América Latina, el escenario internacional y la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible

30 Junio 2018

Los cambios económicos, comerciales y geopolíticos en la arena internacional, por un lado, y la Agenda de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible (Agenda 2030), por el otro, representan importantes desafíos para América Latina y el Caribe (ALC)[1]. Luego de haber atravesado problemas económicos agudos tales como la crisis financiera del año 2008 y la consiguiente desaceleración económica agravada en los años 2015-2016, la región ha experimentado una recuperación modesta: el producto interno bruto (PIB) registró un crecimiento de 1,3% en 2017 y se espera un crecimiento de 2 a 2,5 % en 2018[2].

 

El futuro es incierto si se tienen en cuenta los precios internacionales más bajos de las materias primas, el menor ritmo de expansión del comercio y las condiciones financieras restrictivas. Persisten las desigualdades entre grupos socioeconómicos y la incapacidad de las instituciones para responder a las exigencias de la sociedad. La región debe adaptarse a un nuevo escenario internacional, multipolar y multirregional.

 

En este escenario, América Latina se enfrenta al desplazamiento del dinamismo económico y geopolítico desde el Atlántico hacia el Pacífico. Las regiones del Asia Pacífico, Indo Pacífico y Gran Eurasia surgen como los nuevos centros que determinan la dinámica internacional. Esto conlleva un nuevo ordenamiento económico y geopolítico, que le exige a la región introducir cambios de políticas públicas en busca de una mejor inserción en la economía mundial.

 

América Latina posee diversas cualidades que le permiten adaptarse a este nuevo escenario. Los países latinoamericanos se benefician por su proximidad geográfica, sus afinidades culturales y su idioma (en su mayoría de habla hispana). Independientemente de sus divergencias políticas, comparten el interés por mejorar el comercio intrarregional, desarrollar cadenas de valor regionales e insertarse en las cadenas globales de valor, internacionalizar las pequeñas y medianas empresas y, en general, conseguir una integración productiva y una solidez económica que mitiguen la vulnerabilidad de la región a los cambios internacionales.

 

Asimismo, la región cuenta con una importante dotación de recursos naturales renovables y no renovables. Las exportaciones de la mayor parte de los países se concentran en productos básicos (petróleo, minerales, productos agrícolas y manufacturas basadas en recursos naturales). Con el fin de aprovechar los ingresos de los recursos naturales e impulsar el desarrollo, se han creado fondos soberanos de inversión a largo plazo para estabilizar los indicadores macroeconómicos y prepararse para futuras generaciones. No obstante, los períodos de auge de los precios de productos básicos (años 2003 y 2008) no se han traducido en las inversiones públicas necesarias para generar los procesos de desarrollo económico y social a largo plazo. Conscientes de ello, algunos países han adoptado medidas para hacer frente a la volatilidad de los ingresos fiscales propias de la mala administración de estas economías dependientes de materias primas – fenómeno conocido como enfermedad holandesa. Esto impone, de hecho, la necesidad apremiante de mejorar la gobernanza de este sector.

 

La necesidad de mejorar la administración de los recursos naturales y la infraestructura es tema de la Agenda 2030, que promueve una visión de sostenibilidad económica, social y ambiental. En particular, el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) No. 12, dedicado a “garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles”, preconiza la gestión sostenible y el uso eficiente de los recursos naturales. 

 

La implementación de la Agenda 2030 en ALC

 

Los postulados de la Agenda 2030 son de crucial importancia para combatir la pobreza y la desigualdad en la región. En 2015 y 2016, los niveles de pobreza y pobreza extrema aumentaron a nivel regional, aunque en algunos países disminuyeron. En 2016, la pobreza afectaba al 30,7% de la población y la pobreza extrema, al 10%[3]. La desigualdad es, por su parte, uno de los rasgos sobresalientes de las sociedades latinoamericanas.

 

Ante los problemas que aquejan a la región, la Agenda 2030 y sus 17 ODS ofrecen un cambio de paradigma que involucra a todos los agentes del desarrollo (gobiernos, sociedad civil, instituciones académicas y sector privado). Corresponde a cada país establecer las modalidades y las instituciones más idóneas para cumplir con los ODS, teniendo en cuenta sus prioridades de desarrollo.

 

El Foro Político de Alto Nivel sobre el Desarrollo Sostenible (HLPF, por su sigla en inglés), organizado anualmente bajo los auspicios del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas (ECOSOC) representa una oportunidad para intercambiar experiencias entre todos los países e impartir liderazgo político, orientación y recomendaciones sobre la implementación y el seguimiento de los ODS, además de abordar cuestiones nuevas y emergentes.

 

La integración de ALC: la convergencia en la diversidad

 

El nuevo escenario internacional requiere sólidos mecanismos de integración que estimulen la convergencia entre la diversidad de acuerdos y bloques de la región, con el fin de lograr un mercado integrado, que permita generar beneficios comerciales significativos y mejorar la posición competitiva de la región en el contexto internacional. A tal fin, se han considerado algunas propuestas.

 

La Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), creada en 1980 como marco o “paraguas” institucional normativo de la integración, participa junto con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), el Instituto para la Integración de América Latina y el Caribe (INTAL) y la Secretaría de Integración Económica Centroamericana (SIECA) en la propuesta de un acuerdo económico comercial integral latinoamericano. Se propone la convergencia de los acuerdos y bloques existentes en la región para renovar el proceso de integración latinoamericana[4]. Con apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), se plantea un tratado de libre comercio (TLC) para ALC de bienes y servicios que permitiría el desarrollo de las cadenas de valor y fomentaría el comercio intrarregional. En un inicio, los bloques más grandes de la región – el Mercado Común del Sur (MERCOSUR) y la Alianza del Pacífico (AP), que representan más del 80% de la población y más del 90% del PIB – impulsarían este acuerdo. La AP tiene como objetivo avanzar hacia la libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas con una fuerte proyección Asia-Pacífico.

 

Al igual que en Asia y África, en ALC también se observa una situación de múltiple afiliación de los países a diversos acuerdos y de observancia simultánea, y en ocasiones solapada, de distintas normas comerciales y de inversión (situación conocida como spaguetti bowl). Este es el caso de la membresía de ALADI, la Comunidad Andina de Naciones (CAN), el MERCOSUR y el Sistema de Integración Centroamericano. Esta situación hace aún más necesaria la convergencia de los distintos acuerdos. Varios países de la región han adquirido compromisos en virtud de TLCs con socios regionales y extrarregionales, como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que se encuentra actualmente en renegociación. En su calidad de mecanismo de diálogo y concertación política, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) apoya la convergencia de acciones e intereses comunes entre los 33 países de ALC (ver Tabla 1).

 

 

Los recientes avances en la cooperación con socios extrarregionales reflejan la diversidad de intereses económicos y estratégicos de la región y el interés por negociar con el Pacífico. Tal es el caso del nuevo Acuerdo Global y Progresivo para la Asociación Transpacífica (CPTPP, por su sigla en inglés). En él, participan 11 países, incluyendo Chile, México y Perú. El CPTPP constituye un mercado de aproximadamente 500 millones de habitantes y concentra el 15% del comercio mundial. Por su parte, el MERCOSUR avanza en las negociaciones con la Unión Europea (UE) y se prepara para negociar con la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN, por su sigla en inglés). Este último bloque es un esquema de integración pragmático, orientado al mercado y que, tomando decisiones por consenso y siguiendo el principio de no intervención, implementa una diplomacia informal o la llamada ASEAN way[5].

 

Reconsiderar una agenda de integración para ALC

 

Ante los retos del nuevo escenario internacional, surge la necesidad de replantearse un mercado ampliado a nivel regional. Es preciso reforzar el comercio intrarregional de ALC que hoy en día no alcanza el 20% del intercambio total, comparado con el de la UE (63%), el TLCAN (50%) o la ASEAN (46%). Frente a la fluctuación de los precios de las materias primas, el lento crecimiento regional, las divergencias políticas entre los países de la región y el temor a un proteccionismo creciente, la agenda de integración y cooperación de ALC es un tema prioritario. La región necesita acentuar la conectividad a nivel regional y con otras regiones emergentes, así como también ampliar el alcance de los acuerdos con el fin de estimular mayores oportunidades de negocios entre las empresas de la región.

 

La integración comercial y productiva deberá contemplar la convergencia entre los diversos acuerdos y bloques de la región, incorporando elementos de geometría variable y de múltiples velocidades, al estilo del Fondo para la Convergencia Estructural del MERCOSUR (FOCEM), mecanismo solidario creado para reducir las asimetrías entre sus miembros. Se espera que el acercamiento del MERCOSUR y la AP pueda ser emulado por bloques de la región con agendas similares o superpuestas.

 

En virtud del pluralismo, la diversidad y las distintas estrategias de desarrollo entre los países de América Latina, coordinar las distintas agendas de los bloques de integración no es tarea fácil. Es posible hacer un paralelismo con la creación del Área Continental de Libre Comercio (AfCFTA, por su sigla en inglés) en el continente africano, en 2018. La negociación del tratado implicó la coordinación entre la Unión Africana y las ocho comunidades económicas regionales, con el objetivo de crear un mercado continental único de bienes y servicios, con libre circulación de empresas e inversiones. Dicho acuerdo contempla la geometría variable y la flexibilidad para que los países miembros menos avanzados se adapten a su implementación.

 

La inserción de ALC en el mundo globalizado

 

La inserción de ALC en el nuevo escenario internacional hace necesario reforzar la infraestructura de la región, desarrollar corredores logísticos, impulsar la transformación digital e introducir reformas a nivel institucional. Una integración regional comercial y productiva y un mercado regional más integrado han de robustecer la posición de ALC en las negociaciones con otros socios, siempre que puedan conciliarse las distintas posturas políticas de los países. Asimismo, se requieren fuentes adicionales de financiamiento y cooperación internacional.

 

Uno de los aspectos del desplazamiento de la dinámica del Atlántico hacia el Pacífico es el proyecto “Belt-and-Road Initiative” (o Iniciativa de la Franja y la Ruta). Esta iniciativa refleja las prioridades del gobierno chino para activar su economía y fortalecer la conectividad física e institucional entre 68 países de Asia, Europa y el Norte de África, que en conjunto representan el 35% del comercio global, el 70% de la población mundial, el 55% del PIB mundial y el 75% de las reservas energéticas globales[6]. La participación en tal iniciativa no solamente promueve la conectividad a través del comercio y las inversiones, sino que también entraña repercusiones económicas, políticas y de seguridad, aspectos que deben ser analizados en profundidad.

 

Con el fin de potenciar las oportunidades de cooperación internacional, el Foro Belt and Road destacó, en mayo de 2017, la importancia de los ODS como “nuevo modelo de cooperación internacional” y los beneficios de la cooperación – bilateral, triangular, regional y multilateral –, poniendo a la vez de relieve el compromiso de crear economías abiertas y de fomentar el comercio libre e incluyente como alternativa a cualquier forma de proteccionismo. Por su parte, la Declaración de Santiago del segundo Foro CELAC-China, de enero de 2018, refleja el interés mutuo de la participación de ALC en el Foro Belt and Road.

 

El rol de los bancos de desarrollo

 

Previo a la adopción de la Agenda 2030, se acordó la Agenda de Acción de Addis Abeba en la Tercera Conferencia Internacional sobre Financiación para el Desarrollo, en julio de 2015. Dicha Agenda estipula las modalidades de financiamiento y los mecanismos requeridos para la consecución de los ODS. Entre ellos, se resalta el apoyo que pueden brindar los bancos de desarrollo nacionales, regionales o multilaterales a la financiación del desarrollo sostenible. Estas instituciones desempeñan una función anticíclica, que es de importancia decisiva para los países en épocas de crisis.

 

Asimismo, en virtud de la cercanía con sus clientes nacionales o regionales, su conocimiento de la cultura local, la experiencia en temas de financiamiento para el desarrollo, sus posibilidades de movilizar y apalancar fondos adicionales tanto privados como públicos, estas instituciones están en condiciones de dar apoyo a los países en sus prioridades de desarrollo. Este apoyo es indispensable para la inserción de ALC en el nuevo escenario mundial.

 

La región cuenta con una diversidad de bancos nacionales y regionales. Con el fin de potenciar el comercio intrarregional y abrir oportunidades al exterior, el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF) propone una hoja de ruta hacia una integración regional pragmática y productiva basada en tres pilares: infraestructura y corredores logísticos; transformación digital; e institucionalidad.

 

A nivel internacional, se espera un impulso a la cooperación Sur-Sur de parte del Banco de Desarrollo del BRICS, fundado en julio de 2014 por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. Por su parte, el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (BAII) inició sus operaciones en enero de 2016 y fue propuesto por China con la finalidad de fomentar el crecimiento sostenible a través de inversiones en infraestructura. El BAII cuenta con 80 miembros, y algunos de ellos son países latinoamericanos.

 

El ODS 17 de la Agenda 2030 contempla la necesidad de revitalizar las alianzas para el desarrollo sostenible. En tal sentido, los bancos de desarrollo y, en general, la cooperación Norte-Sur, Sur-Sur y triangular representan instrumentos idóneos para apoyar los ODS en áreas claves como el desarrollo de infraestructura, el estímulo a la diversificación productiva, el apoyo a las nuevas tecnologías y la innovación en los procesos productivos.

 

* Ana María Álvarez Herrera es asesora internacional en temas de Comercio, Financiamiento y Desarrollo.




[1] Las opiniones son de la autora y no comprometen a las instituciones mencionadas en el texto. El presente artículo es dedicado a América Latina. Cuando se utiliza ALC, también se incluye a países del Caribe.

[2] Disponible en: <https://bit.ly/2truqkn>.

[3] Disponible en: <https://bit.ly/2HkUbr6>.

[4] Véase: ALADI. Memorias del Conversatorio “Responder proponiendo. Bases para un Acuerdo Económico Integral Latinoamericano”. Montevideo: ALADI, 2017. Disponible en: <https://bit.ly/2KhS8JB>.

[5] Véase: UNCTAD. ASEAN at 50: Achievements and Challenges in Regional Integration. Nueva York y Ginebra: UNCTAD, 2017, p. 6. Disponible en: <https://bit.ly/2IsjWWC>.

[6] Disponible en: <https://bit.ly/2ieDJ1n>.

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