El rol de las fintech en el desarrollo de negocios sostenibles

30 Agosto 2018

La tecnología de los grandes datos (big data) y la tecnología geoespacial están facilitando el abordaje por parte de las instituciones financieras del riesgo de proyectos relacionados con la tierra y sus posibles impactos ambientales. Actualmente, dicha tecnología está al alcance de cualquiera. Debido a los enormes avances técnicos, hoy en día alcanza con tener una conexión a Internet para ver, prácticamente en tiempo real, si los árboles caen, si un área agrícola está ardiendo en alguna parte del mundo, o si las áreas protegidas están siendo invadidas.

 

Estas nuevas estrategias de mitigación de riesgos son esenciales para el futuro del negocio del sector financiero. Asimismo, pueden promover beneficios para sus clientes, apoyando a los agricultores en el campo.

 

Abordar el riesgo, en primer lugar

 

Los bancos están en el negocio de administrar el riesgo: preste dinero a un mal pagador, y podrá sufrir grandes pérdidas financieras; deje que el dinero lavado o ilícito pase a través de su banco, y podrá recibir las multas y castigos previstos en la legislación. El éxito de las instituciones bancarias y financieras depende de la calidad, disponibilidad y eficiencia de los análisis de costo-beneficio para evaluar el riesgo con precisión. Esto constituye el núcleo de sus actividades, y es lo que los prepara para abordar concretamente los riesgos ambientales y de deforestación en sus negocios.

 

Los agentes financieros están considerando cada vez más la deforestación y otros impactos ambientales como factores de riesgo al tomar sus decisiones de inversión. Esto es especialmente importante en América Latina, donde los bancos a menudo invierten en el sector agrícola – uno de los principales sectores causantes de la deforestación. Un número creciente de organizaciones está comprendiendo que financiar proyectos dañinos para el medioambiente conlleva riesgos en tres áreas:

 

Legal

Muchos países poseen reglamentación ambiental. Por ejemplo, el Banco Central de Brasil exige que los bancos tengan políticas socioambientales y procesos de diligencia debida (due diligence) y prohíbe préstamos a proyectos en áreas del Amazonas que han sido ilegalmente deforestadas. En 2016, un banco comercial fue multado en más de US$ 15 millones por haber presuntamente incumplido con esta ley.

 

Financiero

Contribuir al daño ambiental puede afectar los resultados. Si una institución financiera presta dinero a un cliente con prácticas ambientales cuestionables, ese cliente puede ser vulnerable a demandas o multas que podrían poner en riesgo su capacidad de re-pago.

 

La falta de monitoreo también puede tener un impacto directo en los resultados financieros del banco. Generalmente, la tierra se usa como garantía en operaciones financieras cuando el cliente no paga el préstamo. Sin embargo, si no se tiene una adecuada diligencia en términos ambientales y se toma como garantía la tierra ubicada dentro de un área indígena o de protección ambiental, lo que ocurre en la práctica es que dicha tierra no posee valor económico. Si el banco necesita ejecutar esa garantía sin valor, su balance general se verá afectado.

 

A largo plazo, las prácticas ambientales cuestionables también podrían afectar el valor de la tierra. Por ejemplo, la pérdida de fertilidad derivada del uso continuo de tala y quema afecta el valor de un activo que se usa comúnmente como garantía financiera. Por lo tanto, la adopción de procedimientos corporativos verdes es, ante todo, un esfuerzo para proteger el valor de los activos.

 

Reputación

A medida que aumenta la conciencia ambiental de los consumidores e inversores, los bancos pueden ver afectada su reputación y perder clientes si se encuentran vinculados a actividades no sostenibles. Dado el alcance considerable de las redes sociales, una historia negativa puede propagarse rápidamente a través de fronteras y grupos. Desde una perspectiva gerencial, los costos de recuperación de la reputación de una organización podrían ser mayores que los derivados del cumplimiento de las políticas corporativas ecológicas.

 

En un momento en el que los gobiernos y la industria privada prestan creciente atención a las emisiones de carbono, el sector financiero no puede permitirse quedarse al margen. Algunas instituciones se están sumando a la tendencia, pero no todas han incorporado estrategias de sostenibilidad en sus modelos comerciales básicos. Si los bancos no incluyen las evaluaciones de riesgos ambientales en su proceso de toma de decisiones, podrán perder no solo algunos de sus clientes actuales, sino también nuevas oportunidades de negocios. Más aún, una evaluación de riesgos imprecisa podría afectar la capacidad de los bancos para generar valor a partir del conjunto de activos que actualmente posee.

 

Los grandes datos y los satélites fomentan inversiones más ecológicas, para todos y en todas partes

 

Los avances tecnológicos y el acceso a la información han hecho que sea más fácil unirse a esta causa. Antes, los bancos tenían que realizar visitas para analizar el impacto ambiental de una inversión. Aunque el método “cara a cara” es bueno en términos de compromiso, este enfoque puede ser costoso y dificultoso para ganar escala. Ahora, los grandes datos y la tecnología geoespacial han hecho que el monitoreo remoto sea más económico, accesible y que se pueda realizar prácticamente en tiempo real, pudiendo acompañar el ritmo de crecimiento de las inversiones.

 

Herramientas como la Global Forest Watch (GFW) pueden detectar, en cualquier parte del mundo, si un área de árboles de tan solo 30 metros de extensión fue deforestada. También puede ver cuántos incendios se produjeron en un área determinada, en un día específico y qué tan lejos estaba de áreas protegidas. Todo esto es posible gracias a las súper computadoras que analizan automáticamente petabytes de imágenes satelitales casi en tiempo real.

 

Esta tecnología está disponible para los bancos que buscan racionalizar sus evaluaciones acerca del riesgo ambiental. El World Resources Institute (WRI), en asociación con los principales comerciantes, minoristas, procesadores de alimentos, instituciones financieras y organizaciones no gubernamentales (ONGs), ha estado desarrollando un nuevo sistema llamado GFW PRO. Esta nueva plataforma permitirá a los bancos ubicar las fábricas de producción o las explotaciones agrícolas de sus clientes y rastrear la deforestación y las alertas de incendios en las áreas de inversión a través de un panel de control cuyo manejo es tan fácil de consultar como un balance general. Todo lo que un usuario necesita es la ubicación geográfica de la inversión (como la localización de un silo o el shapefile de la explotación agrícola) – información que normalmente ya se encuentra en manos de la mayoría de los bancos.

 

GFW PRO incorporará un análisis de sostenibilidad para cada proyecto, así como evaluaciones y tendencias a nivel de cartera, manteniendo resguardada la información confidencial. Mediante este nuevo enfoque, los bancos e inversionistas podrán integrar el monitoreo forestal en su estrategia comercial central de la misma manera que acompañan otras variables – como mercados bursátiles, números de cosecha, tipos de cambio o tasas de interés gubernamentales – que pueden afectar el riesgo de sus negocios relacionados con la agricultura. Más importante aún: esto es aplicable en cualquier parte del mundo.

 

De la mitigación de riesgos a la generación de valor

 

La reducción de los riesgos ambientales es por sí misma una buena estrategia comercial para el sector financiero. El uso de la tecnología geoespacial en estas evaluaciones puede reducir los costos de monitoreo y reducir las potenciales pérdidas financieras. Todavía más, también puede generar valor agregado y posibles oportunidades comerciales.

 

Por ejemplo, como resultado de una asociación entre el BID Invest (el brazo orientado al sector privado del Banco Interamericano de Desarrollo), el Banco de Desarrollo Holandés (FMO, por su sigla en holandés) y el WRI, esta tecnología comenzó a probarse en varios bancos paraguayos. Un día, una alerta sonó en el Banco Sudameris en Asunción (Paraguay), donde una explotación de ganado de un cliente a 250 kilómetros de distancia estaba en llamas. El banco acababa de comenzar a usar la tecnología ofrecida por WRI. Una vez que recibió la alerta, Sudameris notificó inmediatamente al cliente. El agricultor terminó perdiendo 100 hectáreas de su producción debido al incendio, pero salvó 1.200 hectáreas de pastos y su rebaño de ganado. Unos días más tarde, el cliente le envió al Banco una nota de agradecimiento: quedó impresionado porque sus proveedores financieros lo estaban cuidando. El agricultor ganó, ya que la herramienta salvó su rebaño; el Banco ganó, ya que evitó una situación que claramente se convertiría en un incumplimiento del préstamo, al tiempo que mejoró su relación con el cliente; y el medio ambiente también ganó, porque varios miles de toneladas de carbono no terminaron en la atmósfera. Este es un claro ejemplo del poder de la fintech (del inglés financial technology) para promover una economía baja en carbono.

 

Barreras a la entrada

 

Si las oportunidades están aquí, ¿por qué no todas las instituciones están adoptando estas tecnologías? La primera respuesta es la falta de conocimiento. Para muchos banqueros y operadores del sector financiero, el uso de la tecnología geoespacial todavía suena como algo reservado para investigadores y académicos. Como en la era actual "los datos son el nuevo petróleo", tal percepción no podría estar más equivocada.

 

En segundo lugar, aunque los costos y la accesibilidad están actualmente al alcance de todos, aún se necesita cierto nivel de inversión. Gran parte de los datos y el software son gratuitos o vienen con costos insignificantes. Sin embargo, una institución aún necesita designar un "líder" para este proceso, crear procedimientos y administrar su propia información.

 

Finalmente, existe la inercia inherente que enfrenta cualquier institución: el miedo a lo nuevo. ¿Por qué cambiar si lo que estamos haciendo ha estado funcionando? Para esta última parte, las crisis a veces sirven como chispas para iniciar el cambio. Cuando el capital y los negocios son abundantes, el costo de oportunidad de desviar la atención hacia nuevas estrategias parece alto. En tiempos de crisis, cada nueva pequeña oportunidad puede parecer interesante. A medida que las soluciones de fintech están llegando a afectar los mercados de créditos personales, es probable que muy pronto la tecnología geoespacial haga lo mismo en el sector financiero relacionado con la tierra. Si las instituciones financieras esperan demasiado para entrar en este barco, podría ser demasiado tarde, ya que parte de la competencia ya zarpó.

 

Consideraciones finales

 

Este es solo el comienzo. El uso de estas tecnologías puede permitir a las instituciones obtener una mayor perspectiva estratégica sobre la distribución geográfica de sus operaciones. En consecuencia, dicha recopilación de datos, si se utiliza bien, podría permitir tomar decisiones comerciales más informadas – por ejemplo, planes para la restauración de tierras degradadas. De ser así, los beneficios climáticos son importantes. Para mencionar solo un caso, la recuperación de aproximadamente 0,5% de tierras de pastoreo por año en Brasil durante 10 años podría resultar en un secuestro de carbono de alrededor de 70 millones de toneladas de CO2eq. Eso es equivalente a todas las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) de Portugal en un año.

 

Existe una voluntad creciente entre consumidores, gobiernos y corporaciones para abordar los riesgos ambientales, las emisiones de carbono y la deforestación. Sin embargo, al final del día, el dinero sigue siendo uno de los factores de motivación más potentes. Es emocionante ver el espíritu que impera entre los bancos y las instituciones financieras para unirse al esfuerzo de sostenibilidad, ya que esto seguramente tendrá un gran impacto en el futuro del planeta y fortalecerá sus negocios. La tecnología puede y jugará un papel clave en este esfuerzo. Los costos se han reducido drásticamente con los avances de la ciencia, por lo que se ha vuelto sumamente accesible. Es hora de escalar, llevar la fintech ambiental a cualquier banco o compañía, de cualquier tamaño, desde cualquier lugar.

 

* Luiz Fernando do Amaral es gerente ejecutivo global para GFW commodities y finanzas en el World Resources Institute, Washington, D.C.

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