. Por supuesto, las diferencias entre el transporte de GNL vía gasoducto o vía marítima serán cruciales para determinar los tipos de crecimiento necesarios. Segundo, los patrones actuales de comercialización facilitan las comparaciones entre los niveles de intercambio de gas de esquisto a fin de obtener una mejor perspectiva sobre la importancia económica y energética de la magnitud total de las transacciones.

Esto quiere decir que las políticas públicas de los Estados Unidos con respecto a las exportaciones de GNL se encuentran ahora bajo un mayor escrutinio luego de que tiempo atrás solo un reducido grupo de especialistas de la industria se preocupara por ellas.

En términos más concretos, el Acuerdo de Libre Comercio entre Canadá y Estados Unidos firmado en 1987 incluyó un capítulo sobre el comercio energético que garantizaba el libre acceso a las importaciones y exportaciones bilaterales de petróleo, gas y uranio. Por su parte, el Departamento de Energía es el que autoriza las exportaciones de gas natural según el caso y de acuerdo a lo establecido en el Acta de Gas Natural. Sin embargo, el acuerdo bilateral eximía a Canadá de este requerimiento. La norma se extendió a 17 socios en otros acuerdos de libre comercio:[5] Australia, Baréin, Chile, Colombia, República Dominicana, El Salvador, Guatemala, Honduras, Jordania, México, Marruecos, Nicaragua, Omán, Panamá, Perú, República de Corea y Singapur.

Se ha discutido y ejercido amplia presión para abrir estas restricciones. De hecho, algunas empresas químicas nacionales y otros fabricantes que utilizan gas natural han presionado al gobierno estadounidense para que limiten las exportaciones y así mantener bajo el costo de este bien, pues representa una importante materia prima en sus procesos de producción.

Algunos miembros clave del Congreso de Estados Unidos –entre ellos el presidente del Comité de Energía del Senado, el senador Ron Wyden–, también han solicitado restricciones a las exportaciones. A pesar de esto, en mayo de 2013 el presidente Obama autorizó a Exxon la construcción y operación de nuevas instalaciones de exportación de GNL a un costo de US$ 10 mil millones.

Oportunidades y retos futuros
Dada la potencia del gas metano como GEI y su impacto global, sus emisiones fugitivas requieren soluciones globales. El primer paso sería establecer un sistema de medición, reporte y verificación integral y de precisión en el contexto de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC).

Debería existir además un sistema integral de escala mundial para verificar los niveles de emisiones de gas natural asociadas al comercio internacional del mismo gas. Los importadores deberían certificar sus niveles de emisiones de gas metano sobre la base de las declaraciones de los exportadores, la confirmación de exportación del gobierno y un informe independiente por parte de un agente externo.

Deben también desarrollarse e implementarse normas de emisiones para gasoductos y transporte de GNL. Esto seguro involucrará dos tipos de industrias: las agencias gubernamentales y las internacionales; la primera enfocada en los gasoductos y la segunda en el envío marítimo. Por ende, deberán involucrarse varias instituciones internacionales como por ejemplo la Organización Marítima Internacional (OMI).

Mientras la producción de carbón para exportación supera a la producción para consumo doméstico, en algunos países por lo menos el reto para calcular, analizar e informar sobre las fuentes de emisiones de CO2 y su asignación hacia países productores-exportadores e importadores-consumidores ha aumentado. Existe por tanto la necesidad de refinar los sistemas de medición, reporte y verificación de la CMNUCC y las bases de datos e informes de otras agencias internacionales y nacionales de emisiones para poder incorporar explícitamente las emisiones de GEI que formen parte del intercambio internacional.

Por último, los subsidios podrían ser una forma efectiva de tratar con los factores externos positivos asociados a las fuentes de energía renovable y al mismo tiempo mejorar la rentabilidad. Aunque algunos de los requisitos de contenido local para los subsidios pueden resultar problemáticos, subsidios no discriminatorios se encuentran en una categoría completamente diferente. Se necesita un mejor entendimiento de las reglas de la Organización Mundial del Comercio para saber cómo podrían interferir con los subsidios no discriminatorios para la energía renovable.

Al igual que las instituciones antes mencionadas, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, la Agencia Internacional de la Energía, el Foro de las Principales Economías sobre Energía y Clima y la Ministerial de Energía Limpia tienen un rol importante que jugar al tratar con estos problemas.

 

“A nivel local, las principales preguntas referentes al gas de esquisto tienen que ver con las implicaciones de su exploración y producción sobre la seguridad, la salud, el empleo y la calidad de vida.”

 

Las negociaciones para el intercambio entre el Acuerdo de Asociación Transpacífico y el Acuerdo de Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión entre EE.UU. y la Unión Europea son espacios obvios para la cooperación internacional en comercio, inversión y cuestiones sobre tecnología de traslado de gas natural.

La experiencia de la Secretaría del Tratado sobre la Carta de la Energía con respecto a los temas asociados al comercio internacional vía gasoductos y en forma de GNL –además de su trabajo en comercio internacional y problemas de inversión en gas natural– debería permitirle hacer contribuciones adicionales al proceso de entendimiento de las cuestiones técnicas asociadas a los gasoductos y al comercio de GNL. Por su parte, la Organización Internacional de Normalización debería tratar los problemas de estandarización y certificación de emisiones fugitivas de gas metano.

En Europa, la combinación del discurso de la Unión Europea a nivel regional y la elaboración de políticas, además de la amplia gama de miembros nacionales y externos de la Unión Europea que actúan como exportadores e importadores de gas natural ofrece una enorme oportunidad para el desarrollo de prácticas de la industria y políticas gubernamentales que cuiden las diferencias interculturales respecto al desarrollo sostenible y las formas de cooperación internacional. Estados Unidos jugará un papel importante para apoyar, dado sus avances relativos en tecnología del gas de esquisto, la exploración, producción e infraestructura, así como el discurso político en determinados aspectos.

A nivel local, las principales preguntas referentes al gas de esquisto tienen que ver con las implicaciones de su exploración y producción sobre la seguridad, la salud, el empleo y la calidad de vida. Estas interrogantes deberían responderse en los procesos políticos locales, tomando en cuenta las prioridades de la comunidad, siempre dentro de los marcos legales y políticos a nivel subnacional y nacional.

También debe atenderse la elaboración de políticas nacionales y escalarse a nivel internacional en caso de ser necesario. De hecho, en los sitios en donde las cuencas de gas de esquisto traspasen fronteras internacionales deben considerarse los aspectos de salud, seguridad y medio ambiente, tanto en el plano local como internacional.


[1] Este artículo ha sido adaptado de un estudio más extenso que se puede encontrar en Brewer, T. (2014). The shale gas revolution: implications for sustainable development and international trade (Issue paper No. 8). Ginebra, Suiza: ICTSD.

[2] Miller, S., Wofsy, S., Michalak, A., Kort, E., Andrews, A., Biraud, S… Dlugokencky, E. (2013). Anthropogenic emissions of methane in the United States. Proceedings of the National Academy of Sciences, 110(50).

[3] Allen, A., Torres, V., Thomas, J., Sullivan, D., Harrison, M., Hendlerb, A… Herndon. S. (2013). Measurements of methane emissions at natural gas production sites in the United States. Proceedings of the National Academy of Sciences, 110(44).

[4] Richard, B. (2013). Renewable energy: a route to decarbonisation in peril? París, France: OECD.

[5] NERA Economic Consulting. (2012). Macroeconomic impacts of LNG exports from the United States. Report for the US Department of Energy, Washington.

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