Acuerdos regionales de comercio y el futuro de América Latina

11 Diciembre 2017

Hasta 2016, la tendencia global hacia los mega acuerdos comerciales se encontraba en auge, con los países industrializados negociando acuerdos como el Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP, por su sigla en inglés) o la Asociación Económica Integral Regional (RCEP, por su sigla en inglés). Actualmente, un panorama incierto en la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por su sigla en inglés), el resultado del referéndum de Brexit, así como la decisión de Estados Unidos de no ratificar el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, por su sigla en inglés) han puesto una pausa a dicha tendencia. Es particularmente difícil hacer una predicción acerca del rumbo que tomarán los tratados comerciales globales y regionales[1]

 

Es posible, sin embargo, vislumbrar distintos escenarios potenciales en el sistema mundial de comercio. China podría retomar el liderazgo de una nueva ola de tratados regionales, aunque menos profundos y ambiciosos que los mega acuerdos. Otros países podrían adoptar estrategias encaminadas a la firma de más acuerdos bilaterales. Quizás el mundo se esté moviendo hacia un orden global múlti-complejo, en donde no existe ningún actor hegemónico en ninguna región que marque el rumbo en materia comercial. Siendo menos optimistas, podría esperarse también un aumento de medidas proteccionistas por parte de importantes actores en el sistema mundial de comercio.

 

A este contexto incierto relacionado con la arquitectura del sistema mundial de comercio, se suma una endeble recuperación del flujo comercial de bienes. Hasta el año 2015 este contexto era poco alentador: precios bajos de las materias primas, altas tasas de interés y una reacción contra la globalización marcaron una contracción considerable en el valor del comercio mundial. Sin embargo, desde principios de 2016 y hasta la primera mitad de 2017, el valor del comercio mundial comenzó a recuperarse gracias a un mayor nivel de precios y de los volúmenes intercambiados. El comercio mundial retomó la senda del crecimiento, pero la sustentabilidad de dicho crecimiento es aún incierta.

 

De acuerdo con el Monitor de Comercio e Integración 2017 del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en la región de América Latina y el Caribe (ALC) la recuperación comercial se debió en mayor medida a un fuerte incremento en los precios de los productos básicos y a un aumento en los volúmenes exportados que estuvo focalizado en unas cuantas economías. No obstante, estos factores se debilitaron a lo largo del año, evidenciando la baja competitividad de la región y lo vulnerable que es a choques externos.

 

Fallas endémicas de competitividad, la pérdida de participación en el mercado intrarregional, el agotamiento del auge en los precios de los productos básicos y tendencias proteccionistas que podrían restringir el acceso a mercados clave para ALC son factores que cobran relevancia ante un escenario comercial menos favorable que el que predominó antes de la crisis de 2009. Si bien después de cuatro años la contracción comercial parece estar superada en la región, los países se enfrentan al reto de superar las condiciones que hacen más frágil la recuperación.

 

De cara al futuro, ante un contexto adverso para la negociación de mega acuerdos comerciales y una dinámica débil en los flujos comerciales, se hace latente emprender acciones concretas en favor de una mayor integración regional en ALC, que se construya a partir de la red de acuerdos comerciales existentes. Es cierto que una mayor integración regional no es la respuesta definitiva a todos los problemas de la región ni una póliza de seguro total contra crecientes fricciones comerciales; sin embargo, vale la pena considerar los beneficios tangibles que un área de libre comercio puede ofrecer sin incurrir en altos costos económicos y políticos.

 

Cabe destacar, en primer lugar, que se han logrado avances importantes en los últimos 25 años de integración en ALC, creando un entramado complejo de tratados comerciales que cubren un amplio espectro de temas, desde el comercio e inversión hasta la regulación laboral (Figura 1). Este entramado, sin embargo, adolece de una proliferación y fragmentación excesiva.

 

La proliferación de tratados comerciales ya no resulta relevante en comparación con su periodo de auge, es decir, los años 90, cuando existía una menor cantidad de tratados y pocas fricciones comerciales considerables. La fragmentación, por su parte, ha generado un impacto diferenciado en las exportaciones al resto del mundo por parte de los miembros de ciertos tratados regionales, beneficiando en mayor medida a aquellos países que son miembros de tratados con mercados grandes y diversificados. El actual entorno comercial difícil e incierto, que será implacable con los tratados pequeños, obliga a que estos adquieran una masa económica crítica a fin de no volverse irrelevantes.

 

 

La red de tratados construida en ALC representa una poderosa oportunidad para lograr una integración regional completa. Excluyendo a los acuerdos que contemplan menos del 80% de los productos, existen 33 tratados en la región que representan 80% del valor del comercio intrarregional. Casi la mitad de dicho comercio intrarregional se lleva a cabo en el marco de los cuatro acuerdos principales – Mercado Común Centro Americano, Mercado Común del Sur (Mercosur), Comunidad Andina y Comunidad del Caribe (CARICOM). Más aún, el proceso de reducción de aranceles en el marco de estos acuerdos ha sido terminado o está a punto de ser terminado, tanto en términos del porcentaje de comercio cubierto como del porcentaje de líneas arancelarias.

 

Es una realidad que la región se encuentra cerca de contar con un mercado regional integrado. Sin embargo, hay dos brechas importantes que cerrar. Por un lado, la brecha en la cobertura de los productos que comprenden las principales exportaciones de ciertos países como bienes agrícolas o vehículos motorizados. Por otro lado, es necesario cerrar la brecha de las relaciones bilaterales, pues aún existen importantes oportunidades de integración entre mercados (en particular entre México y Mercosur). Por otra parte, se requiere un proceso de armonización de los 47 grupos de reglas de origen, que redundaría en una reducción de costos y un incremento de cadenas regionales de valor. De lograr el cometido, ALC representaría un mercado integrado equivalente al 7% del producto interno bruto (PIB) global.

 

Para lograr este objetivo, ALC cuenta con lecciones importantes de la evolución de los tratados regionales. La zona de libre comercio debería enfocarse, en un principio, en bienes y servicios, para después pasar a temas más complejos de negociación. También sería conveniente que la arquitectura institucional sea simple, funcionando a través de una comisión integrada por ministros u otros funcionarios de alto nivel que supervisen el correcto funcionamiento e implementación del tratado, así como su evolución. En lo posible, debería apoyarse en mecanismos intergubernamentales y en el marco regulatorio de la Organización Mundial del Comercio (OMC). En resumen, se deben evitar arreglos institucionales complejos cuyo cumplimiento e implementación son difíciles de supervisar.

 

Adicionalmente, dos cuestiones fundamentales deberían abordarse: comercio digital y medidas de facilitación del comercio. En un mundo donde la Internet de las cosas representa una oportunidad de US$ 14 trillones, ALC debe aprovechar los beneficios que brindan las tecnologías digitales. Normas modernas y armonizadas que respalden el comercio digital y que garanticen los flujos transfronterizos de datos, la no discriminación, el reconocimiento de firmas digitales, entre otros, permitirían aprovechar de manera más amplia la expansión del comercio electrónico transfronterizo en la región. Es un hecho que América Latina cuenta con uno de los porcentajes más altos (15%) de consumidores electrónicos que realizan compras en línea en el extranjero.

 

Respecto a medidas de facilitación del comercio, se deben integrar acciones concretas que incrementen la eficiencia logística y reduzcan los costos de los procedimientos aduaneros. Por ejemplo, inversiones transnacionales de comercio que mejoren la logística de transporte, sistemas de ventanilla única o el reconocimiento mutuo de programas de operador económico autorizado (AEO, por su sigla en inglés) tienen el potencial de generar beneficios de una magnitud varias veces superior a la sola eliminación arancelaria.

 

La región tiene una base sólida que le permitiría lograr avances importantes con relación a la interoperabilidad regional de sistemas de ventanilla única y los programas AEO. Por ejemplo, actualmente ALC cuenta con la Red VUCE, que busca profundizar el diálogo en torno a la medición del impacto de las ventanillas únicas de la región, así como intercambiar experiencias para integrar las soluciones del sector privado a la facilitación del comercio. Respecto a los programas AEO, más de 15 países de la región han adoptado estos programas.

 

Estimaciones recientes del BID señalan que las ganancias de un mercado totalmente integrado, que lograra cerrar las brechas de productos aun no liberalizados y relaciones bilaterales, así como la unificación de las reglas de origen serían muy importantes. Los ejercicios de simulación revelan que un acuerdo a nivel regional tendría el potencial de duplicar el comercio intra-regional de bienes intermedios, promoviendo así el desarrollo de cadenas de valor en la región.

 

En este sentido, es importante destacar los resultados de la última encuesta INTAL-Latinobarómetro, que analiza la percepción de los latinoamericanos respecto al proceso de integración regional, globalización y prioridades en la agenda de desarrollo de la región. De acuerdo con estos datos, la integración regional cuenta con un alto apoyo social y está asociada principalmente con el libre comercio y el diálogo político. Alrededor de 7 de cada 10 latinoamericanos respaldan la integración económica regional, 6 de cada 10 apoya la integración política, mientras que 8 de cada 10 consideran a la globalización como un factor clave para el crecimiento económico. Estos resultados demuestran que, aunque el mundo está pasando por un momento de fragmentación y giros nacionalistas, el capital asociativo de América Latina se mantiene con un alto valor.

 

La construcción de un espacio económico integrado en ALC es un fruto al alcance de la mano que permitiría a la región posicionarse como una masa económica crítica, promoviendo el desarrollo de cadenas de valor regionales e incrementando las exportaciones intra- y extraregionales. Es una opción que serviría hasta cierto punto como póliza de seguro ante fricciones comerciales intensas y que, con las provisiones adecuadas, catalizaría su impacto a través de los beneficios que ofrece la facilitación del comercio y la economía digital – las cuales pueden servir como fuerza revitalizante, promoviendo que más grupos tengan acceso a las oportunidades que otorga el comercio internacional.

 

* Antoni Estevadeordal es gerente de Integración y Comercio en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

** Mayra Salazar es máster en Políticas Públicas de Harvard Kennedy School y un B.A. en Economía del Instituto Politécnico Nacional (IPN) en México.

 


 [1] Este artículo se basa en tres informes: BID. Conexiones en marcha: la integración regional en América Latina y el Caribe (próximamente); BID. Monitor de Comerio e Integración: Mas allá de la recuperación, Nov. 2017, disponible en: <http://bit.ly/2nuiKNe>; BID. La tecno integración de América Latina, disponible en: <http://bit.ly/2ik0vo8>.

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