¿Nos dirigimos hacia una guerra comercial de cambio climático?

30 Agosto 2018

En un contexto de guerra comercial por el acero y el aluminio entre Estados Unidos, China, Europa y otras economías importantes, el cambio climático surge como otro posible punto de conflicto comercial. El presidente Donald Trump ha anunciado su intención de retirarse del Acuerdo Climático de París, convirtiendo a Estados Unidos en el único país del mundo que no participaría de este Acuerdo.

 

Recientemente, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, ha mencionado que la Unión Europea (UE) estaría "loca" si firmara un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos después de su retirada[1]. Macron también insinuó, durante las negociaciones climáticas internacionales del 2017, que Europa debería establecer un impuesto transfronterizo sobre el carbono para proteger a sus industrias contra las importaciones de países que actualmente no tienen un precio del carbono establecido.

 

Las ideas de un impuesto transfronterizo sobre el carbono, o un ajuste de costos en frontera, existen desde hace mucho tiempo, pero la retirada de Estados Unidos del Acuerdo de París ha sido el primer acontecimiento que podría convertirse en una guerra comercial de cambio climático.

 

La naturaleza única del Acuerdo de París, donde cada país establece sus propios compromisos para reducir las emisiones, direcciona al mundo hacia una aceptación universal de la amenaza real y urgente que representa el cambio climático, problema que debe ser abordado por todos los países. Esto es muy diferente a la configuración “de arriba hacia abajo” y de “país desarrollado versus país en desarrollo” del Protocolo de Kyoto – acuerdo que ha gobernado la política climática internacional durante los últimos 20 años.

 

En gran medida, el Acuerdo de París protege a los suyos: siempre que lo hayan ratificado, no existen mecanismos ni sanciones para posibles disputas, independientemente de cómo se aborde (o no) la problemática del cambio climático. Sin embargo, con el anuncio de la retirada estadounidense, muchos gobiernos y organizaciones de la sociedad civil perciben que Estados Unidos podría convertirse en un punto de partida claro para iniciar una disputa comercial sobre el cambio climático.

 

¿Cómo se podría aplicar un impuesto al carbono o un ajuste transfronterizo contra Estados Unidos u otro país? Los gobernantes podrían fácilmente movilizarse para implementar tal impuesto, aplicándolo solo a aquellos países que actualmente no fijan un precio al carbono para paliar la contaminación. Sin embargo, esto podría resultar complicado y controvertido ya que no tomaría en cuenta las medidas equivalentes que los países podrían estar implementando y que sí tendrían un precio implícito del carbono.

 

Según el Banco Mundial, más de 40 países o regiones ya poseen un precio del carbono[2]. Generalmente, esto se aplica como un régimen de intercambio de derechos de emisión (ETS, por su sigla en inglés) o un impuesto sobre el carbono. Todos los miembros de la UE aplican un precio del carbono, junto con Suiza, Noruega, Corea del Sur, Colombia, Chile, México y, más recientemente, China, entre otros. En diciembre de 2017, China lanzó lo que será – cuando se implemente por completo – el mayor ETS del mundo, con un objetivo de más de 4 mil millones de toneladas de emisiones de carbono[3]. En cambio, el presupuesto anual de carbono de toda la UE es de aproximadamente 2 mil millones de toneladas. El ETS de China inicialmente se enfocará en las emisiones del sector eléctrico, antes de extenderse a sectores que consumen mucha energía como el petróleo y el gas, los productos químicos y el cemento. El gobierno chino se enfoca firmemente en reducir sus emisiones a través de la implementación de un ETS como un tema de la agenda de seguridad energética y de estabilidad democrática.

 

Las políticas de fijación de precios del carbono también se han adoptado en las provincias canadienses de Quebec, Ontario, Alberta y Colombia Británica, junto con los estados estadounidenses de California y otros 10 estados en Nueva Inglaterra y el noreste, incluida Nueva York. En total, más del 50% de la economía mundial adhiere a la tarificación del carbono. Actualmente, las principales economías que no tienen un precio del carbono son Estados Unidos, Brasil, Rusia e India. Sin embargo, Brasil e India actualmente están explorando cómo establecer un sistema de fijación de precios del carbono con la ayuda del Banco Mundial y otras iniciativas climáticas internacionales.

 

Cualquier gobierno de los países con un precio vigente podría adoptar una legislación que grave las importaciones (como un ajuste de carbono en frontera) provenientes de aquellos países que no tienen un precio del carbono. Los ingresos de estos impuestos podrían usarse, por ejemplo, para proyectos ambientales y de energías renovables, para financiar iniciativas climáticas de las Naciones Unidas, o investigaciones científicas sobre tecnologías bajas en carbono.

 

Cualquier gobierno que considere seriamente la aplicación de un impuesto al carbono transfronterizo considerará a Estados Unidos como el principal objetivo, tanto por el tamaño de su economía como porque podría servir como una represalia a cualquiera de los aranceles impuestos recientemente por la administración Trump contra China y la UE. Rusia también podría ser un potencial foco de crisis para una disputa comercial sobre el cambio climático, ya que su objetivo de reducción de emisiones, presentado antes de las conversaciones de París, permite que las emisiones rusas aumenten hasta el 2030. Los gobiernos europeos podrían tomar represalias contra los ataques cibernéticos patrocinados por Rusia aplicando un impuesto al carbono sobre cualquier importación rusa de petróleo y gas.

 

Es bastante evidente que la introducción de un impuesto sobre el carbono en la frontera crearía un conflicto diplomático de magnitud y resultaría contraproducente debido al incremento de los precios en los productos importados. Además, Estados Unidos o Rusia también podrían tomar represalias fácilmente con sus propios aranceles, o podrían introducir de manera preventiva un impuesto al carbono insignificante, de tan solo unos pocos centavos de dólar, a fin de evitar que esa disputa se produzca en primer lugar, dependiendo del tipo de ajuste transfronterizo que enfrenten. Esto contribuiría muy poco a la estabilidad comercial y la salvación ambiental del planeta. Si el presidente de Estados Unidos decidiera permanecer en el Acuerdo de París diseñado por ellos mismos, en lugar de abandonarlo por completo, todos podríamos evitar que surgieran conflictos comerciales en primer lugar.

 

* Jeff Swartz es director de Política Climática y Mercados de Carbono en South Pole.




[1] Disponible en: <https://bit.ly/2AmAOiS>.

[2] Disponible en: <https://bit.ly/1ur6FSVZ>.

[3] Véase: < https://bit.ly/2P3SEdI>.

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