Comoditización digital y desarrollo económico

9 Noviembre 2017

La era digital está transformando todo: la naturaleza de los mercados y productos, cómo producirlos, cómo entregarlos y su forma de pago, la escala de capital necesaria para operar globalmente y los requisitos de capital humano. La era digital también está promoviendo la productividad, exponiendo a las empresas a nuevas ideas, tecnologías, gestión y prácticas operativas y creando nuevos canales de acceso a mercados. Y todo esto con un costo relativamente bajo. No es exagerado prever que las empresas dependerán cada vez más de la inteligencia artificial para rutinas básicas y también para tareas más complejas. En breve, versiones avanzadas de asistentes virtuales como Siri y Alexa formarán parte de nuestro día a día en el trabajo, en la escuela, en el hogar y en el ocio.

 

Aunque la difusión y la popularización de la era digital son potencialmente valiosas para la productividad y creación de riquezas, es necesario tener en cuenta sus límites en razón de la "comoditización digital". Este concepto se refiere al impacto que la popularización del acceso y el uso de tecnologías digitales estandarizadas y de propósito general tienen sobre la competitividad y la productividad.

 

Parece razonable asumir que el impacto en la competitividad de la adopción de una nueva tecnología digital sigue un camino similar al descrito en la Figura 1. Mientras pocas empresas de una determinada industria tienen acceso a una nueva tecnología, su impacto en la competitividad aumentará rápidamente. Sin embargo, si el acceso y el uso de esa tecnología se popularizan más allá de un punto óptimo (A) de viabilidad económica, entonces el beneficio de la tecnología seguirá creciendo, pero a tasas decrecientes – hasta que, eventualmente, su impacto será insignificante sobre la competitividad. La popularización de la tecnología hace de ésta, cada vez más, un requisito de entrada en el mercado y no una ventaja competitiva. Es decir, la nueva tecnología pasa a ser un requisito para colocar a la empresa en la competición, pero no garantiza que ganará la competencia.

 

 

Piense en el choque de productividad que la computadora personal (PC, por su sigla en inglés) tuvo a mediados de la década de 1980 en actividades simples como edición de texto, control de inventario y gestión de la contabilidad. Al principio, el acceso a los PC estaba limitado a pocas empresas debido al costo de las máquinas y a las limitaciones de las personas para operar computadoras y softwares. En aquel momento, las empresas y universidades que tuvieron acceso a los PC probablemente experimentaron mejoras en sus indicadores de desempeño. Sin embargo, a lo largo del tiempo, el uso del PC y de software en actividades básicas e incluso más complejas pasó a ser un diferencial menor, ya que se convirtió en una especie de commodity.

 

Los equipos de tecnología de la información en general, softwares estandarizados con múltiples finalidades y aplicaciones web también están sujetos a la comoditización digital. El creciente acceso a la Internet y los efectos de red y plataforma están acelerando los tiempos de la comoditización digital y ampliando su alcance.

 

Pero el alcance de la comoditización digital va mucho más allá del ambiente mayoritariamente virtual. La industria 4.0 y otras nuevas tecnologías de gestión y fabricación basadas en la Internet de las cosas, big data, inteligencia artificial, machine learning y la robótica, entre otras tecnologías, también se encuadran dentro de la lógica de la comoditización digital. Esto ocurre porque, así como las plataformas digitales, sus desarrolladores apuntan a popularizar esas tecnologías tanto como sea posible, incluso a costa de menores márgenes de ganancia. Al final, cuanto más populares, mayor el efecto de red y así el número de usuarios de las plataformas tecnológicas de producción. A diferencia de lo que muchos piensan, la industria 4.0 no será una panacea competitiva para sus usuarios. Por el contrario, se convertirá en una commodity tecnológica de un sofisticado modelo de negocio. Es sólo cuestión de tiempo.

 

La comoditización digital está haciendo que costos bajos de producción sean factores cada vez menos relevantes para ser competitivos a nivel internacional. El creciente aumento del componente intangible en el valor final de los bienes y la banalización del acceso a tecnologías digitales y bienes de capital avanzados están transformando radicalmente la forma en que entendemos la producción y la distribución de la riqueza a nivel global e, incluso la noción convencional de escasez de capital y de acceso a las tecnologías. De hecho, la brutal caída de los precios de los robots es una de las manifestaciones de este movimiento. La mano de obra abundante y barata, los incentivos fiscales y otras formas convencionales utilizadas para la atracción de inversiones a los países en desarrollo requieren, por lo tanto, una revisión.

 

La comoditización digital ayuda a explicar la paradoja de la desaceleración de la tasa de crecimiento de la productividad en un contexto de popularización de las tecnologías de la información y de caída de los precios relativos de los bienes de capital. Esta puede ser una de las claves para entender el estancamiento secular[1].

 

Piense en Google, Amazon, Apple, Microsoft, Facebook, Baidu, Alibaba, SAP, PayPal, AT&T, Uber, Tencent, Cisco, Oracle, Huawei, Siemens, Bosch y otras empresas que desarrollan dispositivos y plataformas digitales en las que terceras empresas operan desde patrones predefinidos. La reducción en los ciclos de vida de las tecnologías, junto con los efectos de red y plataforma, están estableciendo condiciones de competencia altamente asimétricas, que garantizan ventajas competitivas para las "superestrellas", manteniéndolas bien al frente del rebaño de los usuarios de commodities digitales.

 

Aquellas empresas están consiguiendo capturar una parte significativa y creciente de los beneficios privados de las commodities digitales, con pocas posibilidades de ser desafiadas. Incluso, esta sería una de las explicaciones de la pérdida del brillo de los "unicornios", startups que llegaron a valer cerca de US$ 1.000 millones y que han sido aplastadas o adquiridas por las superestrellas.

 

En consecuencia, estamos presenciando una creciente división de la economía global entre aquellos que usan y aquellos que desarrollan, distribuyen y administran las tecnologías y los estándares digitales. El primer grupo está compuesto por países emergentes y en desarrollo e incluso por algunos países de ingresos altos. El segundo grupo está compuesto por algunos países avanzados, como Estados Unidos, Japón y Alemania, y por China.

 

La comoditización digital sugiere que las tecnologías digitales no elevarán la competitividad internacional de los países emergentes, lo cual tiene importantes implicaciones para las políticas de desarrollo. Son bienvenidos los esfuerzos que muchos países emergentes están haciendo para movilizar recursos para expandir las redes y la velocidad de Internet, entrenar personal, adquirir software y computadoras para escuelas y universidades, reducir impuestos de importación de equipos y software informáticos y financiar la importación de bienes de capital sofisticados, pero no reducirán la brecha tecnológica y de la renta existente entre los dos grupos de países.

 

Además de la difusión de las commodities digitales y de las nuevas tecnologías productivas, las políticas públicas tendrán que gestionar una agenda de innovación digital y de desarrollo tecnológico mucho más ambiciosa y sofisticada si los formuladores de políticas quieren mejorar las perspectivas sobre la convergencia de la renta y el aumento de la prosperidad.

 

Con el fin de alterar ese destino, será crucial distinguir el uso del desarrollo, administración y distribución de tecnologías. Y actuar. Al final, está cada vez más claro que, en el siglo XXI, la fuente primaria de la generación de empleo y riqueza está en la capacidad de crear conocimiento y otras riquezas intangibles y de "embutirlos" en bienes industriales, agrícolas, minerales e incluso en terceros servicios, así como de desarrollar y gestionar plataformas digitales y tecnológicas a nivel global.

 

La tarea no será fácil, pues requiere el desarrollo y la implementación de toda una nueva generación de políticas públicas y privadas que miren el conocimiento y la economía digital como los resortes propulsores del crecimiento.

 

* Jorge Arbache es catedrático de Economía en la Universidad de Brasilia y Secretario de Asuntos Internacionales del Ministerio de Planificación, Brasil




[1] Véase: <http://bit.ly/2z7KgEq>.

This article is published under
9 Noviembre 2017
Basada en una encuesta realizada por su organización en 2016, la experta propone políticas concretas para potenciar el comercio digital en la región – entre ellas, el diseño de las reglamentaciones digitales y del comercio electrónico, la facilitación del comercio, la promoción de las exportaciones, el crédito a la exportación y la infraestructura comercial.
Share: 
9 Noviembre 2017
Al priorizar el comercio electrónico como un impulsor de la economía digital, líderes mundiales como los miembros del G20 identificaron a la Undécima Conferencia Ministerial de la Organización...
Share: