Japón en la negociación agrícola del TPP: lo que hay que entender

1 Septiembre 2014

Estados Unidos ha declarado que el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés) debe ser el acuerdo comercial del siglo xxi. También afirmó que deben eliminarse todos los aranceles en bienes y establecerse nuevas reglas y disciplinas en las áreas de comercio y medio ambiente, comercio y trabajo, empresas estatales, inversión y compras gubernamentales, materias que no están cubiertas o apenas lo están por la Organización Mundial del Comercio (OMC).

La mayoría de quienes participan en las negociaciones del TPP han acatado la regla de eliminación de aranceles en productos agrícolas, pero en la vida real cada regla tiene su excepción. Por ejemplo, Estados Unidos ha intentado mantener los aranceles sobre el azúcar importado de Australia y en los lácteos provenientes de Nueva Zelanda. Canadá, por su parte, ha buscado mantener sus aranceles sobre productos avícolas y lácteos, pero Estados Unidos le ha pedido que los elimine para este último caso.

Sin embargo, luego de sumarse a las negociaciones en 2013, ningún otro país ha insistido en tantas excepciones como Japón. De hecho, los comités agrícolas japoneses le han pedido a su gobierno que exima de la eliminación arancelaria al arroz, el trigo, la carne de res, de cerdo, los lácteos y el azúcar y en caso de no poder hacerlo que abandonen el acuerdo. Como es obvio, estas resoluciones limitan y restringen las negociaciones del gobierno japonés en el TPP.

Durante la visita del presidente Obama a tierras niponas el pasado mes de abril, ambos gobiernos sostuvieron intensos intercambios  y de acuerdo a los medios de comunicación de Japón se llegó a la conclusión de que no se eliminarían los aranceles sobre “cinco productos agrícolas prioritarios” japoneses. Entre estos, seguirán vigentes los actuales aranceles para el arroz, el trigo y el azúcar. Asimismo, la cuota de importación estadounidense aumentará para el arroz y el trigo, mientras que se reducirán los aranceles en la carne de res, de cerdo y en productos lácteos, aunque todavía no se establece el monto de tales reducciones.

De acuerdo a lo anterior, cabe preguntarse: ¿por qué Estados Unidos acordó mantener los aranceles para el arroz, el trigo y el azúcar? Primero, porque el azúcar estadounidense no es competitivo; segundo, porque los negociadores del país norteamericano entienden la importancia política del arroz para Japón y la dificultad de reducir los aranceles sobre este producto.

La sensibilidad agrícola de Japón
El ministerio de Agricultura, Silvicultura y Pesca japonés ha importado trigo como estrategia comercial en porcentajes fijos durante las últimas décadas: 60% de Estados Unidos, 20% de Canadá y 20% de Australia –una especie de comercio dirigido. Si se eliminan los aranceles sobre el trigo, el trigo estadounidense tendrá que competir con el canadiense, el australiano y también el nacional, por lo que la exportación de trigo estadounidense se podría ver afectada. Visto desde este perspectiva, mantener los aranceles sobre el trigo y expandir los cupos podría beneficiar precisamente a Estados Unidos.

Este último ha exigido además reducciones arancelarias significativas sobre la carne de res y de cerdo y aunque las industrias japonesas se oponen fuertemente a tal propuesta, la ausencia de aranceles no les afectaría gravemente.

Los aranceles sobre la carne de res se han reducido casi a la mitad desde 1991, de 70% a 38,5%. Sin embargo, la producción de carne de wagyu (ganado japonés), la de mayor porcentaje del país nipón, creció durante el mismo periodo. Además, el yen se ha depreciado cerca de un 35% desde 2012 debido a las fluctuaciones en el tipo de cambio. En 2012, la carne que valía 100 yenes (US$ 1 aprox.) se importó con un arancel de 38,5 yenes, elevando su precio a 138,5 yenes. Hoy en día, la misma carne se vende a 135 yenes –por la depreciación de la moneda japonesa– antes de la imposición del arancel. El precio, por lo tanto, es casi el mismo que el de importación en 2012 luego de los trámites aduaneros.

La carne de res restante, no obstante, podría verse afectada por la competencia de la carne importada. Sin embargo, la carne que no es de wagyu suma alrededor de una novena parte de la producción total de carne, que asciende a US$ 460 miles de millones. En caso de que los productores de estos otros tipos de carne se vean afectados, se les podría apoyar con subsidios gubernamentales, pues incluso si la cantidad del subsidio asciende a un tercio de la producción total, esta llegaría apenas a los 15 mil millones de yenes (US$ 145 millones aprox).

Para la carne de cerdo se han hecho ajustes especiales, pues los importadores deben pagar la diferencia entre los 410 yenes por kilogramo y el precio de importación vigente. Esto quiere decir que el precio de importación de la carne de cerdo siempre subirá a 410 yenes si su precio original de importación es inferior a este. En la práctica, los importadores preparan paquetes de carne de cerdo de alta calidad como lomo y solomillo y de un nivel inferior para usarse en jamón o salchichas a fin de que el precio del paquete se fije alrededor de los 410 yenes por kilogramo, por lo que el arancel es muy bajo. Y aunque la cantidad total de cerdo de importación llegó a los 400 mil millones de yenes en 2010 (US$ 3.800 millones aprox.), se registraron derechos de importación por 18 mil millones de yenes, es decir, alrededor del 4,5% del total de las importaciones.

El reporte de los medios japoneses antes mencionado sobre la negociación entre Japón y Estados Unidos provocó la contundente oposición de la industria agrícola estadounidense ante el Representante Comercial de EE.UU. (USTR, por sus siglas en inglés), la que exigió la eliminación de los aranceles japoneses a estos productos, en particular a la carne de res y de cerdo.

El 30 de julio, 140 congresistas le escribieron al presidente Obama para que concluyera las negociaciones sin Japón, pues el país nipón había hecho una oferta censurable y sin precedentes en donde eximía a varios productos de la eliminación arancelaria, lo que podría sentar un precedente peligroso para otras negociaciones comerciales.

 

"El interés nacional que Japón está tratando de defender mediante los aranceles no es la agricultura, sino los altos precios de los productos agrícolas y, por lo tanto, de los alimentos."

 

Altos precios de los alimentos, ¿interés oculto del país nipón?
Un político japonés dijo que tanto Japón como Estados Unidos velaron ferozmente por sus respectivos intereses. En ese sentido, se entiende que la motivación estadounidense sea aumentar las exportaciones para beneficiar a su industria, pero ¿cuáles son los intereses de Japón? ¿Pretende el gobierno japonés proteger la industria agrícola nacional? Si en efecto busca cuidar a la agricultura japonesa, no es necesario defender los aranceles, pues esa meta puede conseguirse a través de pagos directos provenientes de algún fondo gubernamental, tal y como lo hacen Estados Unidos y la Unión Europea.

Lo que en realidad estos aranceles están salvaguardando son los altos precios nacionales de los productos agrícolas, es decir, los precios de los alimentos. Por ejemplo, para proteger el alto precio del trigo nacional, que representa 14% del consumo total, se recaudan aranceles del trigo extranjero, que equivale al 86% restante, lo que obliga a los consumidores a comprar el pan y los fideos a precios más elevados. Si tan solo se cubriera la diferencia entre los precios de los productos nacionales e internacionales con pagos directos, se le quitaría una gran carga a los consumidores finales, no solo por los productos nacionales, sino también por los productos agrícolas extranjeros.

En el caso del arroz, el gobierno ha usado alrededor de 400 mil millones de yenes de los contribuyentes para que los productores agrícolas reduzcan sus áreas de cultivo de arroz. Como resultado, disminuyó el suministro y aumentaron los precios del arroz en la canasta básica japonesa, por lo que los consumidores pagaron más de 600 mil millones de yenes (US$ 5.800 millones aprox.). El gasto público total para producir 1.8 billones de yenes en arroz es mayor a un billón de yenes (US$ 9.600 millones aprox.). Los altos precios del arroz también están protegidos por aranceles.

Muchos políticos se opusieron al alza de los impuestos al consumo, argumentando que encarecería el precio de la comida para el sector pobre de la población. Sin embargo, elevar el precio de la comida con aranceles y menos áreas de cultivo es, al parecer, beneficioso para el país. En la medida que Japón continúe con su política de protección a los productores agrícolas   con precios nacionales superiores a los internacionales, los aranceles tendrán justificación.

El interés nacional que Japón está tratando de defender mediante los aranceles no es la agricultura, sino los altos precios de los productos agrícolas y, por lo tanto, de los alimentos. Para tales efectos, el gobierno japonés necesita darle cabida a las exigencias de las empresas estadounidenses con respecto a la expansión de los cupos de importación (sin aranceles) sobre el arroz y el trigo. Con esta medida aumentarán las importaciones y descenderá el nivel de autosuficiencia alimentaria, misma que el gobierno de Japón ha tratado de mejorar.

Pero incluso si se protege el mercado doméstico de la producción extranjera valiéndose de aranceles, el envejecimiento de la sociedad provocará que el mercado se contraiga. Para sostener e impulsar la agricultura es inminente crear mercados de exportación. Si se abandona la política de disminución de las áreas de cultivo y se reduce el precio del arroz nacional, los agricultores comenzarán a exportar. No obstante, hay que mencionar que los esfuerzos de los productores por recortar gastos serán en balde y no podrán exportar si sus socios aplican altos aranceles o barreras no arancelarias, como medidas sanitarias y fitosanitarias. Si Japón no participa de forma proactiva en las negociaciones de liberalización comercial, como el TPP que eliminaría barreras comerciales, estaría aniquilando a su sector agrícola.

La Cooperativa Agrícola Japonesa
Si la agricultura puede protegerse a través de pagos directos, ¿por qué se considera un interés nacional mantener los aranceles agrícolas y los altos precios de los productos agrícolas? La respuesta está en la Cooperativa Agrícola Japonesa (CAJ), la coalición más poderosa en la política japonesa.

Las cooperativas agrícolas estadounidenses o europeas se especializan en una o algunas actividades como ventas, adquisiciones y otros aspectos vinculados a un producto agrícola específico o algún grupo de productos, o bien a ofrecer servicios financieros a los productores. La cooperativa japonesa, por su parte, está involucrada en todo, desde bancos, seguros de vida o de accidentes para productores y no productores, en la venta de todos los productos y materiales agrícolas, además del abasto de artículos de uso diario y servicios como gasolineras, bodas y funerarias. En Japón no existe otra persona jurídica que los iguale.

Hasta 1995 el gobierno apoyó a los agricultores con el establecimiento de un precio elevado para el arroz que el Estado compraba a los agricultores a través de CAJ. Aunque esto haya terminado, los precios del arroz continúan en los mismos niveles debido a la política de reducción de áreas de cultivo.

Numerosos e ineficientes micro-agricultores de medio tiempo que maniobran con altos gastos de operación siguen en la industria gracias a los altos precios del arroz. Como resultado de lo anterior, los agricultores de tiempo completo no se han hecho de tierras para el cultivo y se les ha dificultado aumentar su escala de operación para disminuir y apuntalar sus ganancias. El alto costo del arroz también ha reducido su consumo y como tanto la producción como el consumo se han visto afectados por el precio, toda la industria ha ido en picada.

El aumento en el precio del arroz a su vez engrosa las ganancias de la CAJ. A ellos los beneficia la constante presencia de los agricultores de medio tiempo que se encargan de hundir a la industria del arroz. Los ingresos por la labor de medio tiempo, cuatro veces mayor a los ingresos agrícolas, así como las ganancias por la venta de tierras de cultivo para otros fines (billones de yenes al año) ingresan directo a las arcas de esta cooperativa que, como se dijo, con el permiso con el que cuenta para dedicarse a la banca ha creado el segundo banco más grande del país. La base del crecimiento de la CAJ ha sido, precisamente, sostener los precios del arroz y a los agricultores de medio tiempo en sus tierras.

Incluso si se eliminasen los aranceles y los precios cayesen o se utilizasen fondos del gobierno para compensar la caída de los precios, los agricultores no se verían afectados. Si los contribuyentes no estuviesen listos para proporcionar una compensación por los ingresos de los agricultores de medio tiempo con elevadas ganancias y dichas compensaciones solo se destinases a los agricultores de tiempo completo, los costos menores del arroz provocarían que los agricultores de medio tiempo dejaran sus tierras de cultivo.

No obstante, aunque los agricultores no se vean afectados, la CAJ recibiría un golpe a sus comisiones por la reducción de las ventas producto del descenso de los precios. Asimismo, si los precios bajos provocan el abandono de agricultores de medio tiempo, la CAJ lo resentiría en sus cimientos. Por lo mismo, esta cooperativa ha lanzado un movimiento de oposición al TPP, lo que da a entender que el núcleo del problema no son el TPP y la agricultura misma, sino el TPP y la CAJ.

La agricultura japonesa podría sobrevivir por medio de la exportación de productos agrícolas de alto valor agregado como el Koshihikari, una variedad de arroz de alta calidad, mientras importa arroz desde Vietnam. No obstante, Japón es reacio a abrir su mercado agrícola a los otros participantes en las negociaciones del TPP.

Por último, la insistencia de Japón respecto a su exención respecto a la eliminación de aranceles estimularía a otros países a solicitar excepciones similares en otras áreas del acuerdo, tales como en normas de origen o empresas estatales. Esto no solo reduciría el nivel de ambición del acuerdo TPP, el cual podría significar una gran contribución al sistema mundial de comercio, sino que además obstaculizaría a dichos países, en particular a los países en desarrollo, de emprender cambios estructurales en sus economías. 

This article is published under
1 Septiembre 2014
Más de una década de negociaciones estancadas en la Organización Mundial del Comercio (OMC) da cuenta de una serie de nuevos retos que la organización debe afrontar, tales como adaptarse a la...
Share: 
1 Septiembre 2014
Desde el comienzo de las negociaciones, los oficiales involucrados en las charlas comerciales del Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica (TPP, por sus siglas en inglés) han...
Share: