A un Paso del Protocolo sobre Bioseguridad

21 Noviembre 1998

Los países miembros de la Convención sobre Diversidad Biológica (CDB) se encuentran próximos a aprobar un Protocolo sobre Bioseguridad, cuya negociación y posterior suscripción es resultado de un mandato específico realizado por la Segunda Conferencia de las Partes (COP2) en Yakarta, Indonesia, en 1995. Acatando este mandato, la Conferencia de las Partes conformó un Grupo de Trabajo sobre Bioseguridad (GTBS), cuya quinta reunión tuvo lugar el pasado agosto en Montreal, Canadá. En ella se discutieron las versiones preliminares del Protocolo que tendrá que ser adoptado en su sexta y última reunión el próximo febrero en Cartagena. Los temas sometidos a discusión, provienen de la misma Convención, pero sus matices y acentos se han ido discutiendo y negociando a lo largo de éstos años (ver artículo en página 3).

La Bioseguridad, tal como la concibe la CDB, encierra consecuencias en el orden jurídico, administrativo y comercial para los países suscriptores de la misma; en ella se estipulan disposiciones relativas a la obligación de los países miembros de establecer o mantener medios para regular, administrar o controlar los riesgos derivados de la utilización y liberación de Organismos Vivos Modificados (OVMs) como resultado de la biotecnología y que puedan tener repercusiones ambientales adversas. Además la CDB otorga un mandato explícito a las partes para que estudien la necesidad y las modalidades de procedimientos adecuados, en particular el del Acuerdo Fundamentado Previo aplicado a la transferencia, manipulación o utilización de OVMs resultantes de procesos biotecnológicos que puedan tener efectos adversos para la conservación y la utilización sostenible de la diversidad biológica.

Pero el concepto mismo de bioseguridad no ha sido suficientemente internalizado por la sociedad civil, los gobiernos y las empresas relacionadas con la experimentación biotecnológica, debido a la complejidad que encierra para aquellos no expertos. De una manera general se entiende como bioseguridad el control sobre el manejo, uso y transferencia de organismos vivos modificados; sobre la importación, aplicación o desarrollo de biotecnología ecológicamente riesgosa; al control del impacto potencial que dicha introducción de OVMs pueda tener en la seguridad alimentaria, y en la biodiversidad; y finalmente la introducción accidental o deliberada de especies exóticas. Cabe anotar que el tema de la introducción de especies exóticas ha quedado al margen de las discusiones sobre el Protocolo, que se han centrado sobre la transferencia, manipulación y uso, y sobre el movimiento transfronterizo de OVMs.

A lo largo de esta negociación se han presentado una serie de dificultades que provienen de la polarización de posiciones en torno al tema, posiciones que se podrán apreciar en los artículos que presentamos en este número.

Pero a pesar de las dificultades experimentadas en la búsqueda de consensos a lo largo del proceso de negociación, todos los países están conscientes de la necesidad de contar con un marco internacional regulatorio y vinculante sobre un tema tan complejo para el futuro del planeta, no solo desde el punto de vista de mantener un equilibrio en lo ambiental y socio-económico sino también por la necesidad de alentar el desarrollo de las diferentes disciplinas científicas que buscan alternativas de desarrollo para la humanidad a través de la modificación y manipulación de microorganismos. Respecto de los beneficios de la biotecnología, el artículo sobre el Grupo Consultivo sobre Investigación Agrícola Internacional (CGIAR), presenta la importancia que algunos dan a esta disciplina para cubrir las crecientes necesidades de alimentación de la humanidad.

Precisamente, el tema de la seguridad alimentaria es uno de aquellos muy presentes en las discusiones sobre el Protocolo. La cuestión que preocupa a los países en desarrollo radica en gran medida en el riesgo latente de constituirse en países dependientes de biotecnología importada, poniendo en riesgo su capacidad de autoabastecerse debido a la introducción de semillas transgénicas más fuertes, resistentes a las plagas, y de mayor productividad, lo que podría significar una sentencia de muerte - si este tema no es apropiadamente regulado - para las múltiples variedades autóctonas, que constituyen una indispensable riqueza genética para la preservación de la diversidad de especies.

El tema de la bioseguridad presenta varias aristas, y un sinnúmero de connotaciones tanto para el medio ambiente como para el comercio internacional puesto que las transacciones en este campo tienden a incrementarse. Solo la industria biotecnológica de los Estados Unidos invirtió cerca de US$ 9 billones en investigación y desarrollo en 1997. Dicho mercado podría verse afectado en caso de que se adopte un Protocolo que restrinja los movimientos transfronterizos de OVMs, y además podría causar serias controversias con el sistema multilateral de comercio (ver Noticas OMC, página 7) imponiendo restricciones que incluso disminuyan dichas operaciones con el consecuente perjuicio para los países con naciente industria biotecnológica, como es el caso de algunos países latinoamericanos.

Es necesario mencionar que también existe cierto escepticismo por parte de algunos sectores de la sociedad civil, que temen que las presiones económicas determinen los resultados de la próxima reunión del GTBS. Pero a pesar de ello, el consenso es previsible si se dejan momentáneamente fuera de la aprobación del Protocolo lo que realmente constituya un obstáculo insalvable, hasta que más amplios consensos puedan ser encontrados en torno a este trascendental tema, como se menciona en el artículo en la página 5, que contiene la declaración de la delegación colombiana (anfitriones de la próxima reunión del GTBS) al final del GTBS-5.

En este número, Puentes entre el Comercio y el Desarrollo Sostenible quiere ilustrar a sus lectores sobre este importante tema, que merece la atención de los distintos sectores de nuestras sociedades.

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