Editorial | Comercio y energía, un camino sostenible

14 Julio 2014

El acceso a la energía y a los servicios energéticos es fundamental para lograr el desarrollo sostenible. En efecto, la Declaración de Río+20 de junio de 2012 subraya que el acceso a los servicios energéticos modernos y sostenibles es toral para erradicar la pobreza y propiciar la inclusión social y la igualdad de género. También pide el uso de una matriz energética apropiada mediante el fomento de las fuentes de energías renovables y otras tecnologías bajas en emisiones, así como el mejoramiento de la eficiencia energética. Hay también notorios llamados a racionalizar los subsidios ineficientes a los combustibles fósiles y reflejar sus costos ambientales dado el gran impacto que tienen sobre las comunidades y las poblaciones más pobres.

El papel del comercio internacional en esta gran tarea parecería no ser tan evidente. En materia de eliminación de subsidios a los combustibles fósiles, es cierto que el campo de acción es limitado, pues el sistema multilateral de comercio no regula los subsidios al consumo, por lo que escapan al sistema de solución de diferencias.

Sin embargo, iniciativas tales como un posible Acuerdo Comercial de Energía Sostenible (SETA, por sus siglas en inglés) que definan el tratamiento arancelario y la clasificación de bienes de acceso a energía sostenible en bienes ambientales, que delimiten el uso de requisitos de contenido local e incluso el uso de medidas de defensa comercial y que precisen las reglas de facilitación de comercio, entre otros aspectos, sería un aporte sustantivo al debate y a la relación directa entre comercio y energía sostenible.

Propuestas intermedias como una “cláusula de paz” o normas específicas para tarifas reguladas y requisitos de contenido local, así como para medidas antidumping y compensatorias aplicables a energías renovables son alternativas viables para su cabal negociación y aplicación desde la política comercial.

La liberalización de bienes ambientales firmada en enero de este año por 14 países miembros de la OMC, entre ellos Estados Unidos, China, la Unión Europea y Costa Rica, representa un gran avance. En términos económicos, el total del comercio mundial de bienes ambientales alcanzó en 2012 los US$ 955 mil millones, inclusive con aranceles en algunos productos de hasta un 35%.

En América Latina, por un lado y de acuerdo a diversas organizaciones internacionales, entre 5% y 7% de la población no tiene acceso a energía y a servicios energéticos y cerca del 15% sigue dependiendo del uso tradicional de la biomasa para cocinar. Por el otro, la matriz energética, con variantes entre países, todavía es muy dependiente de los combustibles fósiles, pues está dominada en un 80% por hidrocarburos y carbón mineral que son intensivos en emisiones de carbono. Por ende, el desarrollo de las energías renovables en el continente y el papel del comercio internacional todavía tienen muchas oportunidades que explorar y explotar.

Esperamos que las reflexiones y recomendaciones de los expertos que escriben en esta entrega resulten de utilidad e interés para dicho fin.

El equipo de Puentes.

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