¿Pueden las personalidades de Peña Nieto, Trudeau y Trump afectar las negociaciones del NAFTA?

22 Marzo 2018

Las renegociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por su sigla en inglés) se extienden en el año 2018 tras al menos cinco rondas de conversaciones entre los líderes de Canadá, Estados Unidos y México. Hasta el momento, los representantes de los sectores políticos, comerciales y empresariales han expresado reacciones diversas por ciertas propuestas conversadas en el año 2017. Los desacuerdos han retardado en gran medida las rondas de renegociación.

 

Indudablemente, es un momento crítico para una de las zonas de libre comercio más importantes del mundo. Los dos resultados más probables que se avizoran son: la conservación del Tratado con algunas modificaciones; o la desintegración completa del NAFTA. Desde su entrada en vigor, en 1994, el Tratado ha generado roces y desacuerdos entre los tres países miembros. Sin que estas rondas de negociaciones sean la excepción, en este momento se están haciendo exigencias que incomodan particularmente a ciertos sectores. El gobierno de Donald Trump exige el establecimiento de una cláusula que permita a los miembros del NAFTA decidir sobre su permanencia en el Tratado cada cinco años (“cláusula sunset”). Solicita también la imposición de tarifas a ciertos productos y la eliminación de los mecanismos establecidos en el Tratado para la resolución de conflictos. Canadá, por otro lado, ha expresado su voluntad de mantenerse en el NAFTA bajo la condición de que el texto resultante de la renegociación no sea desventajoso para su economía. Finalmente, México, país que depende considerablemente del comercio con los Estados Unidos, se mantiene firme ante los reclamos del gobierno estadounidense, no cede ante las amenazas y busca una negociación favorable a la economía mexicana. 

 

Es importante remarcar que muchos de los análisis que se han elaborado sobre el proceso de renegociación del NAFTA se han enfocado en las actitudes y discursos de sus principales líderes: Enrique Peña Nieto, Justin Trudeau y Donald Trump. En este sentido, es importante entender cómo puede la personalidad de los negociadores afectar el futuro del NAFTA.En primer lugar, cabe notar que el análisis de las dinámicas políticas y comerciales entre países pasa por evaluar la personalidad de sus dirigentes. En este caso, aunque las actuales discusiones se están llevando a cabo mayoritariamente entre ministros, asesores y grupos de interés, la aprobación y firma del Tratado recae finalmente en las manos de los presidentes y del primer ministro. En segundo lugar, cabe notar también que los líderes de los tres países miembros han declarado su apoyo y rechazo a ciertos avances en el marco de las negociaciones. De este modo, cualquier resultado previo a la firma se conecta con las ambiciones de estos líderes.

 

¿Cómo puede la personalidad afectar las negociaciones en el ámbito de la política exterior?

 

Académicos en el área de ciencia política y psicología política han concluido que la personalidad es relevante cuando se trata de predecir el comportamiento de los políticos[1]. Aunque el individuo se vea afectado por sus antecedentes – tales como educación, edad o área de experticia profesional –, la conducta está atada a las características individuales de la persona. Los ejemplos abundan en la historia política internacional: aunque el contexto ha ayudado a definir el rumbo de los países, es innegable que los actores decisivos de la política han dado forma al devenir de sus naciones. Casos ilustrativos son Angela Merkel en Alemania, Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, Vladimir Putin en Rusia y Hugo Chávez en Venezuela. En situaciones de crisis, con escasa o demasiada información, las personalidades de los líderes tienen aún más probabilidad de influir en las decisiones de sus naciones. Del mismo modo, las percepciones sobre el otro también juegan un papel fundamental en una negociación[2].

 

En el área de política exterior, los líderes con personalidades que reflejan altos niveles de motivación por el poder son más propensos a ser más agresivos, y las decisiones son centralizadas en los juicios del propio líder. También se espera que un individuo con altos niveles de motivación por el poder busque influenciar a otros actores. Por su parte, las decisiones tomadas en grupo suelen caracterizarse por la complejidad conceptual. Usualmente, los líderes con altos niveles de motivación por el poder buscan e incorporan información y asesoría y son sensibles a los límites que les impone el régimen. Los narcisistas[3], por otro lado, buscan exacerbar su liderazgo y reconocimiento con su gran carisma a través de un fuerte lazo con sus seguidores.

 

El perfil de Trump ha sido evaluado en numerosas oportunidades – principalmente luego de asumir la Presidencia de los Estados Unidos en enero del 2017. Calificado por algunos como un negociador fuerte e incapaz de ceder, otros lo presentan como una persona posesiva, manipuladora y narcisista, con sueños de máxima gloria. Habiendo ingresado a la política desde el sector privado, es relevante comprender su perfil. El discurso duro de Trump, así como su presencia mediática, sus motivaciones y objetivos no son una cortina de humo. Trump se presenta como lo que es. Como ya ha sido descripto por otros líderes, él es la misma persona, tanto en público como en privado.

 

Pero ¿es posible que su personalidad pueda acabar con futuros avances en el NAFTA? Probablemente. La impulsividad y predisposición por el control de Donald Trump ante un eventual acuerdo que no satisfaga sus peticiones puede conducir al menos a dos escenarios. El primero es efectivizar la salida de Estados Unidos del NAFTA. Para ello, Trump tendría que contar con una mayoría de votos en el Congreso. Pero aún en el caso de que éste se niegue a respaldar dicha salida, Trump tiene espacio de maniobra para tomar acciones individuales con respecto al Tratado.

 

El segundo escenario posible es seguir retrasando las conversaciones y buscar que Canadá y México cedan en aspectos importantes que no han sido oficialmente contemplados en las negociaciones. Por ejemplo, Trump aún sigue firme en la idea de construir un muro entre México y Estados Unidos, y retrasar las soluciones a los problemas que se están tratando en el NAFTA puede ser una estrategia de maniobra para lograr concretar su gran promesa de campaña electoral de 2016.

 

En el caso de Canadá, a pesar de que Justin Trudeau no tiene formación política, se ha creado una verdadera “Trudeaumanía” e imagen política alrededor de su figura. De ser maestro y defensor de causas como las ambientales y humanitarias, a llegar al Parlamento como miembro electo, la personalidad de este líder se determina por su carisma y por sus altos niveles de poder de conciliación. Sus discursos – y la composición de su gobierno – indican que Trudeau está dispuesto a escuchar. Es un negociador que prefiere evitar la confrontación directa y se aboca a revisar las posibilidades alternas. En este sentido, las amenazas de Trump bien pueden llevar a que Canadá se reinvente en el mercado global.

 

En el caso de México, Enrique Peña Nieto es un líder con carisma que otorgó una imagen de “nueva generación” al Partido Revolucionario Institucional (PRI) desde que ganara la elección presidencial en 2012. Sin perder el control de lo que dice y por cómo se presenta ante el público, Peña Nieto ha sido, de los tres líderes, el que menos ha aparecido pública e internacionalmente a hablar sobre el NAFTA. Esto puede deberse a dos cosas: a las dificultades que enfrenta México a lo interno, o al próximo fin de su Presidencia, en julio del 2018. Estos factores hacen más difícil definir de qué forma su perfil ha sido clave en las negociaciones del pasado año y en las de estos meses de 2018. Si bien la exposición mediática de Peña Nieto ha sido más baja que la de Trudeau y Trump, expresidentes y candidatos presidenciales en México han opinado enfáticamente sobre el NAFTA y las políticas de Trump hacia México.

 

Un importante perfil de personalidad a evaluar, en el caso mexicano, es el de Andrés Manuel López Obrador, el candidato que se encuentra en el primer lugar en los sondeos presidenciales[4]. Siendo un político controversial con años en la carrera política y siempre cerca de conquistar la Presidencia, López Obrador es un hombre que desafía e incomoda a los partidos políticos clásicos, a las élites mexicanas y al sistema político en general. Sus desafíos y discursos sencillos parecen apuntar a un líder que sabe manejar a las masas a su favor. Pero, a diferencia de Peña Nieto, López Obrador no controla lo que dice ni cómo se presenta, y hace gran uso de la ideología como estrategia de vinculación con sus electores. Es por ello que no resulta sorprendente su tono, a veces moderado y otras veces amenazante, que presenta dependiendo del interlocutor y el contexto en el que se encuentra. Sin embargo, esto no será capital suficiente, de llegar a la Presidencia, para fragmentar completamente acuerdos y negociaciones que ya han sido preestablecidos. Para ello, necesitará contar con la mayoría en el gobierno.

 

¿Es importante considerar otros factores en estas negociaciones?

 

Lógicamente, la personalidad de los líderes no se desliga de su contexto. En el año 2018, las elecciones en Estados Unidos y México serán los hitos de mayor relevancia para describir este contexto. Por un lado, como ha ocurrido tradicionalmente en las elecciones legislativas en Estados Unidos, Donald Trump se enfrentará en noviembre de 2018 a la posibilidad de perder la mayoría parlamentaria tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado. Estas elecciones han servido para marcar, a mitad del mandato del presidente, el futuro de su liderazgo y el rumbo de sus políticas. Por otro lado, México poseerá varios candidatos para decidir el próximo presidente, entre los que se encuentran Andrés Manuel López Obrador (Morena), Andrés Anaya (PAN) y José Antonio Meade (PRI). De ganar López Obrador, se van a concretar diversas reformas económicas, tal como él mismo lo ha manifestado.

 

En el caso de Estados Unidos, un segundo aspecto para tener en cuenta es el de los grupos económicos y/o políticos que se han visto beneficiados por el Tratado, tales como los empresarios de la Cámara de Comercio, el Consejo Nacional de Comercio Exterior y la Asociación Nacional de Manufactureros. La insistencia de estos grupos para que el país se mantenga como miembro del NAFTA ha llevado a presionar directamente no sólo al poder Ejecutivo, sino también a miembros del Congreso. De la misma manera, México cuenta con sectores del mundo privado, como el textil y automotriz, que presionan para que la zona de libre comercio se mantenga y expanda. Sin duda, estas presiones tienen un efecto importante en los tomadores de decisión y en las proyecciones sobre el futuro del Tratado.

 

El análisis de las alternativas comerciales para Canadá y México también representa un importante factor a la hora de describir el contexto. Se ha analizado mucho el ingreso de China a la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2001 y el papel que este país ha jugado en el comercio mundial. En las renegociaciones actuales por el NAFTA, es fundamental considerar a este país como una alternativa comercial. Aunque lo más deseable para Canadá y México es que se firme y modernice el NAFTA, ambos han iniciado acercamientos con otros países y bloques comerciales. En uno de los casos, México considera negociar un acuerdo de libre comercio con China. Aunque la balanza comercial entre estos dos países no se compara con la que tiene México con Estados Unidos, los acercamientos pueden rendir frutos en el futuro a medida que Estados Unidos se aleje de México. Por ejemplo, ya en enero de 2017, Trump firmó una orden ejecutiva para retirar a Estados Unidos del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, por su sigla en inglés), del cual tanto México como Canadá son miembros firmantes.

 

Por otro lado, tal como lo señaló[5] Chrystia Freeland, ministra de Asuntos Exteriores de Canadá, el NAFTA empezó a ser relevante para el país en 2016, cuando el Tratado se convirtió en un tema de la campaña electoral en Estados Unidos. De esta manera, y tomando en cuenta el tono de la administración Trump y la reformulación de sus estrategias comerciales, Canadá también ha empezado a reactivar el diálogo con otros bloques comerciales, como el Mercado Común del Sur (MERCOSUR) y la Alianza del Pacífico.

 

Es difícil que se desplomen las negociaciones y, en consecuencia, el bloque de NAFTA. Dejando a un lado las consecuencias positivas y negativas derivadas de 24 años de vigencia del Tratado, revertir las políticas creadas sería un desafío aún más arduo. El contexto, en combinación con la personalidad de estos líderes, es relevante para entender las decisiones políticas. Esto no es una excepción para el caso de las negociaciones del NAFTA. Con un tipo de liderazgo como el de Trump, los pactos indudablemente seguirán girando en torno a algunas de sus exigencias. Canadá y México deberán examinar si vale la pena, en este contexto, continuar con el Tratado bajo el gobierno de Trump.

 

* Adriana Boersner es candidata doctoral en el Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Missouri.




[1] Véase: Hermann, Margaret G. Explaining Foreign Policy Behavior Using the Personal Characteristics of Political Leaders. In: International Studies Quarterly, vol. 24, n. 1, mar. 1980, pp. 7-46.

[2] Una contribución central para ese debate es el trabajo de Robert Jervis, publicado en 1976 con el título Perception and Misperception in International Politics.

[3] Ver, por ejemplo, el análisis de Joshua D. Kertzer y Thomas Zeitzoff: “Beyond Narcissism: What Political Psychology Tells Us About Foreign Policy Under Trump” (23 feb. 2017). Disponible en: <http://bit.ly/2kMjE4m>.

[4] Véase: <http://bit.ly/2sbTde3>.

[5] Disponible em: <http://bit.ly/2w3eCaf>.

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