Enfoques grupales para lidiar con el cambio climático

24 Febrero 2015

Durante la última sesión de charlas sobre cambio climático de la Organización de Naciones Unidas (ONU) celebrada en diciembre de 2014 en Lima, Perú, los representantes de más de 190 países llegaron a un acuerdo necesario para avanzar en los intentos por cerrar un nuevo acuerdo climático para la conferencia del próximo año en París, Francia.[1]

Aunque existen señales alentadoras de que en París podrá llegarse a un nuevo acuerdo –con una mayor participación de países, regímenes más flexibles y serias pláticas sobre nuevos financiamientos–, no quiere decir que vaya a cambiar el hecho de que la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) se encuentre encaminada a resolver un problema tan difícil.

Una reducción seria de las emisiones requiere que los costos sean asumidos por adelantado, aun cuando los beneficios sean todavía inciertos y lejanos. Se necesita que todas las naciones cooperen. Sin embargo, en la mayoría de los casos los países podrían esgrimir numerosos motivos para desertar, pues la energía baja en carbono es más cara que las tecnologías energéticas actuales. Asimismo, debido a que los costos de la energía son tan importantes para la competitividad económica, son muchos los motivos para evitar invertir en la descarbonización.

Aunque es cierto que la idea de llevar las conversaciones sobre cambio climático al sistema de Naciones Unidas legitimó el proceso, también ha servido para esconder la inacción y estancar las negociaciones sobre complejas compensaciones, al tiempo que los participantes tratan de cerrar un acuerdo sin conceder demasiadas preferencias nacionales. Los grupos grandes también son problemáticos si algunos países intentan activamente obstruir la cooperación en medio de una gran diversidad de preferencias y objetivos en conflicto.

Tratar los acuerdos sobre el cambio climático en grupos reducidos –diseñados de tal forma que incentiven la suma de integrantes y vínculos con otros grupos– podría ser una forma mucho más efectiva y complementaria al proceso de la ONU. Mientras que los esfuerzos de algunos clubes climático se ponen en marcha, ¿qué pasaría si se enfatizaran más las acciones de los pequeños grupos?

Seis tareas que los clubes climáticos podrían realizar
Uno de los retos más importantes para la gestión del cambio climático a largo plazo es convencer a aquellos países que no quieren gastar sus propios recursos en mitigación a hacer más. Desafortunadamente, ha crecido el papel de los países reacios dentro del manejo del cambio climático y ahora son responsables de más de la mitad de las emisiones mundiales.

Si quieren ayudar, lo primero que los clubes podrían hacer es abrir un foro para que los países entusiastas “cierren los acuerdos” que convenzan a los países reacios a aumentar sus esfuerzos. Por ejemplo, Estados Unidos está tratando de convencer a India para que acepte regulaciones más estrictas sobre el uso de hidrofluorocarbonos (HFC) en el Protocolo de Montreal.

Como regla general, el grupo debe reducirse según aumente la complejidad del tema. La experiencia con el Grupo de los Ocho (G8) y con el Grupo de los Veinte (G20) dicta que aquellos con cinco a doce integrantes funcionan mejor.

Para ser efectivos, los grupos deberían encontrar formas de crear “bienes del club”, es decir, bienes cuyos beneficios impacten a los integrantes del club, pero que también puedan excluirse –al menos parcialmente– de terceros, por ejemplo, zonas con aranceles bajos para tecnologías energéticas con emisiones reducidas. Esto beneficiaría a países que hayan aceptado el régimen arancelario, pero excluiría a aquellos que no estén en esa situación.

Los clubes climáticos podrían ser un foro útil para los países con esquemas de comercio de emisiones a fin de agilizar la complicada tarea de vincular sistemas. Tampoco debe descartarse la importancia de la acción unilateral. Las reglas estadounidenses concernientes a las emisiones de carbono de las plantas de energía publicadas en junio ayudaron a crear un ambiente de buena voluntad en el proceso de discusión de acuerdos de la ONU. Los esfuerzos por atraer a los países reacios también podrían surgir de actores subestatales o gobiernos provinciales, cuyo papel sería motivar a los Estados a que hagan todavía más.

Los clubes también podrían tratar con el comercio de carbono incorporado. Si se compara con los inicios de la diplomacia climática de hace más de 20 años, el comercio de carbono incorporado ha explotado debido al crecimiento de la exportación de manufactura china y de otras economías emergentes. Según el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, en 1990 el comercio de carbono incorporado entre países desarrollados y en desarrollo era la décima parte de lo que es ahora.

 

"Uno de los retos más importantes para la gestión del cambio climático a largo plazo es convencer a aquellos países que no quieren gastar sus propios recursos en mitigación a hacer más."

 

En una economía globalizada, grandes cantidades de carbono incorporado propician fugas, o en otras palabras, los países evitan el costo de los límites a las emisiones, atrayendo crecimiento e inversión a costa de otros. Una primera opción para un club en esta área sería la de implementar algunas medidas disciplinarias o de frontera unilateral, prestándole atención a la asesoría de los abogados comerciales y estrategas sobre la manera en que estos pueden seguir siendo compatibles con la OMC. El club también podría contabilizar mejor las estadísticas de emisiones valiéndose de un enfoque de economía integral para ayudar a demostrar los efectos sobre el comercio.

Asimismo, los clubes podrían establecer compromisos condicionales para ayudar a asegurar las promesas de otros países e impulsarlos a firmar un mayor compromiso cuando vean y palpen los beneficios de su cooperación. Aunque siguen apareciendo promesas de mitigación en el marco de la CMNUCC, conocidas como contribuciones determinadas nacionalmente (INDC, por sus siglas en inglés), durante las negociaciones climáticas en Lima varios países obstruyeron las propuestas de diálogo para un proceso de evaluación de pares. Por lo mismo, quizá resultaría más cómodo trabajar en grupos pequeños para delimitar las promesas condicionales y los procesos de evaluación.

El hecho de que el gasto en innovación y sus resultados a nivel mundial se concentren en unos pocos países resulta ser una razón ideal para la formación de clubes pequeños. Los programas conjuntos como los anunciados entre Estados Unidos y China enfocados en grupos de tecnologías como captura, uso y almacenamiento de carbono representan importantes beneficios para ambos socios.

Para la mayoría de las tecnologías será importante pensar en la manera estratégica de involucrar al sector privado. Las compañías en industrias de alta concentración tienden a recibir mayores beneficios de las promesas de contribución efectivas. El trabajo con empresas requerirá del cambio de mentalidad de algunos gobiernos, pues deberá pasar de un escenario en donde los recién llegados reciben el mismo trato, a recompensas prometedoras y fiables para aquellos que inviertan en nuevas tecnologías.

Uno de los argumentos más fuertes para formar los clubes es el de la capacidad de los grupos reducidos para desarrollar y demostrar soluciones para problemas complejos. Un buen ejemplo sería el trato a los contaminantes de vida corta (SLCP, por sus siglas en inglés) como hollín, metano e hidrofluorocarbonos (HFC) porque los beneficios demostrables, como la mejora de la calidad del aire, son más tangibles. Y aunque no será posible detener el calentamiento global solo con la reducción de SLCP, el avance en la resolución de un problema climático podría demostrar que la acción fiable es posible. Esta lógica ya ha inspirado a un grupo de países a tomar acciones en esta área a través de la Coalición de Clima y Aire Limpio (CCAC).

Al final y con el tema vigente en la agenda internacional, los clubes pequeños podrían ser un lugar útil para entender cómo la comunidad internacional podría gastar dinero sabiamente en adaptación climática. El fondo climático de Noruega es un buen modelo para comenzar. Un grupo de donadores aporta una gran cantidad fiable, además de ofertas de asistencia técnica también fiables sobre las que los países en desarrollo competirán por hacer las mejores ofertas.

La idea de grupos reducidos no es nueva. La diferencia es que ahora existe el entendimiento general de que el amplio enfoque de cooperación propuesto por la ONU no ha funcionado tan bien por sí solo. Una clave para motivar la idea de formar clubes sería que en la reunión de París en diciembre de este año los gobiernos firmen un convenio para proteger al acuerdo multilateral.

También se necesitarían algunas disciplinas para los clubes como la fijación de estándares básicos, reconocimiento mutuo de compromisos entre clubes y una evaluación seria de pares. Se necesitará además un razonamiento estratégico para identificar qué países podrían hacer el esfuerzo de crear y unirse a ciertos clubes.

Y aunque no se puede detener el cambio climático y transformar el sistema energético mundial a menos que todos los países se involucren, es posible y necesario que los países comiencen en la tarea que se encuentra por delante y trabajen en la compleja creación de acuerdos a través de avances en grupos reducidos.




[1] Este artículo ha sido adaptado de un estudio más extenso que se puede encontrar en Victor, D. (2013). The case for climate clubs. Geneva, Switzerland: ICTSD & WEF.

This article is published under
24 Febrero 2015
El patrón del comercio internacional ha cambiado notablemente durante los últimos 25 años. Actualmente, las empresas distribuyen su operación en todo el mundo, desde el diseño del producto hasta la...
Share: 
24 Febrero 2015
Este año será un punto quiebre para las negociaciones climáticas internacionales, en tanto las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) han acordado...
Share: