El movimiento por un comercio justo y los Objetivos de Desarrollo Sostenible

30 Junio 2018

El comercio justo es un movimiento socioeconómico global, que propone una manera distinta de entender las relaciones económicas y comerciales. Es un modelo de comercio que pone en el centro de la escena a los seres humanos y a la sostenibilidad social, económica y ambiental de las sociedades, en vez de a la maximización de las ganancias privadas. Se trata de un modelo que busca dignificar el trabajo de todos los actores involucrados en las cadenas comerciales.

 

Los principales objetivos del movimiento son: i) asegurar a los pequeños agricultores y artesanos el acceso más directo posible a los mercados comprometidos con el comercio justo y la calidad; ii) garantizar a los trabajadores agrícolas y artesanales condiciones de trabajo dignas, promoviendo su asociatividad y empoderamiento; y iii) promover la cultura y las prácticas del consumo responsable. 

 

El comercio justo se desarrolla con diferentes enfoques: el comercio justo Sur-Norte (el más desarrollado), el comercio justo Sur-Sur, Norte-Norte, Sur y Norte (ambos a nivel local y nacional), el comercio justo entre el campo y la ciudad, con certificaciones por terceros o con sistemas participativos de garantías. Todos estos enfoques comparten principios y valores comunes:

 

- crear oportunidades para los productores que se encuentran en desventaja respecto a los actores dominantes;

- desarrollar relaciones comerciales estables y de largo plazo, basadas en el diálogo y en el respeto mutuo entre productores, compradores y consumidores;

- pagar un precio justo, un premio social y un prefinanciamiento;

- rechazar la explotación infantil y al trabajo forzoso;

- promover la equidad de género y no discriminar;

- garantizar la libertad de asociación y entornos de trabajo seguros y saludables;

- fomentar el desarrollo de las capacidades de los grupos más vulnerables;

- promover los principios y valores del comercio justo a través de la sensibilización y la incidencia social y política; y

- mejorar la sostenibilidad ambiental a lo largo de las cadenas de valor.


Estos principios nos dan una idea clara de la multidimensionalidad del enfoque de desarrollo del comercio justo – multidimensionalidad que, años después, se vio reflejada en los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) entre los años 2000 y 2015 y, hoy, en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), acordados para los años 2015 a 2030.

 

El ODM 8 establecía la necesidad de fomentar una alianza mundial para el desarrollo sostenible. Hoy en día, esta necesidad se hace cada vez más evidente y urgente. Nos obliga a repensar tanto las acciones cotidianas de los ciudadanos, electores y consumidores, como las reglas de convivencia a nivel local, nacional, regional y global. Uno de los movimientos que propone reescribir estas reglas es justamente el de comercio justo.

 

Este movimiento constituye una alianza global para el desarrollo. Por tanto, es un aliado clave para el logro de los actuales ODS. Además de multidimensional, el enfoque de desarrollo del comercio justo es, en primer lugar, multi-stakeholder porque incluye a variados actores: productores, trabajadores, cooperativas, empresas, exportadores, importadores, supermercados, tiendas especializadas y consumidores finales. En segundo lugar, el enfoque de desarrollo del comercio justo es multinivel porque sus organizaciones locales, nacionales, regionales y globales comparten una responsabilidad común, dialogan a partir de sus diferencias y se coordinan internacionalmente, promoviendo la participación entre estos niveles y estimulando iniciativas locales, nacionales o regionales. A través de este equilibrio, cada nivel encuentra su lugar dentro del movimiento, respondiendo a las distintas culturas y contextos.

 

El ODS 1 busca reducir la pobreza, garantizar los derechos a los recursos económicos y acceso a los servicios básicos, la propiedad y el control de la tierra. El comercio justo responde a este objetivo, garantizando un comercio en mejores condiciones. En términos económicos, el comercio justo promueve:

 

- el pago de un precio justo a los productores, que cubra una remuneración digna del trabajo y los demás costos de producción. Además del precio mínimo, se promueve el pago de diferenciales por la calidad del producto;

- el pago de un premio social a las organizaciones o comités de trabajadores para que puedan llevar a cabo inversiones sociales. Ello permite contar con recursos para, por ejemplo, educación, protección ambiental, saneamiento y salud y vivienda en las comunidades de pertenencia. En el caso de las organizaciones, se puede también mejorar las inversiones en productividad o calidad de los productos. Estas elecciones dependerán de las decisiones que los productores tomen de forma democrática en respuesta a las necesidades y prioridades de sus familias y comunidades; y

- el prefinanciamiento que fomenta el adelanto de entre un 50% y 60% del costo final del pedido. Esto responde a otra clara barrera de mercado que todavía sufren los pequeños productores: la poca facilidad de acceso a créditos y al sistema bancario convencional.


El ODS 2 guarda relación con la seguridad alimentaria y la agricultura sostenible. Varias de sus metas están intrínsecamente relacionadas con la labor del comercio justo. Por ejemplo: duplicar la productividad agrícola y los ingresos de los productores de alimentos en pequeña escala (2.3); asegurar la sostenibilidad de los sistemas de producción de alimentos y aplicar prácticas agrícolas resilientes (2.4); corregir y prevenir las restricciones y distorsiones comerciales en los mercados agropecuarios mundiales (2.5-2a). El comercio justo aborda de manera directa o indirecta estas metas, y otras. El reto de la productividad es una constante en todas las organizaciones de los productores, pero también para los compradores y para el movimiento en general. Por ejemplo, desde 2014, la Coordinadora Latinoamericana y del Caribe de Pequeños Productores y Trabajadores de Comercio Justo (CLAC) está implementando el Programa de Incremento de la Productividad (PIP), el cual tiene como objetivo difundir y transferir tecnología para la optimización del manejo agronómico de los sistemas de producción de banano en Colombia, Costa Rica, Ecuador, Panamá, Perú, República Dominicana, San Vicente y las Granadinas y Santa Lucía.

 

 

Como vimos, la equidad de género (ODS 5) es otro pilar fundamental del comercio justo. En América Latina y el Caribe, CLAC está impulsando su política de género, de fácil adaptación local por parte de todas sus organizaciones. En ella se plantean estrategias concretas de empoderamiento y transversalización de género, buscando fomentar la participación activa de las mujeres e impulsar programas formativos que permitan el empoderamiento de las mujeres en todas las actividades organizativas, productivas y comerciales.

 

A nivel global, también existen experiencias que pueden ser definidas como “discriminación comercial positiva” – por ejemplo, el caso de “Café Femenino”. Con la compra de café que lleva este sello, los consumidores están dispuestos a pagar más por un producto enteramente producido y comercializado por mujeres.

 

También varias metas del ODS 8 se relacionan directamente con el comercio justo: erradicar el trabajo forzoso; poner fin a las formas contemporáneas de esclavitud y la trata de personas; y asegurar la prohibición y eliminación de las peores formas de trabajo infantil. Esta meta se vincula directamente con uno de los principios fundamentales del comercio justo y con una de las líneas estratégicas del trabajo de CLAC a nivel continental.

 

Basados en las convenciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), los estándares del sistema Fairtrade incluyen los cuatro derechos fundamentales reconocidos en la Declaración de Principios y Derechos Fundamentales del Trabajo: i) libertad sindical y negociación colectiva; ii) no discriminación; iii) abolición del trabajo forzoso; y iv) abolición efectiva del trabajo infantil. Dentro de los esquemas productivos de comercio justo, se permite y fomenta la participación de niños y niñas en la economía familiar siempre y cuando esto no interfiera con la educación, el ocio y el descanso; y siempre y cuando las tareas que se realicen sean ligeras, no perjudiquen el bienestar del niño y estén supervisadas por familiares adultos. Un ejemplo de esto en América Latina y el Caribe es la política de protección infantil y del adulto vulnerable[1] implementada desde CLAC. Esta iniciativa se orienta tanto a la prevención como a reportar y brindar protección ante cualquier caso de abuso, peor forma de trabajo infantil o trabajo forzoso. Los criterios Fairtrade también acompañan la meta 8.5 que busca promover condiciones de trabajo dignas.

 

El ODS 10 busca reducir la desigualdad en y entre los países, lo que es a su vez uno de los objetivos claves del comercio justo. El movimiento promueve un mayor equilibrio en las relaciones comerciales entre los países del Norte y del Sur. Además, promueve la reducción de las desigualdades al interior de los propios países: entre quienes tienen y quienes no tienen oportunidades y las pueden aprovechar; entre quienes tienen acceso a los mercados, fuerza comercial y pueden negociar precios o condiciones contractuales, y quienes no pueden hacerlo; entre los que cumplen con los requisitos del sistema bancario convencional y pueden tener acceso al crédito, y los que no pueden; y entre los que pueden financiar investigaciones e implementar nuevas tecnologías, internalizando costos y riesgos del cambio climático, y los que no pueden.

 

El ODS 12 busca garantizar patrones de consumo y producción sostenibles, propósito que se encuentra en el centro del trabajo del movimiento por un comercio justo. Entre las metas de dicho objetivo, se encuentran: alentar a las empresas, en especial las grandes y transnacionales, a que adopten prácticas sostenibles (12.6); promover prácticas de adquisición pública que sean sostenibles (12.7); y asegurar que las personas de todo el mundo tengan la información y los conocimientos pertinentes para el desarrollo sostenible y los estilos de vida en armonía con la naturaleza (12.8).

 

El consumo propio de la empresa también debe ser considerado dentro del análisis de prácticas sostenibles. Con ello, se amplía la visión tradicional que se centra solo en la producción a lo largo de la cadena de valor. En otras palabras, muchas empresas asumen el desafío de la sostenibilidad dentro de su cadena de valor, pero siguen adquiriendo todo tipo de producto para su consumo interno. En estos casos, el comercio justo incentiva a las empresas a que se conviertan en consumidores finales de productos de comercio justo, cambiando sus políticas de adquisición interna.

 

El cambio hacia un “comercio justo” necesita un constante trabajo de sensibilización y educación, no sólo con los ciudadanos y consumidores, sino también con las instituciones públicas, el sector privado, el sector cooperativo y de la economía solidaria, y el de la sociedad civil. Las organizaciones de comercio justo en todo el mundo mantienen un compromiso firme con este tipo de actividades. En América Latina y el Caribe, la CLAC está liderando dos campañas dirigidas a actores externos al movimiento, para que se conviertan en aliados activos del comercio justo.

 

La primera de dichas campañas es “Universidades Latinoamericanas por el Comercio Justo”[2]. El objetivo es desarrollar en conjunto con la academia actividades de investigación, extensión social y vinculación directa con las organizaciones de pequeños productores de comercio justo y de la economía solidaria. En las universidades se forman a los presentes y futuros tomadores de decisiones políticas y económicas. Además, la academia es central en todos los procesos de investigación y desarrollo. Por estas razones, las universidades tienen un enorme potencial para convertirse en actores protagónicos para el fomento de relaciones comerciales más justas y sostenibles.

 

La segunda campaña es la de “Ciudades y Pueblos Latinoamericanos por el Comercio Justo”[3], que adapta a nivel continental la campaña global Fair Trade Towns. En América Latina y el Caribe, la campaña busca construir estrategias de promoción del comercio justo a nivel local a través del trabajo en conjunto entre tres actores fundamentales: i) productores de comercio justo y sus organizaciones; ii) autoridades locales y sus representantes; y iii) organizaciones de la sociedad civil local.

 

El comercio justo también contribuye a las metas del ODS 13: fortalecer la resiliencia y la capacidad de adaptación a los riesgos relacionados con el clima y los desastres naturales en todos los países (13.1); incorporar medidas relativas al cambio climático en las políticas, estrategias y planes nacionales (13.2); mejorar la educación, la sensibilización y la capacidad humana e institucional respecto de la mitigación del cambio climático, la adaptación a él, la reducción de sus efectos y la alerta temprana (13.3).

 

El calentamiento global y los consecuentes cambios climáticos son una realidad y todos los productores están sufriendo desde hace años sus consecuencias. Los estándares Fairtrade promueven un uso más eficiente de la energía, los suelos y los recursos naturales e hídricos. Además, en América Latina y el Caribe, la CLAC está apoyando a los productores en sus procesos de adaptación al cambio climático, al mismo tiempo que se desarrollan acciones de incidencia para sensibilizar a las sociedades y los tomadores de decisiones. Uno de los aspectos más importantes que defiende la CLAC es la urgente necesidad de compartir los riesgos del cambio climático a lo largo de toda la cadena de valor, ya que en la actualidad quienes asumen los riesgos son principalmente los productores, en particular los más pequeños. A tal fin, es necesario aunar los compromisos de actores gubernamentales, privados, de la cooperación internacional, de la sociedad civil y de las mismas organizaciones productivas de la economía social y solidaria.

 

El ODS 16 busca promover sociedades justas, pacíficas e inclusivas: el movimiento contribuye a garantizar la adopción, en todos los niveles, de decisiones inclusivas, participativas y representativas (16.7). La inclusión y participación efectiva de los productores en las cadenas comerciales y en los procesos de toma de decisiones políticas y sociales, son pilares fundamentales del movimiento y del trabajo cotidiano de la CLAC en América Latina y el Caribe. Los pequeños productores agrícolas no pueden ser considerados solo como beneficiarios de las políticas públicas. Deben poder participar activamente en los procesos de diseño, implementación, monitoreo y evaluación de las políticas públicas o programas de cooperación en cada país. El ODS 16 proporciona un marco favorable para esta participación directa.

 

Finalmente, el ODS 17 busca revitalizar la Alianza Mundial para el Desarrollo Sostenible, donde el comercio justo, como hemos visto, puede aportar en varias de sus metas. Alcanzar un desarrollo sostenible o de “buen vivir” requiere cambios profundos en los patrones productivos y de consumo globales. Generar estos cambios no es una responsabilidad exclusiva de los productores y de los consumidores, sino también del sistema político de nuestras sociedades.

 

* Marco Coscione es coordinador del Programa Comercio Justo (CIESCOOP-USACH, Chile).




[1] Véase: <https://bit.ly/2lAAq5R>.

[2] Véase: <https://bit.ly/2N3NWvh>.

[3] Véase: <https://bit.ly/2Iv4oBw>.

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30 Junio 2018
El artículo discute los desafíos que impone la Agenda 2030 y el cambiante escenario económico y geopolítico internacional al desarrollo sostenible de América Latina y el Caribe. La autora argumenta que la integración de la región y el acceso a financiamiento son dos requisitos indispensables para este desarrollo.
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30 Junio 2018
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