Desafíos y oportunidades de la COP20 para los países latinoamericanos

9 Diciembre 2014

En todo acontecimiento siempre hay oportunidades. La pregunta es si efectivamente se puede hablar de oportunidades a raíz del cambio climático. El presente artículo considera que las oportunidades relativas están ligadas estrechamente a la prevención y al esfuerzo por transformar nuestra práctica en tanto dicho fenómeno implica la multiplicación de nuestras vulnerabilidades.

El cambio climático afectará los niveles de pobreza y limitará el crecimiento económico y desarrollo social y humano. El incremento de los desastres y los riesgos aumentará a su vez la vulnerabilidad a la que está expuesta el ser humano. Debe quedar claro por tanto que el aumento significativo de la temperatura no será nada positivo para el mundo tal y como se conoce.

Esto será así, efectivamente, si es que no se hace nada y si se espera pasivamente el desarrollo de los acontecimientos. Es cierto que hay quienes que al no percibir las señales de una manera directa piensan que cuando se habla de cambio climático se trata de reflexiones y posibilidades que existen en la cabeza de pensadores y científicos alejados de la realidad cotidiana, pero los indicios están a la vista y las señales se manifiestan por doquier.

No es un secreto que cada día que pasa el polo norte se reduce, que los glaciales tropicales han reducido su masa, que se han incrementado las enfermedades tropicales por el aumento de la temperatura, que el océano ha subido su nivel, que la ocurrencia de los fenómenos climáticos es cada vez más extrema y más inestable. Los Estados saben lo que significa el costo de estos eventos e incluso saben que estar prevenidos es mejor que sufrir sus impactos.

Dos son entonces las alternativas básicas ante esta situación: 1) reducir los riesgos de las sociedades al cambio climático y; 2) evitar la vulnerabilidad planteando nuevas alternativas.

Reducir los riesgos
En este sentido, se propone es una línea de defensa frente al escenario más grave y delicado que se puede prever. Si el contexto no es tan grave y los impactos del cambio climático son menos duros, no se habrá perdido nada al prevenir para lo peor. Todo lo contrario.

Algunas situaciones son realmente preocupantes y suponen acontecimientos que ya se están produciendo, por lo que merecen ser tomados en cuenta. El caso peruano puede ilustrar esta preocupación.

Pérdida de la masa glacial de los nevados tropicales
La tendencia al derretimiento de los glaciares se mantiene y en algún momento no muy lejano se sufrirán problemas de estrés hídrico con sus consabidos efectos sobre la agricultura, la ganadería, la minería, el consumo de agua potable y la salud. Este es un tema grave para el Perú y ha sido señalado repetida e insistentemente por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés).

La pérdida de agua no es un asunto cualquiera. Sus implicancias en la vida humana son graves si es que no se toman las medidas adecuadas. Una ciudad como Lima, y su puerto El Callao, asentada en un desierto y con una población que bordea los 10 millones de personas tendrá muchísimos problemas que enfrentar con el derretimiento de los glaciales que le proporcionan el agua.

Al respecto no ha existido una política de gestión de las cuencas que abastecen a Lima. Las cuencas de los ríos Lurín, Rimac y Chillón no están pensadas ni gestionadas por una política que enfrente el riesgo de la falta de agua.

Escasos avances hacia un cambio de matriz energética
Perú, al igual que el mundo, se sigue basando en una energía proveniente centralmente de residuos fósiles, lo cual hará muy difícil –en realidad ya lo es– las negociaciones en la COP20 a propósito de la mitigación de los gases de efecto invernadero (GEI).

Hay que reconocer el importante liderazgo del ministerio de Ambiente en la COP20 frente a adversarios tanto internos como externos. Se necesitará mucho tino y mucha capacidad de concertación para lograr acuerdos relevantes en el borrador que será llevado a París en diciembre del próximo año 2015.

Países latinoamericanos y la emisión de los GEI
América Latina aporta alrededor del 10% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Brasil genera más o menos la mitad de estos gases. Argentina está en alrededor del 1% de las emisiones. Perú, por su parte, emite entre el 0,3 y el 0,4 por ciento.

En los países latinoamericanos la tarea pasa primero y esencialmente por diseñar e implementar estrategias de adaptación al cambio climático y, segundo, por desarrollar un modelo económico basado en energías alternativas.

Cerrar los flancos que nos hacen vulnerables
En este horizonte se tiene que “hilar muy fino” para desarrollar una adecuada estrategia de mitigación y adaptación al cambio climático por parte de los países y pueblos latinoamericanos. Esto obliga a dar una mirada de conjunto a todos los aspectos para enfrentar una realidad que se presenta bastante grave.

La tarea inmediata: lograr una efectiva reducción de los GEI
Esto significa que como fruto de un acuerdo mundial expresado en el borrador de la COP20 de Lima y que debe ser aprobado definitivamente en la COP21 de París se logre un acuerdo de reducción efectiva de GEI. Interesa sobremanera llegar a París con un borrador explícito de compromisos sobre mitigación, adaptación, tecnología y financiamiento frente al cambio climático.

Los argumentos basados en que las emisiones de los países en desarrollo o de América Latina en particular son menores que la de los países desarrollados y que no somos responsables históricos de las emisiones de GEI si bien son ciertos, en este momento en nada contribuyen al establecimiento de un acuerdo mundial. La idea central es el compromiso de todos en la reducción de sus emisiones. No hay que dudar en este sentido. Un acuerdo mundial de reducción de GEI le conviene a todos los países latinoamericanos. En el caso concreto de Perú, la menor emisión de GEI en el mundo reducirá los impactos y las consecuencias de estos sobre la población y el territorio.

En relación con esta orientación básica y teniendo en cuenta que estos temas deben ser resueltos a la brevedad posible, vale la pena señalar algunos elementos a mediano y largo plazo de la posición pertinente para Perú.

Hacia una nueva matriz energética y formas de producción alternativas
Avanzar hacia un nuevo modelo desarrollo basado en una nueva matriz energética y en formas de producción alternativas no es asunto sencillo, pero es decisivo para mitigar y adaptarnos al cambio climático. Conviene observar cómo Alemania, por ejemplo, está desarrollando un cambio de matriz energética y no ha dejado de ser un país altamente desarrollado. Otros países están siguiendo sus huellas, principalmente en Europa y en Japón.

En el caso peruano, el crecimiento económico alcanzado en estas dos últimas décadas no ha estado acompañado de un cambio en la matriz energética sino que se ha mantenido un tipo de crecimiento basado en residuos fósiles. Esto es altamente contradictorio porque es un país que puede sufrir más que muchos otros los estragos del cambio climático como se ha señalado y, no obstante, sus emisiones de GEI crecen invariablemente.

Para una economía pequeña como la peruana será muy importante, desde el inicio, plantear un verdadero y real cambio de matriz energética y ser a la vez competitiva. No es de extrañar que los acuerdos mundiales que hoy día se establecen apunten a este cambio energético con el fin de evitar riesgos y volverse más competitivos en el futuro. Ya hay manifestaciones públicas, incluso de Estados Unidos como de China de reducir los GEI y alcanzar porcentajes significativos de su economía sobre la base de energías alternativas.

Desterrar la pobreza en nuestros pueblos
No hay desarrollo sostenible que conviva con la pobreza. Con pobreza y pobreza extrema no se va a construir nada. Es una ilusión. Se trata, por ello, de una oportunidad para repensar y cambiar el modelo de crecimiento económico y de consumo.

Está probado a la saciedad que es el modelo el que genera pobreza y contamina la atmósfera. Este no está ligado a un proceso de desarrollo humano y social. Por ello no se cansan los científicos sociales de advertir que los programas de desarrollo no son consustanciales al modelo de crecimiento económico. Esto implica que si no hay políticas explícitas de redistribución y de justicia el modelo económico actual no lo hará.

 

“Estamos en la posibilidad y con la oportunidad de construir un nuevo modelo de civilización humana. Probablemente esta sería la coyuntura más grande que se abre en relación al cambio climático. Una nueva civilización significa una nueva manera de pensar y de obrar, de producir reduciendo radicalmente el uso de combustibles fósiles.”

 

La preocupación por el cambio climático desde el punto de vista del modelo económico es que incrementa el riesgo y con ello encarece todo el sistema y así lo vuelve vulnerable. La pobreza, que ya es resultado de un modelo de crecimiento poco preocupado por el desarrollo humano, se incrementará con la presencia del cambio climático al hacer más vulnerable la economía de los países pobres tanto por su estrecha relación con la naturaleza como por la carencia de instrumentos para enfrentarlo.

Contar con planes de adaptación y contingencia al cambio climático
Estos planes son diversos. En el caso peruano es necesario pensar en:

  • Contar con propuestas para el manejo y gestión integral de los recursos hídricos. El agua es un tema fundamental por su impacto en la salud y vida humana, así como en el desarrollo agropecuario y minero. Cuidar el agua es una responsabilidad de todos en un país que va a tener problemas de suministro.
  • Desarrollar planes para diseñar ciudades sostenibles donde no solo se pueda vivir bien, sino que la vida humana sea amigable al ambiente y esté más articulada con su entorno. Esto supone tener políticas de reciclaje de la basura, de reducción de la contaminación del aire y de la presencia de plomo en las personas. Un gestión adecuada del transporte es fundamental para reducir las emisiones de GEI en las ciudades.
  • Encarar los temas de la salud se transforma en otro de los frentes fundamentales en la adaptación al cambio climático. Al elevarse la temperatura las enfermedades se incrementarán. La prevención de enfermedades tropicales como la uta, el dengue y otras será un desafío frente al calentamiento global.

Se trata de tener propuestas específicas y concretas para prever desastres y minimizar riesgos. Esta será la meta cotidiana para adaptarnos a un medio que puede transformarse en uno muy difícil para la vida, en general, y para la vida humana, en particular.

Una nueva manera de pensar y un nuevo estilo de vivir
Estamos en la posibilidad y con la oportunidad de construir un nuevo modelo de civilización humana. Probablemente esta sería la coyuntura más grande que se abre en relación al cambio climático. Una nueva civilización significa una nueva manera de pensar y de obrar, de producir reduciendo radicalmente el uso de combustibles fósiles.

Una nueva manera de pensar coloca el eje de la vida en una nueva racionalidad que pondera adecuadamente el valor de la naturaleza y el de la vida humana como naturaleza viva e inteligente, consciente de sí misma. Una nueva manera de pensar y de sentir significa que recolocamos el verdadero sentido de la vida en su eje natural y nos alejamos de la mirada frívola que coloca el sentido de la vida en el poder, el lucro y la utilidad.

En pocas palabras, se debe alentar un proceso radicalmente nuevo en la educación de las personas. La educación es uno de los instrumentos más profundos para producir un cambio de perspectiva en la conducta humana. Una educación que nos reencuentre con el mundo y la naturaleza, con los otros seres y con nosotros mismos.

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