Después de Seattle

21 Noviembre 1999

A medida que pasa el tiempo, las consecuencias inmediatas de lo ocurrido en la Conferencia Ministerial de Seattle se van haciendo evidentes. Casi dos meses de dicha reunión, es claro que el relanzamiento de la Ronda del Milenio va a ser más complicado de lo que se decía al final de la Conferencia, y que las negociaciones sobre agricultura y servicios que debían comenzar en enero se moverán a velocidad glacial, si es que no quedan congeladas.

El 7 de febrero se reunió el Consejo General de la OMC para retomarlas discusiones, pero los avances fueron muy pocos (ver pag. 7). El propio Director General de la OMC, Mike Moore, a quién se encargó a la finalización de la Conferencia de Seattle la realización de consultas con los Miembros para avanzar en el lanzamiento de una ronda ha declarado recientemente a la prensa que no habrá una nueva Ministerial hasta que no haya acuerdo sobre el programa de trabajo de la misma y que no se ven movimientos sustantivos hacia la solución de las fuertes diferencias que se evidenciaron en Seattle. De todas formas, difícilmente habrá una nueva Conferencia antes de las elecciones presidenciales en EE.UU. el próximo noviembre.

La Unión Europea (UE) y Japón han insistido recientemente en la imposibilidad de avanzar en las negociaciones sobre agricultura si no es en el marco ampliado que ofrece una ronda, y han planteando la necesidad de revisar los procedimientos de la OMC antes de avanzar con las negociaciones. En este sentido, el Secretario General de la UNCTAD, el brasileño Rubens Ricupero, advirtió que las discusiones sobre procedimientos no significan nada si no van acompañadas de substancia, y que embarcarse en ejercicios de ingeniería institucional independientemente de los contenidos de los procesos podría hasta ser contraproducente.

En suma, se ha abierto un compás de espera significativo en las negociaciones comerciales. Esto permite a nuestras naciones profundizar ciertos temas de más largo aliento y discutir estrategias y propuestas.

Seattle nos legó una Declaración Ministerial trunca, en la que pueden verse concretamente las propuestas que sobre los distintos temas se han planteado. Si bien ese texto está lejos de ser un punto de partida para las negociaciones futuras (la UE, por ejemplo, ha expresado que las negociaciones sobre agricultura tendrán que reiniciarse "desde el comienzo")las propuestas son el fruto de trabajos previos que difícilmente serán descartados por quienes los han propuesto. De entre los temas que este impase nos permite profundizar, queremos aquí brevemente pasar revista del estado de cosas después de Seattle en lo que se refiere a comercio y medio ambiente, y transparencia de la OMC. Por su parte, los artículos en pags. 3 y 5 nos ofrecen distintas interpretaciones de las implicancias del fracaso de la Ministerial para América Latina.

Comercio y medio ambiente en Seattle

La Conferencia de Seattle representó un avance en lo que significa sensibilizar al sistema multilateral de comercio a preocupaciones ambientales. Pueden señalársela falta de resultados concretos y la incertidumbre sobre la suerte que correrá el tema de ahora en más, pero en la perspectiva de anteriores reuniones, Seattle marca una diferencia sustancial. Paradójicamente, la experiencia de Seattle también demostró, por si quedaba alguna duda, que en las negociaciones en la OMC los temas ambientales son marginales, lo cual resalta la importancia de entenderla convergencia entre los regímenes comerciales y ambientales internacionales como un proceso que toma su tiempo, y frente al cual es necesario actuar con meditación.

Lo ocurrido en torno a la propuesta de creación de un grupo de trabajo sobre biotecnología (quizás la única instancia en que se discutió un tema ambiental) ilustra con claridad la situación del medio ambiente en la OMC. Cuando todo indicaba que las propuestas de creación de este grupeen la OMC (que en efecto significaría un debilitamiento sustancial del Protocolo de Bioseguridad que se estaba negociando entonces y fue aprobado recientemente) fracasarían por la oposición de la UE, manifestada en reiteradas declaraciones de los Ministros de Medio Ambiente, la Comisión Europea decidió aceptar las propuestas, con algunas modificaciones, a cambio de que los proponentes (Canadá, EE.UU.) hicieran concesiones en otras áreas puramente comerciales. Es decir, aún para los países que se precian de ser la vanguardia de las relaciones entre comercio y medio ambiente, la cuestión es poco más que una ficha en el juego de obtención de concesiones comerciales.

Este episodio (y la suerte que corrieron las demás propuestas que se plantearon) llama a reflexión. Pareciera que ningún país está listo para negociar un régimen comercial multilateral convergente con la sustentabilidad del desarrollo - ningún país está dispuesto a modificar su agenda comercial en función de imperativos de desarrollo sostenible. Pese a toda la retórica y el trabajo analítico que se genera especialmente en EE.UU. y la UE, lo cierto es que la política ambiental sigue siendo muy débil frente a la política comercial. En este sentido, es interesante notar cómo las grandes ONG de los países más poderosos todavía no pueden influir sustantivamente sobre las agendas comerciales de sus propios Estados, no obstante lo cual ejercen un fuerte cabildeo sobre los países en desarrollo. Si a esto se extienden los dichos de Clinton en relación a normas laborales (en el sentido de que sería deseable en el futuro poder imponer sanciones comerciales para impulsar estándares laborales en los países en desarrollo), los motivos de preocupación sobre las intenciones y los efectos de vincular comercio y medio ambiente en el corto plazo siguen tan vigentes como antes.

En suma, Seattle nos deja por un lado logros significativos, algunos formales (como que el borrador de Declaración Ministerial incorpore preocupaciones ambientales), y otros mas sustantivos (como un debate público amplio y una mayor conciencia sobre el tema entre los gobiernos y el público en general). Pero por el otro nos permite medir cuan lejos hemos llegado en este camino, y hace pensar si, hoy por hoy, no hay más razones para temer una utilización perniciosa de la vinculación comercio -medio ambiente que esperar un comportamiento responsable.

Comercio y medio ambiente en la Declaración Ministerial

Como se dijo, el tema ambiental fue siempre marginal a las negociaciones en su conjunto, aunque en relación a anteriores Conferencias, la inserción de estas cuestiones ha sido notoria y significativa. El último proyecto de Declaración Ministerial que se llegó a discutir (hay que recordar que no estaba consensuado) contiene las siguientes menciones claramente relacionadas con medio ambiente:

    • El Preámbulo hace mención al sistema de comercio y la identidad cultural, la diversidad y la necesidad de adaptación a la globalización. También menciona el derecho de las comunidades indígenas a beneficiarse del comercio internacional, y hace una larga y problemática alusión al medio ambiente, en la que se mezclan los temas de sinergias y coordinación política, los conflictos entre la liberalización y la protección del medio ambiente y el derecho de cada país de fijar estándares ambientales según le parezca.

 

    • En el capítulo sobre los objetivos de una nueva ronda de negociaciones se mencionan el desarrollo (promover el desarrollo y la erradicación de la pobreza) y el desarrollo sostenible. La importancia de estas menciones es que abren el terreno de lo legítimamente discutible en una eventual ronda.

 

    • Respecto a la estructura de una eventual ronda, se asigna al Comité de Comercio y Medio Ambiente de la OMC un papel más activo en el seguimiento de las negociaciones. Con este mandato, el Comité analizaría las distintas negociaciones desde la perspectiva de sus implicancias ambientales.

 

    • En el capítulo sobre agricultura, se hizo explícito que el concepto de "preocupaciones no comerciales" del Art. 20 del Acuerdo sobre la Agricultura incluye la necesidad de proteger el medioambiente. Este es un fuerte reclamo de la UE y se enmarca, por un lado, en sus estrategias proteccionistas, y por el otro en la presión interna delas ONG en los países de la Unión.

 

    • En el capítulo sobre normas de la OMC, se hace referencia a la necesidad de eliminar los subsidios a la pesca, lo que contribuye al exceso de capacidad pesquera y el consecuente agotamiento del recurso. Esta iniciativa fue presentada como una en la que todos ganan: el comercio, el medio ambiente y el desarrollo.

 

    • En materia de propiedad intelectual, se menciona el examen de las relaciones del Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC) con el conocimiento tradicional. También se menciona la revisión del Art.27.3(b) a la luz de los nuevos desarrollos y prácticas tecnológicas y legales. La importancia de estas menciones es doble: por un lado, recogen las preocupaciones de varios países (y orgnizaciones no gubernamentales) en especial los andinos, sobre los impactos del régimen de propiedad intelectual sobre el conocimiento tradicional; por el otro, hacen referencia a los nuevos marcos legales (como el Convenio de Diversidad Biológica) y abre la puerta a que se discutan en la OMC aspectos relacionados con la bioseguridad.

 

    • La Declaración contiene la creación de un Grupo de Trabajo sobre Biotecnología con un mandato de investigación. Tres propuestas fueron presentadas sobre este tema: una por Canadá, otra por EE.UU. y una tercera por la UE. Como se indicaba arriba, ésta última causó conflicto entre los miembros de la UE, quienes, por boca de los Ministros de Medio Ambiente, desconocieron la iniciativa y la adjudicaron a la discrecionalidad de la Comisión. La creación de semejante Grupo sería muy problemática para la efectividad del Protocolo de Bioseguridad, y su creación parecía gozar del apoyo tácito de algunos países del Grupo Cairns, especialmente los que son también miembros del Grupo Miami en las negociaciones del Protocolo (como Argentina, Chile y Uruguay).

 

    • También se hace mención a la necesidad de que los países en desarrollo efectivamente participen en las discusiones de los organismos internacionales de estandarización. Esta mención tiene importancia ya que en estas organizaciones se determinan estándares y normas ambientales que tienen relación con las barreras técnicas al comercio en el seno de la OMC.

 

    • La iniciativa de Liberalización Acelerada del Comercio, relacionadaa un conjunto de bienes de los cuales se esperaba reducir en forma acelerada sus aranceles, entre los que estaban los productos forestales, no fue acogida. Por ahora parece poco probable que se des aranceliceel comercio de productos forestales, posibilidad que había puesto en alerta a muchas organizaciones ambientalistas.



Finalmente, cabe notar que las preocupaciones ambientales se encuentran diseminadas a lo largo del texto, lo cual en sí mismo también es indicativo de los avances que se están dando en la vinculación del comercio y el medio ambiente.

(Cont...)

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