Desempleo juvenil y proteccionismo en el G-20. Incoherencia política y regulatoria

5 Junio 2014

En la declaración de San Petersburgo de septiembre 2013, los líderes de las principales economías del mundo se comprometieron a fomentar el comercio internacional y la inversión. Este mensaje fue positivo en el contexto de la débil recuperación de la economía global y la desaceleración del comercio internacional. Asimismo, los líderes se comprometieron a luchar contra el proteccionismo y a desmantelar las medidas proteccionistas que se implementaron a raíz de la crisis.

Dentro del G-20 existe consenso de que el comercio internacional es una pieza fundamental para el crecimiento económico, el desarrollo sostenible y la creación de empleo. Sin embargo, es como si este consenso no existiera un vez que los representantes del G-20 regresan a sus países.

En el último informe de la Organización Mundial del Comercio (OMC) sobre el G-20 se registró que la mayoría de los países miembros todavía implementan, independientemente de sus compromisos y promesas, medidas comerciales restrictivas. La OMC también señala que en total el grupo ejecutó 116 nuevas medidas que restringen el comercio internacional de mayo a noviembre de 2013 (Tabla 1). Las medidas más frecuentes fueron el inicio de nuevas investigaciones anti-dumping, el incremento de tarifas a la importación y la aplicación de procesos aduaneros más complejos. En total, se estima que estas medidas afectan al 1,1% de las importaciones de mercancías del G-20 y al 0,9% de las importaciones mundiales (Tabla 2). 

Asimismo, a pesar de los acuerdos pactados en San Petersburgo, solo el 19,8% de las medidas proteccionistas que se implementaron después de la crisis financiera de 2008 han sido eliminadas. La acumulación de las medidas proteccionistas del G-20 afecta casi al 3,9% del total de las importaciones mundiales y al 5% de las importaciones intra G-20 (Tabla 2).

a Cifras de importación de 2010. b Cifras de importación de 2011. c Cifras de importación de 2012.

La débil recuperación económica y las altas tasas de desempleo en algunos países dentro del G-20 han incentivado el uso de políticas proteccionistas. Aunque estas medidas proporcionan un alivio temporal en algunas industrias, en el largo plazo reducen el desempeño de la economía y afectan de manera negativa el mercado laboral. 

El impacto positivo de la apertura comercial en el empleo
Los vínculos entre la liberalización comercial y el empleo son complejos, pues el comercio es responsable simultáneamente de la creación y pérdida de empleos. Aunque un gran número de estudios empíricos y econométricos han analizado la validez de la relación entre el comercio y el crecimiento económico no se ha llegado a un consenso.  Por tal motivo es necesario que los gobiernos implementen políticas que complementen la apertura comercial para garantizar que las empresas y los trabajadores se beneficien de las oportunidades que el comercio internacional genera. Asimismo, estas políticas se tienen que diseñar para que las empresas y los trabajadores que resulten afectados de forma negativa por la competencia puedan reintegrarse a los sectores más dinámicos de la economía. 

La apertura comercial ofrece nuevas oportunidades para la venta (exportaciones) de productos y para el acceso a una amplia gama de insumos de mejor calidad y precios más baratos (importaciones). Asimismo, aumenta la competitividad de las empresas, su crecimiento y su capacidad de generar empleo. De acuerdo con el Banco Mundial, en la década de 1990 el ingreso per cápita creció más de tres veces más rápido en los países en desarrollo (5%) que redujeron las barreras comerciales que en el resto de los países (1,4%). Los beneficios del comercio internacional no se limitan a la internalización de las empresas y al crecimiento per cápita de los países. La crisis demostró que las economías abiertas están más expuestas a los choques externos. Sin embargo, la crisis también es un claro ejemplo de que las economías con mayor apertura comercial se recuperaron más rápido. 

El aumento de la productividad es fundamental para el progreso económico. Un análisis de la OCDE (2009) se refiere a los beneficios en términos de crecimiento económico que tiene una economía abierta con menores costos comerciales. Si la productividad se fomenta por medio de la internacionalización y propicia un ambiente competitivo para la expansión de la producción, el comercio en teoría podría afectar de manera positiva las tasas de empleo. La exportación tiene el potencial de catalizar una expansión en la escala de producción de las empresas y en el número de trabajadores que se emplean.

El G-20 por lo tanto tiene la posibilidad de reavivar el crecimiento económico mundial. Un nuevo análisis realizado por la OCDE en 2010 (Tabla 3) calculó una reducción hipotética del 50% en las barreras no arancelarias y en las tarifas. Los resultados preliminares sugieren un aumento significativo en los ingresos nacionales y en el empleo para todos los países del conglomerado y sus principales socios comerciales.


Nota: En ambos escenarios los países del G-20 implementan una tarifa de reducción nación más favorecida (NMF) de 50% y reducen las barreras no arancelarias 50% con base en el principio de NMF. OECD. (2010). Seizing the Benefits of Trade for Employment and Growth.

La Tabla 3 presenta el cambio porcentual en el empleo de trabajadores calificados y de trabajadores menos calificados en ocho países. Los resultados son claros: una mayor liberalización produce resultados positivos para el crecimiento y el empleo. Aunque el impacto de la liberalización es ligeramente negativo en algunos países, el empleo a largo plazo de los trabajadores calificados y menos calificados aumenta en casi todos los países. Se espera que en el largo plazo también crezca el empleo para los trabajadores menos calificados de 0,9% a 3,9% y que el empleo de los trabajadores calificados aumente 0,1% a 4%. 

Desempleo juvenil: ¿una generación perdida?
Como consecuencia de la crisis financiera, el crecimiento económico en el mundo se estancó y el desempleo aumentó. En 2012, 197 millones de personas no tenían trabajo y 39 millones desistieron de la fuerza laboral. La Organización Internacional del Trabajo (OIT, 2013) proyecta que aun con la recuperación de la economía mundial y la expectativa de crecimiento positiva para 2014 la tasa de desempleo aumente. Se espera que este año el número de desempleados en el mundo ascienda a 205 millones.

Aunque el crecimiento económico mundial se acelere es probable que este no sea suficiente para contrarrestar el desempleo. Se estima que la tasa de desempleo se mantenga en torno al 6% hasta 2017, no muy lejos de su nivel post crisis de 6,2% en 2009. Además, el número de desempleados podría superar los 210 millones en los próximos cinco años (Figura 1). 

Los jóvenes son un grupo particularmente vulnerable al desempleo cíclico. Se estima que 73,4 millones de jóvenes están desempleados (Figura 2) y que este número aumente por medio millón más en 2014. La tasa de crecimiento de desempleo juvenil en 2012 fue de 12,6% y la OIT espera que aumente a 12,9% en 2017. La crisis económica afectó de manera importante a los jóvenes ya que disminuyó los prospectos de empleo y como resultado muchos jóvenes experimentan un desempleo crónico desde su entrada al mercado laboral. Esto afecta su carrera profesional a largo plazo, sus perspectivas de empleo en el futuro e inhibe las habilidades sociales y laborales que los jóvenes deberían de aprender en sus primeros años como profesionistas.

Las tasas sin precedente del desempleo de los jóvenes son alarmantes debido a que la economía global está cerca de crear una “generación perdida” con graves consecuencias económicas y sociales. Por ello, hoy más que nunca los países del G-20 deben trabajar juntos y eliminar las medidas proteccionistas que siguen vigentes para sentar las bases que fundamenten una recuperación económica sólida en el largo plazo. 

Comercio internacional, desempleo juvenil y recomendaciones para el G-20
Para combatir el desempleo global y juvenil es necesario asegurar el crecimiento económico mundial, reformar los mercados laborales y mejorar la educación. Asimismo, se puede fomentar el dinamismo en las industrias intensivas en empleo por medio de la simplificación de los requerimientos para establecer pequeñas y medianas empresas y la gestión de permisos y licencias de construcción. También se recomienda que se flexibilicen los horarios laborales y se remuevan las visas para fomentar el turismo. Todas estas medidas son viables, pues no son costosas y su implementación es relativamente sencilla. 

La política pública y comercial debe concentrarse en la integración de las empresas a las cadenas globales de valor para asegurar un crecimiento económico sostenible que genere más empleo. Estas políticas deben promover el empleo juvenil y por lo tanto enfocarse en cómo se puede integrar a los jóvenes a las empresas exportadoras. 

En síntesis, se han identificado los beneficios del comercio internacional y su potencial para reactivar el crecimiento económico de los países del G-20. Para poder obtener las ganancias del comercio internacional, es imprescindible combinar la apertura comercial propuesta por la OCDE de una reducción arancelaria y no arancelaria de 50% con políticas sociales y laborales que distribuyan de manera equitativa y justa los beneficios de una mayor integración comercial.

Es esencial producir más investigación que sustente la formulación de nuevas políticas comerciales, laborales y sociales y brinde coherencia al sistema económico mundial. Este tipo de investigación puede resultar en políticas comerciales que se enfoquen en promover el empleo de los jóvenes por medio de la liberalización e integración del empleo juvenil en sectores estratégicos.  

Organizaciones como el Global Trade Alertproporcionan información sobre las medidas proteccionistas que afectan el comercio internacional. Dicha institución va más allá de otras iniciativas de monitoreo mediante la identificación de los socios comerciales que pueden verse afectados por estas medidas comerciales. 

El G-20 debe trabajar con la OIT y la OMC para crear un programa de investigación y monitoreo sobre el costo de oportunidad que las medidas comerciales tienen en la creación de empleo. Este tipo de análisis por lo tanto podría cuantificar el número de trabajos que no se generan como resultado de las políticas proteccionistas.

Si pudiéramos medir de manera confiable el impacto directo de las medidas proteccionistas en la creación de empleos podríamos contribuir a la elaboración de mejores políticas públicas y comerciales. Los tomadores de decisión pensarían dos veces antes de implementar políticas que restrinjan o distorsionen el comercio una vez que entiendan los efectos perjudiciales que estas políticas tienen sobre la economía y el empleo. Además, este tipo de información tiene el potencial de crear una sociedad más informada y fomentar la participación a fin de que los ciudadanos se involucren en el cabildeo a favor de la liberalización económica que cada país lleva a cabo frente a sus socios comerciales. 

La liberalización comercial en el G-20 tiene el potencial de reactivar el crecimiento económico y el empleo. La economía, la comunidad internacional y los jóvenes se beneficiarían de un mayor entendimiento del vínculo entre comercio exterior y creación de empleos.

Es momento que los líderes del G-20 cumplan sus promesas y sus propias recomendaciones de políticas públicas para fortalecer el sistema multilateral de comercio, fomentar la reactivación de la economía y rescatar a millones de jóvenes de convertirse en una “generación perdida”.

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