Consolidando la contribución de los servicios al crecimiento, empleo y comercio

11 Diciembre 2017

Los servicios han sido privados históricamente de políticas sólidas y de una atención académica adecuada. Esta negligencia se está rectificando gradualmente, pero todavía tenemos un largo camino por recorrer.

 

Esta falta de atención es comprensible en el contexto de un pensamiento económico clásico, que entiende valor a través de la acumulación del excedente de producción. En gran medida, los servicios eran asociados al consumo y la incapacidad de almacenarlos. Hoy entendemos mucho mejor cómo los servicios son una fuente de valor y cuáles contribuyen también al crecimiento de la productividad a través de la innovación de productos y procesos.

 

Otra razón por la cual los servicios han recibido menos consideración tiene que ver con su medición en comparación con los bienes. Son más difíciles de computar debido a que son intangibles y a la heterogeneidad de la oferta de servicios en el mercado. Tienden a ser mucho más personalizados para satisfacer las necesidades de los consumidores individuales, por lo que es mucho más difícil identificar los precios unitarios comparables para determinados servicios.

 

Adicionalmente, a menudo, estos se comercializan conjuntamente con otros servicios o con bienes y, debido a la ausencia de un cuidadoso y costoso ejercicio de desagregación, los servicios continuarán sin ser identificados como fuentes de valor. Muchos servicios se incorporan en las estadísticas como bienes y nunca se identifican de forma separada.

 

La contribución real de los servicios al comercio

 

Esto es particularmente cierto en el caso del comercio internacional, donde, a diferencia de los datos del producto interno bruto (PIB), las cifras comerciales se informan como datos brutos. Esto hace que sea imposible identificar la composición real del valor exportado, así como su origen. Las importaciones deben deducirse de las exportaciones para determinar el origen geográfico de la fuente de valor. Ese ejercicio de desagregación permite también la construcción de datos sobre la composición real de los insumos que contribuyeron al valor total de los productos que ingresan al mercado.

 

El instrumento estadístico que permite esta reconstrucción es una matriz insumo-producto global que presenta de forma agregada las matrices de insumo-producto nacionales. Este ejercicio representa una tarea ambiciosa, por lo que sólo se ha conseguido realizarlo en los últimos años. Cuando se identifica la verdadera naturaleza de los insumos y su procedencia, la percepción del comercio internacional de servicios se transforma. El saldo comercial bilateral de la cuenta corriente (y, por ende, el valor agregado de cada país a lo largo de la cadena de producción) se ve muy diferente, al igual que el contenido tecnológico de las contribuciones individuales a la producción de los diferentes países. Con los datos de valor agregado, también se revela la verdadera naturaleza de las relaciones de dependencia a través del comercio.

 

Ejemplos simples de las diferencias fundamentales que existen entre los números brutos y las cifras de valor agregado del comercio ya se encuentran disponibles en la literatura. La industria electrónica proporciona varios ejemplos. Considere un smartphone ensamblado en China, donde una gran cantidad de insumos son importados de otros lugares – como Japón, Corea y Alemania. Con las estadísticas brutas de comercio, el valor total del teléfono se registra como una exportación de China. Pero cuando se deducen las importaciones y las fuentes de valor se identifican correctamente, la contribución china al valor del teléfono exportado se reduce significativamente, reflejando tanto la contribución del valor doméstico real (en gran parte, operaciones de montaje) así como el real contenido tecnológico del reputado producto hecho en China.

 

El cambio subyacente en este enfoque estadístico sobre las verdaderas relaciones comerciales también nos ha enseñado algo importante sobre los servicios. Lo que tradicionalmente hemos clasificado como comercio de bienes conlleva múltiples fuentes de valor generadas por los servicios, y esto exige una revisión dramática de nuestra visión sobre el papel de los servicios en el comercio. Varios productos clasificados como bienes deben gran parte de su valor a los servicios, cuestión que se profundiza todavía más cuando los bienes finales se valoran en el punto de venta y no a nivel ex-fábrica o de la exportación.

 

Generalmente, las estadísticas de comercio tradicional revelan una participación de los servicios de 20-25% del valor total de las exportaciones. Cuando se utilizan los datos de valor agregado, este valor es cercano al 50% o incluso más.

 

De este trabajo surge otra verdad que concede todavía menos credibilidad a la idea de que los servicios tienen poco que ver con el comercio. Cuando observamos la composición de las exportaciones y el grado en que el valor agregado de los servicios está integrado a los productos, no requiere más que un pequeño paso darse cuenta de que todos los servicios que actúan como insumos en la producción son comercializables, dependiendo de cómo se encuentran unidos a los bienes (y otros servicios).

 

Los servicios representan alrededor del 70% del PIB mundial y la mitad o más del verdadero valor de los flujos comerciales – de ahí la necesidad de garantizar que la legislación internacional en materia de servicios permita que el comercio desempeñe un papel fundamental en la obtención de beneficios mutuos a partir de un mayor crecimiento y desarrollo a nivel mundial.

 

La búsqueda de resultados de la MC11

 

Compromisos específicos

De alguna manera, el Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios (GATS, por su sigla en inglés) fue concebido en base al Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT, por su sigla en inglés), pero con importantes diferencias que reflejan los contrastes entre el comercio de bienes y el comercio de servicios.

 

Una característica clave del GATS son los compromisos específicos por sectores para acceso a mercado, trato nacional y cooperación en regulación. Existe un amplio reconocimiento de que muchos compromisos específicos nacionales son relativamente dispersos, y la mayoría de los compromisos establece un punto de partida considerablemente inferior a lo que los socios comerciales realmente ofrecen en sus condiciones de acceso. La brecha entre los compromisos reales y los acordados inhibe las certezas en materia de comercio.

 

Los esfuerzos por abordar la cobertura y la profundidad de los compromisos específicos forman parte del mandato de la Ronda Doha, pero se ha logrado poco. La probabilidad de cualquier progreso sobre este tema en la Undécima Conferencia Ministerial (MC11, por su sigla en inglés) parece inexistente.

 

Regulación doméstica

Varias provisiones del GATS reflejan un trabajo en progreso. Estas disposiciones prevén el establecimiento o perfeccionamiento de la regulación de servicios, medidas de salvaguardia, contratación pública y subvenciones. El trabajo sobre regulación doméstica ha recibido mucha atención últimamente: unas 22 delegaciones se han unido en torno a un proyecto de texto consolidado, con amplia cobertura sobre temas en esta materia. Sin embargo, no todo está acordado entre los patrocinadores del texto, y varios no signatarios de la propuesta tienen puntos de vista que son fundamentalmente incompatibles con las formulaciones presentadas sobre una variedad de temas.

 

El Grupo Africano, en particular, tiene fuertes reservas sobre el texto propuesto. Los miembros del grupo cuestionan las implicaciones sobre el desarrollo de las disciplinas propuestas. Entre las preocupaciones que han expresado, están las onerosas cargas administrativas que podrían estar involucradas, la excesiva intrusión en los procesos de elaboración de políticas nacionales y las restricciones al derecho a regular por razones de política pública. Aunque Estados Unidos no ha presentado ninguna propuesta, se sabe que tiene fuertes reservas sobre el contenido del texto propuesto y la viabilidad de un acuerdo sobre un texto en la MC11.

 

Propuestas sobre facilitación del comercio de servicios

La delegación de la India ha estado trabajando durante algunos meses en un texto que propone un acuerdo de facilitación del comercio de servicios. India ha reconocido que el tema no está listo para la MC11 y propone retomarlo en 2018.

 

Comercio electrónico

Los debates sobre el avance de la labor de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en materia de comercio electrónico se llevaron a cabo durante la mayor parte de 2016, bajo los auspicios del Consejo General de la OMC. El mandato actual para este trabajo se remonta a 1998. Mucho se ha debatido, y se han presentado variadas propuestas de texto, pero ninguna encuentra el apoyo suficiente como para servir de base para avanzar.

 

Las cuestiones centrales son: ¿se debe continuar explorando la relevancia de las disposiciones de la OMC para el comercio electrónico?; ¿los países deben ampliar la cuestión y discutir cómo la OMC podría contribuir a un régimen sólido de comercio electrónico internacional?; y ¿deben los miembros lanzar las negociaciones sobre el tema ahora? Las diferencias entre las delegaciones en cuanto a estas opciones son considerables, aunque podría llegarse a un terreno común si se presentan otros resultados en la MC11.

 

El futuro

 

No es factible esperar grandes resultados en materia de servicios en la MC11. Posiblemente no se obtendrán resultados en absoluto. En el largo plazo, la OMC debe abordar una agenda de servicios que refleje la creciente importancia del sector en la actividad económica mundial. Un sistema sólido global sobre servicios también es vital para el crecimiento, el empleo y el desarrollo. La cuestión va más allá del peso absoluto de los servicios en las economías y en el comercio: los servicios representan la vanguardia de la economía digital, y la OMC está mal equipada para abordar esta modernidad. La incapacidad de responder a estos desafíos hará que la institución se torne cada vez más irrelevante.

 

* Patrick Low es profesor visitante en la Universidad de Hong Kong, director del Programa de becarios AsiaGlobal y execonomista jefe de la OMC (2007-2013).

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