TTIP, implicaciones para las potencias emergentes y el orden internacional

1 Septiembre 2014

El acuerdo conocido como Asociación Trasatlántica de Comercio e Inversión (TTIP, por sus siglas en inglés), actualmente en proceso de negociación entre Estados Unidos (EE.UU.) y la Unión Europea (UE), promete grandes oportunidades para generar empleos, comercio e inversión en todo el Atlántico.

Al respecto, un estudio independiente del Centro de Investigación de Políticas Económicas prevé que un acuerdo como este podría generar US$159 mil millones en ganancias económicas para la UE, US$ 127 mil millones para Estados Unidos y detonar un ingreso global de casi US$ 134 mil millones. Además, el acuerdo podría desencadenar mayores ganancias que el moribundo acuerdo de la Ronda de Doha.[i]

En esencia, el acuerdo TTIP es una negociación económica que busca la unión de tres pilares. El primero se refiere principalmente al acceso al mercado, como son los aranceles y normas de origen. Se busca que estas últimas sean más claras, sencillas y transparentes para que así puedan servir en un futuro como base para nuevas normas de origen preferenciales. De hecho, un conjunto de normas de origen sencillas y alineadas entre sí podrían ayudar a simplificar el comercio global y, por ende, podrían considerarse como un bien común.

El objetivo del segundo pilar es reducir, siempre que sea posible, las barreras no arancelarias y encontrar coherencia, convergencia o reconocimiento de las equivalencias primordiales entre los enfoques estadounidense y europeo en temas regulatorios específicos.[ii] Podría ser pionero en establecer nuevas formas para que los países aseguren altos estándares de vida para los consumidores, los trabajadores, las empresas y el medio ambiente a la vez que se mantienen los beneficios de una economía global abierta.

El reconocimiento mutuo de normas esencialmente iguales y de la coherencia regulatoria en todo el espacio trasatlántico no solo promete beneficios económicos para cada país, sino que también podría conformar el núcleo de un conjunto de normas y estándares internacionales de mayor amplitud.

El tercer pilar busca un acuerdo común entre una serie de normas y estándares concernientes a temas de inversión, derechos de propiedad intelectual, políticas industriales discriminatorias y empresas estatales, haciendo posible que algunos de estos estándares vayan más allá que los establecidos por la Organización Mundial del Comercio (OMC+); otros incluso podrían superar las normas multilaterales (OMC-X).[iii]

El acuerdo en temas como propiedad intelectual, servicios, políticas industriales discriminatorias o empresas estatales podría fortalecer los cimientos normativos del sistema multilateral creando referencias para una posible liberalización multilateral bajo la OMC. El acuerdo transatlántico, bajo estos principios y el compromiso de trabajar juntos para movilizar estas normas a nivel global, no solo mejoraría el sistema de comercio internacional, sino que también fijaría reglas políticas más amplias en cuanto a Estado de Derecho, derechos humanos, trabajo y normas ambientales y del consumidor.

Además, el acuerdo TTIP no necesariamente se concluiría en un único documento final, pues los negociadores buscan generar un “acuerdo vivo” (o dinámico) que seguramente abarcaría nuevos mecanismos de consulta para temas regulatorios y no arancelarios que pudieran anticipar o responder a la innovación evolutiva, la fricción económica causada por cambios en las leyes y cualquier otro desarrollo en comercio o tecnología.

Juntos, estos elementos resaltan el hecho de que el acuerdo TTIP no es un tratado comercial más, sino una nueva generación de negociaciones que persiguen reposicionar a las economías estadounidense y europea en un mundo cada vez más difuso y de intensa competencia.[iv] El TTIP trata de establecer una relación más estratégica, dinámica y holística entre las partes para generar empleos y crecimiento, atraer a terceros países de forma más efectiva y fortalecer las reglas básicas del orden internacional.

Los gobiernos de Estados Unidos y los de la Unión Europea preferirían un acuerdo global para un comercio más abierto, pero la Ronda Doha de negociaciones comerciales multilaterales se encuentra estancada. El sistema multilateral administrado por la OMC debe lidiar con ciertos países que apenas han mostrado interés en las iniciativas de apertura de mercados y que además no comparten los principios o estructuras básicas que sustentan al comercio basado en normas.  Un ejemplo es el reciente rechazo de India al Acuerdo de Facilitación del Comercio de la OMC acordado en Bali. Como resultado de lo anterior, la economía global se dirige peligrosamente a prácticas domésticas discriminatorias de comercio, regulación e inversión.

Incluso si mañana se firmara un acuerdo de Doha, este no trataría la serie de problemas no arancelarios y regulatorios relacionados a la profunda integración económica que une a las economías europea y estadounidense. Estos problemas no arancelarios y regulatorios, y no el comercio, son el corazón del TTIP. En consecuencia, el TTIP es una manera de energizar el sistema multilateral mientras se abordan problemas inherentes a la economía trasatlántica.

 

“Entre más unido, integrado, interconectado y dinámico sea el orden internacional liberal –modelado casi todo por Estados Unidos y Europa– mayor será la probabilidad de que las potencias emergentes crezcan dentro del orden y se adhieran a sus reglas.”

 

TTIP y las potencias emergentes
El TTIP es relevante en cuanto a la forma en que los socios trasatlánticos se relacionen con las potencias emergentes, sobre todo con los mercados en crecimiento. Ya sea que esas potencias elijan desafiar el orden internacional y sus reglas o intenten ganar popularidad dentro del mismo, dependerá en cómo Estados Unidos y la Unión Europea los involucren no solo con ellos, sino también con las otras potencias.

Entre más fuerte sea el vínculo entre las economías de mercado democráticas, mayores serán las oportunidades de sumar a socios emergentes como actores responsables en el sistema internacional. Entre más unido, integrado, interconectado y dinámico sea el orden internacional liberal –modelado casi todo por Estados Unidos y Europa– mayor será la probabilidad de que las potencias emergentes crezcan dentro del orden y se adhieran a sus reglas. Entre más débiles sean esos lazos, más alta será la probabilidad de que las potencias emergentes desafíen al orden internacional.

Es notorio que el TTIP presiona a los países que deciden no participar en las iniciativas de apertura del mercado internacional. Según Vera Thorstensen y Lucas Ferraz (2014), un acuerdo que vaya más allá de las simples reducciones arancelarias podría resultar en un descenso de entre 5 y 10 por ciento de las exportaciones brasileñas a Estados Unidos y la UE,  y entre 4 y 8 por ciento de las importaciones estadounidenses y europeas a Brasil.

Incluso, y de acuerdo a los autores citados, puesto que dicho acuerdo aumentaría la competitividad europea y estadounidense y dispararía las exportaciones de ambas economías, lo más probable es que se reduzca la participación de Brasil en el mercado mundial. En contraste, si Brasil decidiera aceptar disposiciones del TTIP en un escenario en donde se redujeran 50% de los aranceles agrícolas por parte de EE.UU. y la UE, 50% de los aranceles industriales brasileños y 50% de las barreras no arancelarias de todos los participantes, las exportaciones brasileñas a Estados Unidos y Europa aumentarían cerca de un 67,7%, equivalente a US$ 51,1 mil millones; mientras que la importaciones a Brasil desde Estados Unidos y Europa incrementarían 52,9%, iguales a una ganancia de US$ 42,3 mil millones.

Pueden anticiparse resultados similares en otros países latinoamericanos. Esto debido a que dentro de la cuenca del Atlántico fluye más comercio que en cualquier otra. El vínculo comercial entre América del Norte y del Sur sigue floreciendo y la relación de Europa con Latinoamérica cobra más relevancia.  

Los países latinoamericanos y caribeños exportan al resto del mundo más del doble de lo que exportan a sus socios del Atlántico. Las exportaciones latinoamericanas a la zona europea superan por 40% a las chinas. Brasil, en particular, es el exportador más importante de productos agrícolas a la UE. Los países que decidan elevar sus estándares para entrar al mercado más grande y vasto del mundo seguramente verán incrementos significativos en sus relaciones comerciales; aquellos que no lo hagan también con seguridad se encontrarán con grandes obstáculos para su crecimiento y generación de empleos.

Hay evidencia de que el TTIP ya está afectando a terceros países. El acuerdo en cuestión fue un tema ineludible en la cumbre entre la UE y Brasil en 2013, pues ha provocado que los líderes brasileños cambien su forma de pensar con respecto a la evolución de su papel y postura en relación al TTIP. Podría decirse que el hecho de que Japón se uniera al Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés) se debió tanto al arranque de las negociaciones del TTIP como a la dinámica interna de Asia.

Ahora que la UE negocia un acuerdo bilateral con Japón, tanto Estados Unidos como el bloque europeo sostienen charlas con Tokio para la apertura del mercado japonés, una meta que por años se pensó inalcanzable. También existen motivos para creer que el acuerdo firmado por los miembros de la OMC en diciembre de 2013 en Bali se materializó en parte porque varios países reacios especularon que con el TTIP y el TPP el sistema global de comercio avanzaría dejándolos atrás.

Su relación con Asia
Si bien en un análisis superficial se ha considerado que el TTIP es un esfuerzo para enfrentar y aislar a China, la verdad es que no busca contener al país oriental, sino más bien pretende establecer los términos y reglas que lleven a China a integrarse y a participar en la economía global.

La creciente relación comercial entre China, Estados Unidos y Europa evidencia que la finalidad es relacionarse con aquel país y no alejarlo. Sin embargo, Beijing debe adoptar algunos principios básicos de orden internacional. Por lo pronto, China ha intentado convertir su influencia económica en militar, pues ha reclamado con gran intensidad territorios en el Mar de China. Asimismo, ha perseguido traducir la misma influencia en ventajas políticas y diplomáticas, como lo ha hecho al bajar el valor de su moneda para impulsar a sus empresas, aprovechando su casi monopolio en la industria de las tierras raras para agilizar sus objetivos estratégicos, o dirigiendo compañías estatales no solo para generar riqueza sino ejercer poder en su nombre.

El TTIP y otras iniciativas similares como el TPP resultan ser instrumentos importantes para perfilar las opciones de Beijing al resaltar los intereses de China dentro de un sistema internacional abierto y estable, así como los tipos de normas y estándares necesarios para sostener dicho sistema. China ha cambiado su postura y ha mostrado disposición a unirse a las negociaciones plurilaterales en temas de servicios. Sus motivos siguen siendo inciertos, pero no puede negarse que el TTIP y las demás iniciativas han inyectado movimiento y energía a los esfuerzos por abrir mercados y fortalecer las normas globales.

Y puesto que el TTIP no solo pretende conseguir una mayor coherencia regulatoria en el Atlántico, sino también establecer referencias en el plano global, es aún más ambicioso que el TPP o la Asociación Económica Integral Regional (RCEP, por sus siglas en inglés). De hecho, un TTIP exitoso sería un acuerdo TPP+ o un RCEP+ en cuanto a coherencia regulatoria y probablemente también con respecto a normas OMC+ y OMC-X. En este sentido, es posible que el TTIP tenga mayor impacto en las economías asiáticas que el que podrían tener el TPP o el RCEP en las europeas.

Aun con el potencial inherente del TTIP para que EE.UU. y la UE influencien a las potencias emergentes a seguir los términos de su integración en el marco del sistema internacional basado en normas, los gobiernos no han decidido cómo este acuerdo comercial podría abrirse a otros países dispuestos a comprometerse a cumplir los mismos objetivos y las mismas reglas fundamentales.[v]

El presidente Obama y sus contrapartes europeas deben publicar una Declaración de Líderes en donde afirmen que el TTIP es parte de un “arquitectura comercial abierta” y delimiten las particularidades para una eventual adhesión o alineación. Esta no es solo la lógica inherente del TTIP, pues si no se logra hará que las potencias emergentes consideren que el acuerdo más bien se trata de desviación de comercio por encima de creación del mismo.

Enmarcar este acuerdo como un elemento de arquitectura abierta y accesible a otras partes podría darle una tremenda ventaja a Estados Unidos y a la UE en cuanto a asegurar un mayor compromiso con altos estándares y normas básicas vigentes en las economías abiertas modernas. De hecho, Turquía se ha interesado en el TTIP en parte porque representa un tipo de gobernanza “trasatlántica” derivada del Estado de derecho –y no en una autoritaria o intervencionista– que por lo tanto coadyuvaría a la modernización del país.

 

“Puesto que el TTIP no solo pretende conseguir una mayor coherencia regulatoria en el Atlántico, sino también establecer referencias en el plano global, es aún más ambicioso que el TPP o la Asociación Económica Integral Regional.”

 

¿Larga vida al TTIP?
Concluir el acuerdo no será fácil. Las barreras arancelarias trasatlánticas restantes, sobre todo en el campo agrícola, suelen ser los casos políticos más complejos. Podrían necesitarse largos periodos en fase transitoria para eliminar aranceles e impuestos por completo. Algunos de los desacuerdos trasatlánticos más intensos surgieron por diferencias en la política regulatoria. Los problemas de seguridad alimentaria o estándares ambientales preocupan a fuertes grupos públicos y suelen ser temas sensibles al tratarse en el sector público. La responsabilidad de regulación se ha dividido en la UE entre Bruselas y los demás integrantes y en Estados Unidos entre los gobiernos federal y estatales. Será difícil cambiar los obstáculos para la inversión, sobre todo en cuanto a infraestructura y propiedad de transportes. Existe además un importante debate sobre la forma en que deben incluirse los servicios financieros. No se sabe si alguno de los bandos está listo para sacrificar sus áreas más sensibles por el acuerdo: el sector audiovisual para la UE y la Ley Jones en Estados Unidos. El comercio de Defensa parece estar fuera de los límites y los mecanismos de solución de diferencias entre inversionistas y Estado previstos en el TTIP han sido altamente polémicos.

No obstante lo anterior, el potencial de recompensa del TTIP es considerablemente alto. El impacto geoestratégico del acuerdo podría ser tan profundo como lo dicten los beneficios económicos directos. Si los líderes en ambos bandos del Atlántico aprovechan el momento, el primer “presidente del Pacífico” de Estados Unidos y sus socios europeos podrían ser recordados por haber refundado la alianza del Atlántico, pero si no, entonces los problemas de falta de confianza seguirán desgastando la relación.


[ii] Los cálculos indican que 80% del potencial general de generación de bienestar del TTIP resultará del eliminación de costos propiciados por la burocracia y las normativas y de la liberalización del comercio de servicios y compras públicas. Véase “Does TTIP top TPP free-trade negotiations?

[iii] Véase Thorstensen, V. & Ferraz, L. (2014). The impact of TTIP on Brazil. En D. Hamilton (Ed.), Atlantic rising: changing commercial dynamics in the Atlantic basin. Washington, EE.UU.: Center for Transatlantic Relations.

[iv] Según el grupo de reflexión europeo ECIPE, un acuerdo trasatlántico sin aranceles podría mejorar las exportaciones de EE.UU. y la UE en un 17%; es decir, unas cinco veces más que lo logrado bajo el acuerdo comercial entre EE.UU. y Corea del Sur. Véase Erixon, F. & Bauer, M. (2010). A transatlantic zero agreement: estimating the gains from transatlantic free trade in goods. ECIPE Occasional Paper, 4.

[v] El Representante de Comercio de EE.UU. Mike Froman ha dicho que el TTIP es una “plataforma abierta” aunque ninguna de las dos partes ha comentado más al respecto. Esto contrasta con el TPP, en donde EE.UU. y sus socios han declarado que el acuerdo está abierto a otros integrantes de APEC (incluso China y Rusia) y en principio a gran parte de la región Asia-Pacífico.

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