El sujeto agrícola y su “hegemonía” en la Argentina (2002-2012)

12 Febrero 2014

América Latina ha experimentado un proceso de crecimiento económico basado, fundamentalmente, en la exportación de materias primas. El caso argentino muestra la correlación de fuerzas de un sector económico como el agrícola para disputar la política económica, como derechos de exportación, y mantener sin modificación la estructura impositiva y productiva. Por lo mismo, resulta de gran interés analizar dicha estructura y su peso económico en el comercio exterior en medio de las distintas turbulencias bélicas y económicas del periodo en cuestión.

Las características del sujeto agrícola y su "hegemonía" en la Argentina
La idea del "sujeto hegemónico" estuvo presente en distintos autores como Liborio Justo y Ernesto Laclau. De acuerdo al primero, la "hegemonía agraria" hay que comprenderla debido al carácter semicolonial de la Argentina y el rol que tuvo la propiedad de la tierra para el mercado externo en el período agroexportador (1860-1930) y que siguió siendo relevante durante los siglos XX y XXI. El sector agrícola en la Argentina produce mercancías que tenían un doble rol: exportación como commodities y consumo interno.

Lo hegemónico, en términos materiales, es la relación existente entre el sector social que está asociado a las divisas que genera el principal producto de exportación, cereal y oleaginoso, donde intervienen las principales comercializadoras de granos: Cargill, Bunge, Dreyfus, ADM, entre otras. El producto oleaginoso ha estado asociado desde 1973 a la fecha al sector económico denominado sector agrícola que actúa bajo la forma de "sujeto agrario" y que principalmente produce soja y derivados para la exportación.

La relevancia de los precios internacionales y los márgenes de rentabilidad de la oleaginosa entre 2002-2012 volcó la mayor cantidad de inversión al sector agrícola. Una razón es la fertilidad de la tierra y la baja intensidad en capital para producirla. No obstante, el valor de la tierra en dicho periodo creció un 570%, aumentando de 3.000 a 17.900 US$/ha en la zona pampeana.

En otros tiempos, la disputa de desarrollo del país estuvo enmarcada en el trigo y la carne enfriada -y sus clases sociales asociadas a dicha producción- para el mercado británico (siglo XX). En la actualidad, el debate está puesto en los derivados de la producción de soja -que aportan por comercio exterior el 45% de las divisas que ingresan al país- con un común denominador: demanda externa de un centro industrial en pleno desarrollo, Pekín. A esto se  suman los precios internacionales históricos y la fuerte especulación financiera en los commodities.

Lo que caracteriza al sector agrícola como hegemónico en la Argentina tiene que ver con su posición en el comercio exterior al generar las divisas para el proceso de crecimiento económico iniciado en 2003 con solo tres productos, trigo, maíz y esencialmente soja (poroto, aceite y harina); a lo que se agrega la baja presión impositiva en el comercio exterior en relación a otros impuestos.

Las características materiales del sujeto agrario hegemónico
Entre 1981 y 1990, el crecimiento económico de la Argentina no superó el tres por ciento, y la producción agrícola siguió concentrándose en torno al rubro cereal y oleaginoso para su exportación y consumo interno. El contexto económico luego de la hiper-inflación (1989) y la crisis de la deuda a nivel regional sentó las bases para la adopción de políticas económicas ligadas al Consenso de Washington. El Estado argentino adoptó el régimen de convertibilidad (1991) y mantuvo un modelo de valorización financiera hasta 2001. Esto significó un mayor endeudamiento externo, fuga de capitales, ingreso del capital transnacional, privatizaciones y una entrada indiscriminada de productos importados. La consecuencia también derivó en una modernización con alto desempleo en sectores industriales y una concentración en el comercio exterior bajo la administración de las multinacionales como Cargill, Bunge y Dreyfus.

Posterior a 1991 hubo un cambio significativo en el incremento de la producción de soja, pasando de 11 a 18 millones de toneladas. El promedio de producción anual entre las campañas 1990/91 y 2001/02 para el maíz fue de 13 millones de toneladas y 12 millones de toneladas para el trigo, cifras menores al promedio de 16,3 millones para la soja en la misma década.

Si tomamos la segunda parte de la década, desde 1997/98 hasta la campaña 2001/02, se hicieron visibles los efectos de las políticas de liberalización del comercio y de desregulación del comercio interior. La soja pasó a ser el principal cultivo, alcanzando una producción promedio anual de 23 millones de toneladas en momentos en que se producían las crisis económicas de 1998 en Rusia y Asia, Brasil devaluaba el real y Argentina llegaba a picos de desocupación del 18% (1998) y del 22% (2002).

Los aumentos en los niveles de producción de la oleaginosa fueron acompañados además por el incremento del valor de la tierra. Entre las campañas 1997/98 y 1998/99 este aumentó de 3.200 a 5.000 US$/ha (un 56%) para descender posteriormente hasta el estallido social de 2001, cuando se produjo un fuerte proceso de concentración de la propiedad y remate de campos endeudados de menores dimensiones. Se consolidó así un nuevo sector agrario donde algunos no se desprendieron de sus tierras, sino que aumentaron sus posesiones.

El periodo de postconvertibilidad (2002) y reconstrucción de la economía argentina estuvo acompañada de todos los sectores económicos. La producción de soja durante el periodo 2002-2012 alcanzó un promedio anual de 40 millones de toneladas,[1] mientras que los cultivos de maíz y de trigo tuvieron una producción promedio de 18 y 14 millones de toneladas promedio. La importancia del sector se expresa en los ingresos de divisas: entre 2003 y 2012 entraron al país unos US$ 537.301 millones y el 40% fue por el rubro cereales y oleaginosas. En ello radica su poder económico y su interés por la disputa de la política económica como los derechos de exportación.

La ganancia patrimonial y la rentabilidad en la producción de soja indujeron a los propietarios de las tierras a mantener sin alteraciones el esquema impositivo que los pudiera afectar. No obstante, la modificación de los derechos de exportación significó un conflicto, pues aumentó en 44,1% a la soja y en 39,1% el girasol, mientras que el maíz y el trigo se redujeron a 24,2% y 27,1%, respectivamente (ver Figura 1).
El objetivo del aumento de los derechos de exportación fue desacoplar los precios internacionales de los nacionales para evitar un aumento desmedido de los productos de consumo diario y evitar la "sojización" del sector agrícola que estaba afectando a otros cultivos como hortalizas, legumbres, frutas o cultivos industriales. Lo anterior solo se profundizó entre 2002 y 2012. Queda de manifiesto que la importancia de los derechos de exportación radica en su utilidad para quedar menos expuestos a la volatilidad de los mercados internacionales.

Indice de precios de Argentina

Las distintas eventualidades internacionales como invasiones a distintos países y quiebras financieras han afectado indirectamente los precios de los alimentos y otros insumos, no todos los países producen todo lo que consumen, por ello la importancia de instrumentar mecanismos que regulen el comercio exterior para que no afectan directamente las fuertes variaciones de los precios internacionales como fue en 2008 para los alimentos, aceites y cereales.

En el caso argentino se vio necesario variar los porcentajes de los derechos de exportación ante el aumento de precios internacionales y por el peso que tienen los cereales y oleaginosas junto con los productos de alimentos y bebidas que se exportan y que generan la mayor cantidad de divisas que precisa la economía nacional para financiar el desarrollo industrial ya que muchos productos que requiere la producción industrial todavía no se producen en el país y por ellos deben ser importados.

Plano externo: presión impositiva por derechos de exportación (2002-2012)
La mesa de enlace compuesta por la Sociedad Rural Argentina (SRA), la Federación Agraria Argentina (FAA), la Confederación Rural Argentina (CRA) y la Confederación Intercooperativa Agropecuaria (Coninagro) se constituyó como el principal opositor al aumento en los derechos de exportación durante el largo conflicto agrario del año 2008. El peso del sector agrario en el comercio exterior 2002-2012 por cobros por exportaciones se observa en el sector cereal y oleaginoso. En promedio, aportó el 40% de las divisas que ingresaron año a año, pero la comercialización de estos productos solo está en manos de Gargill, Dreyfus, Bunge, ADM, Toepfer, las que representan el 80% del comercio exterior en este rubro.

Comparativa porcentual de la carga tributaria sobre el comercio exterior en Argentina
Como se observa, la Figura 2 explica la composición porcentual de la carga tributaria como porcentaje del PIB en Argentina. En cuanto a América Latina, en esta década hubo una consolidación del impuesto al valor agregado (IVA), una significativa mejora de la participación de los impuestos directos y un declive de los gravámenes sobre el comercio internacional.
Cobros de exportaciones
Entre los años 2000 y 2011, la carga tributaria sobre el comercio exterior pasó de 1,5% a 1,3% del PIB en América Latina (19 países[2]) según la Cepal. Sin embargo, el avance ha sido menor -con la excepción de Haití- en el grupo de países con menor carga tributaria, donde se destacan los casos de México y Venezuela, los que durante el período considerado experimentaron una reducción de su carga tributaria (en el sentido más restringido).

El caso argentino es un reflejo de lo que pasa en la región: mayor carga tributaria en los impuestos a los bienes y servicios (IVA) que sobre el comercio y las transacciones internacionales (comercio exterior). La presión tributaria en 2001 fue de 8,64%, mientras que para el comercio exterior fue de 0,64% del PIB. En el año 2012, estos porcentajes se alzaron a 10,79% y 3,64% del PIB, respectivamente. Así como también es baja la presión impositiva en derechos de importación, así como los derechos de exportación también son bajos. Los datos evidencian que el sector económico que genera la mayor cantidad de divisas a través del comercio exterior es a su vez el de menor presión impositiva a nivel nacional y que en la última década en AL ha disminuido.

Reflexiones finales
En la última década, con quizás la mayor crisis económica a nivel internacional (2008), se ha puesto en el centro del debate los recursos naturales con que se provee una sociedad: alimentos y recursos minerales e hidrocarburos. La producción y exportación de commodities ha recobrado gran relevancia. El complejo agroindustrial sojero (grano, aceite y harina) se constituyó en una cadena de producción que comercializa este producto con los principales mercados demandantes.

La base material que determina la alianza entre el sujeto agrario hegemónico y el capital transnacional es producto de privilegios otorgados por el Estado durante el periodo de convertibilidad (1991-2001) casi nula de la moneda consistente en derechos de exportación.  Aquellos privilegios se manifestaron en el largo conflicto agrario del año 2008 y puede afirmarse que todavía no está cerrada la polémica en torno al desarrollo que debe tomar Argentina, cuya estructura productiva fue determinada y consolidada en el transcurso de la historia, condicionada por el contexto internacional y la disputa por la estructura tributaria. La menor carga tributaria en el comercio exterior y los ingresos percibidos por exportación de cereales y oleaginosas demuestran que existe un debate pendiente sobre cómo utilizar los derechos de exportación para una mejor distribución del ingreso y un necesario desacople de los precios internacionales que muchas veces están influenciados por la especulación y los distintos eventos internacionales.

En el plano nacional se evidencia un incremento en el valor de la tierra para la producción de alimentos junto con una mayor producción de la oleaginosa. Pero la sola modificación en el año 2008 de los derechos de exportación puso de manifiesto la preponderancia del sector agrícola vinculado al comercio exterior. Solo quedan entonces dos preguntas que abordar en esta encrucijada: ¿es posible modificar la estructura primaria de las exportaciones en América Latina cuando hay tanta desigualdad entre el impuesto al IVA y al comercio exterior? ¿Será necesario un nuevo debate en torno al rol que juegan los derechos de exportación en las economías como la argentina?

[1] La producción primaria de soja está concentrada en un grupo reducido de agentes productivos: 1) El 6% de los productores son grandes (más de 1.500 tn./Campaña), representando el 54% del total producido; 2) El 94% restante son pequeños (menos de 1.500 toneladas/campaña), dando cuenta del 46% de la producción restante. Existe además una agroindustria que adquiere esta materia prima y la procesa para obtener pellets, aceite o biodiesel. El sector agroindustrial tiene, al igual que el primario, un elevado grado de concentración: el 11% de las empresas con capacidad de procesamiento de granos de más 20 mil tn./día explican el 51% de la molienda. En el otro extremo, el 61% de las empresas con capacidad para procesar hasta mil tn./día, representan el 4% de la molienda. Informe sectorial 2011 Ministerio de Economía y Finanzas Públicas. http://www.mecon.gov.ar

[2] Son la suma de los tres grupos. Grupo 1: Argentina, Brasil y Uruguay (de mayor carga tributaria); Grupo 2: Bolivia, Costa Rica, Chile, Ecuador, Nicaragua, Colombia, Panamá, Perú, Paraguay, Honduras y El Salvador (de carga tributaria media); Grupo 3: Haití, Guatemala, Republica Dominicana, Venezuela y México (de menor carga tributaria).

 

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