El orden emergente que da origen a la agricultura digital

9 Noviembre 2017

La tercera ola tecnológica, la era de la información, resultó en el desarrollo y la construcción de infraestructura de conectividad y capacidad computacional de procesamiento a gran escala y bajo costo para gestionar datos e información de todos los temas que alguna vez alguien hubiera considerado.

 

Nos aventuramos a la cuarta revolución tecnológica, la era del conocimiento, de los algoritmos, de la inteligencia artificial, del descubrimiento de los patrones lógicos que coordinan el funcionamiento de los sistemas. Esta cuarta revolución nos permitirá incrementar de manera fenomenal nuestra infraestructura de sensado de datos para leer nuestro entorno como nunca antes y desarrollar capacidades computacionales de una potencia exponencial con el objetivo final de interpretar la realidad que nos rodea y comprender cuáles son los patrones de comportamiento que aplican a los sistemas para interactuar con ellos de forma proactiva.

 

Bajo esta revolución subyace un cambio de paradigma mucho más profundo y trascendente que impactará las bases mismas de nuestra interpretación de los sistemas socioeconómicos y el libre mercado, tal cual los entendemos hoy en día. Fue el economista Ludwig von Mises uno de los primeros en remarcar que nuestra ciencia económica de mercado no se basa en aplicar modelos que representen reproducciones a escala de la realidad, sino que utilizamos construcciones imaginarias para teorizar sobre la realidad y derivar conclusiones lógicas que resultan en reglas y leyes de aplicación general. La economía pura de mercado es una construcción a partir de datos estadísticos empíricos y parciales de hechos pasados, con serias limitantes para deducir los patrones de comportamientos de los individuos actuantes.

 

En este sentido, el economista Friedrich von Hayek, premio Nobel y discípulo de Mises, precisó que no debemos confundir el orden del mercado con una economía. En el sentido estricto del término, una economía es una organización deliberada y diseñada de cierto número de recursos al servicio de un mismo fin. Sin embargo, a diferencia de una economía, el orden del mercado es independiente de todo fin particular, lo cual hace que pueda ser utilizado para perseguir objetivos individuales numerosos, divergentes e incluso opuestos. Se basa no en objetivos comunes sino en la reciprocidad entre los actores del sistema en beneficio mutuo. Entonces, la principal restricción consiste en considerar que las actividades económicas de los miembros de una sociedad forman o deben formar parte de una economía, en el sentido estricto del término, y que los criterios que gobiernan a esta última deben ser igualmente aplicables a todos en el sistema económico.

 

El mercado en donde se desarrollan las actividades económicas sirve a una multiplicidad de objetivos que son diversos, invalorables y surgen de las interacciones genuinas entre los miembros del sistema. La ciencia que estudia los intercambios comerciales en un mercado libre se denomina catalaxia o cataláctica. Constituye una parte de la teoría general de la acción humana, metodología que estudia la estructura lógica de la acción humana y describe el proceso por el cual el orden emerge del caos aparente de innumerables interacciones individuales entre participantes en un sistema complejo.

 

El mercado es un proceso social de interacciones humanas; es un proceso dinámico de interacciones comerciales, impulsado por la fuerza de la función empresarial. Según la catalaxia, la manera en la que un mercado libre fija los precios y determina los intercambios es fruto de un orden espontáneo, resultado de la acción humana pero no de su diseño. Las acciones que sirven perduran y su combinación también espontánea acaba dando lugar a instituciones humanas, que aparecen sin que el hombre se haya planteado deliberadamente su creación.

 

El orden espontáneo que permite el surgimiento y desarrollo de sociedades sofisticadas es inabarcable para la razón humana debido a los detalles de la información requerida, en el sentido de comprender su funcionamiento, por lo que no se puede diseñar o planificar. Los datos estadísticos centralizados no pueden transmitir esta información porque las estadísticas son creadas por resúmenes abstraídos del intrincado entramado que constituye la realidad. La injerencia de una autoridad central basándose en datos estadísticos parciales sobre una situación compleja como los precios de los bienes y servicios tiene consecuencias que no se pueden prever porque se desconoce la totalidad de los datos que describe tal situación en su completitud.

 

En otras palabras, nuestra sociedad no tuvo la posibilidad de medir cada variable relevante de nuestro entorno social y la capacidad computacional para procesar y analizar esa enorme cantidad de datos e información para determinar la lógica que explica su funcionamiento. En ese sentido, aunque a sabiendas, tenía sentido asumir una simplificación de la realidad, adoptando modelos empíricos de una economía y extendiéndolos a todo el sistema mediante reglas, leyes e instituciones como forma organizacional de la sociedad. Según esta visión clásica del mundo, la economía es mecánica y se la va ajustando, intentando controlar el proceso para crear el mejor resultado posible. Con la consolidación de la era de la información y el advenimiento de la cuarta revolución tecnológica, toda la estructura socio-económica tendrá que evolucionar y enfocarse en la catalaxia como una nueva comprensión radical de cómo funciona el mundo.

 

Empresas como Facebook, Instagram, Apple, Airbnb, Uber, Mercado Libre, Despegar, Netflix, Amazon, Alibaba, Spotify, Google, Tesla, Bitcoin y muchas más surgen de la catalaxia, generando modelos de negocios basados en la interpretación y promoción de interacciones comerciales genuinas entre los actores del sistema, poniendo a prueba, estresando y cuestionando toda regulación vigente generada por la estructura burocrática fruto de la vieja concepción de economía teorizada.

 

Los nuevos actores del mercado viabilizan esta aparición espontánea de orden que emerge del aparente caos a través de la auto-organización de los individuos. Consiste en modelos de negocios que plasman una combinación libre de personas interesadas en su propio bienestar y que no están intencionalmente tratando de crear orden, superando cualquier estructura que pueda ser creada por un plan o diseño maestro. El libre intercambio de bienes y servicios beneficia inconscientemente a las personas que entran en su dominio, por lo que ya no es posible, dado el volumen colosal de conocimiento generado, que alguna entidad central pretenda homogeneizar las preferencias de los agentes participantes. Entonces, el orden espontáneo consiste en el orden que resulta libremente de la acción humana entre las personas, frente al desorden que surge forzadamente al ejecutar un diseño humano sobre las mismas personas.

 

Por lo tanto, las instituciones burocráticas, en su pretensión de control, son incapaces de lidiar con el principal activo de nuestra era – la información. La apertura es tan rica, fenomenal y diversa, que las estructuras burocráticas se ven desplazadas por obsolescencia desde el momento en que no logran conseguir la comprensión que logra Facebook por ejemplo mediante los perfiles de sus más de dos mil millones de usuarios.

 

La catalaxia es quizás el concepto más poderoso de la economía moderna para empresas, organizaciones e instituciones que pretendan comprender el orden emergente de las fuerzas de los sistemas que conforman nuestra sociedad para sobrevivir y proyectarse. Muchos negocios y profesiones tradicionales que aún hoy tienen sentido en una estructura burocrática de reglas y leyes que rigen nuestro sistema socioeconómico, verán su ocaso al introducirnos cada vez más en sistemas propios de la catalaxia, en donde toda regla que procede de un fin determinado, al describir una conducta concreta, será contraproducente para el funcionamiento de un orden independiente originado por interacciones genuinas de libre mercado.

 

Por lo tanto, las reglas no deberán determinar lo que los individuos deben hacer, sino solamente regir lo que no deben hacer para evitar trasgredir los derechos de los demás. Las nuevas tecnologías nos permitirán conocer todas las interacciones y los perfiles de los individuos participantes, detectando el equilibro óptimo resultante del orden espontaneo del sistema, propio de dejar que los humanos actúen por su cuenta. Así desaparecerán negocios y empleos propios de la vieja concepción y se crearán nuevos e innovadores negocios.

 

La innovación verdaderamente disruptiva sólo surge de la catalaxia. Es un resultado espontaneo que surge de la capacidad de resiliencia de individuos comprometidos a los que les sienta bien exponerse a entornos volátiles. La exposición a la incertidumbre incrementa el riesgo, lo que impulsa la innovación. Así, es poco probable que proyectos sin restricciones financieras produzcan innovación alguna, ya que están completamente alejados de cualquier factor estresante que pudiera causar la necesidad de innovar.

 

De igual forma, los subsidios y las regulaciones de “lo que se debe hacer” atentan contra la innovación porque distorsionan las interacciones entre individuos basadas en reciprocidad al punto que no son genuinas, sino forzadas. Como los burócratas responsables de la toma de decisiones que asignan los recursos y formulan las regulaciones no tienen nada que ver en el juego, conducen a una mala asignación de los recursos y a fallos del mercado, no sólo sin un mecanismo de retroalimentación y ajuste que no sea su propio criterio subjetivo y parcial, sino también sin ningún incentivo para obtener retroalimentación en primer lugar.

 

Agricultura digital

 

La agricultura digital se entiende mejor utilizando el lente conceptual de la catalaxia porque surge de la necesidad de gestionar recursos escasos, midiendo cada variable relevante del negocio para interpretar y contextualizar dichos datos según la realidad de cada productor agropecuario. Durante los últimos 20 años desarrollamos el hardware necesario en cuanto a biotecnología y máquinas precisas. El desafío de la agricultura digital consiste en interpretar los datos generados por dicho hardware para determinar los comportamientos lógicos del sistema que nos permitirán optimizar la gestión de los recursos invertidos de forma sustentable, para maximizar la producción de ingredientes alimenticios, productos industriales y energía. El desafío consiste en trascender la situación actual en la que contamos con muchos datos pero poco conocimiento específico para duplicar la productividad global de la industria.

 

Nada es más determinante en agricultura que la identificación de áreas o zonas de igual manejo agronómico dentro de un campo. Lo que es exitoso en una clase de suelo o en un tipo de clima no funciona necesariamente igual en otro lugar, con un suelo diferente y/o diferentes patrones climáticos. Integrando datos provenientes de distintas fuentes se reconocen sectores dentro de un campo que expresan una combinación homogénea de rendimiento, eficiencia en el uso de insumos, disponibilidad de agua e impacto ambiental. La cantidad de estas zonas o ambientes se determina por los distintos tipos de manejos a realizar que tengan un impacto económico relevante. La aplicación de algoritmos hace que la agricultura sea más eficiente, rentable y ambientalmente responsable.

 

Para este fin, resulta relevante la detección de la ubicación, la clase de información geográfica que estará presente en todas nuestras máquinas y herramientas – y que va impregnando el mundo real con el poder de lo virtual. Los mapas del mañana, conectados integralmente a todo lo que se mueve, serán tan fundamentales que el mapa mismo; en efecto, serán su sistema operativo. La Internet se está transformando en una única gran computadora compartida, siendo la detección de la ubicación una de sus funciones individuales más importantes en la actualidad. El mapa se convertirá en parte de la infraestructura de la información, un recurso más completo y, en muchos aspectos, más preciso.

 

La creación de un gran mapa a partir de cientos o miles de capas de datos, incluyendo detalles decisivos para la efectividad y eficiencia de la producción agrícola, permitirá generar información productiva de impacto económico a partir del uso de sistemas de reconocimiento de patrones. Los programas de visión computarizada indagarán valores de nutrientes, datos meteorológicos, dosis de fertilizantes, número de semillas por metro e incluso la presencia de enfermedades, malezas y plagas, en cuyo caso un robot marcará el punto correspondiente en el mapa para ejercer una acción en consecuencia.

 

Los objetos “conversarán” para dar soluciones a los usuarios y así crecerán las aplicaciones analíticas orientadas al negocio, siendo las máquinas la principal fuente generadora de datos. La “Internet de las cosas” dará un importante paso y los datos generados por usuarios y máquinas se convertirán en nuevos servicios para resolver problemas concretos. En los próximos años, todas las maquinarias agrícolas recorrerán de forma autónoma los campos con múltiples sensores de funcionalidad, registrando datos y operando en consecuencia.

 

El diseño de un programa agronómico específico para cada metro cuadrado de suelo, mediante la utilización de satélites, biotecnología y algoritmos matemáticos, permitirá ganar en eficiencia, evitando el uso excesivo de insumos escasos y potencialmente perjudiciales para el medio ambiente. Esta información de los agricultores será muy valiosa para las empresas que comercializan insumos agrícolas. Asimismo, las empresas de comercialización de granos que tratan con mercados futuros agrícolas dispondrán de información de gran valor comercial al contar con registros de rendimiento hiperlocalizados y en tiempo real. Estas nuevas tecnologías permitirán racionalizar los mercados globales de granos e insumos.

 

El ingeniero agrónomo se verá potenciado, y su trabajo será más relevante aún. La capacidad de decisión será crucial en un negocio más intensivo en capital y conocimiento por hectárea o por tonelada. Los ingenieros del futuro escalarán rápidamente el nivel de sus conocimientos dentro de este nuevo mundo de datos cosechados y procesados cada vez de manera más automatizada y sistematizada. Ya no existirá un límite tan claro entre ingeniero agrónomo e ingeniero industrial, o experto en logística, o informático, pero el dominio de la ciencia agronómica será cada vez más relevante.

 

El acceso a más y mejor información productiva corregirá las imperfecciones en el mercado de tierras agrícolas. Lo que ha sido un mercado disperso y desorganizado se transformará en un mercado preciso y racional con el advenimiento de la agricultura de los datos. La agricultura digital también afectará el negocio de los seguros agrícolas. Los datos sobre las explotaciones individuales permitirán a las compañías de seguros identificar las explotaciones de menor riesgo, más productivas – lo que resultará en la prestación de un seguro menos costoso. Esto pondrá fin a los actuales programas de seguros de cultivos basados en la distribución promedio del riesgo y disminuirá los costos en las mejores zonas agrícolas, racionalizando el negocio.

 

Nos acercamos rápidamente a un futuro virtual. La agricultura será una de las primeras industrias en explotar el valor de la era digital hacia una agricultura inteligente, responsable con el medioambiente, más eficiente y rentable. La agricultura digital requiere ingeniería extrema para construir este nuevo tipo de computadora, que pueda tomar datos del mundo real y usarlos para entender lo que está sucediendo a su alrededor.

 

No es ninguna exageración pensar que un dispositivo inteligente será el equivalente de un cursor que se moverá a través de un mapa del mundo a una escala de uno a uno. Cuando el mundo real se transforme en un conjunto de datos, comenzará a adoptar algunos de los aspectos del mundo virtual y el orden emergerá de forma espontánea.

 

* Leonardo Cristalli es el CEO de OKARATech.

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