TPP: ¿qué tiene de siglo XXI?

1 Septiembre 2014

Desde el comienzo de las negociaciones, los oficiales involucrados en las charlas comerciales del Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica (TPP, por sus siglas en inglés) han pregonado la “calidad de siglo xxi” de este tratado de libre comercio (TLC). A medida que su conclusión se acerca conviene evaluar si los negociadores han logrado mantener tal calidad y los objetivos originales luego de más de cuatro años de negociaciones.

Responder a lo anterior depende, principalmente, de la referencia que se utilice para evaluar su éxito. Sin embargo, a pesar de la amplia promoción del acuerdo y de ser analizado según los más altos estándares, lo más seguro es que muchos se decepcionen con el resultado final. Pero esto sería un error, pues a diferencia de cualquier otro TLC, el TPP ha sobresalido en profundidad y amplitud.

De igual manera, si los negociadores aprovechan la ventaja y construyen las estructuras institucionales adecuadas para sustentar el acuerdo, el TPP podría evolucionar hacia objetivos aún más ambiciosos.

Tómese por ejemplo la medida de calidad más obvia: el acceso a bienes. La primera y más repetida promesa garantizaba la liberalización de todos los productos, sin excepción. Para quienes critican el tratado, cualquier cifra por debajo del 100% sería una gran decepción. Sin embargo, la consecución de dicho resultado con 12 integrantes (Australia, Brunéi, Canadá, Chile, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur, Estados Unidos y Vietnam) siempre fue poco plausible.

Al final del día, los líderes políticos deberán ser capaces de “vender” el acuerdo a sus electores. Por lo pronto, ha sido casi imposible conseguir una total liberalización arancelaria en todos los productos, especialmente en bienes agrícolas sensibles como el arroz para Japón, el azúcar para Estados Unidos y los lácteos para Canadá.

Acceso a mercado
El TPP eliminará los aranceles para 90% de las líneas una vez que entre en vigor para cada uno de sus integrantes. Y de nuevo, depende de la referencia que se utilice, si esta apertura se compara con los acuerdos ASEAN, no se puede negar que resulta realmente notable. Es más, casi todas las líneas arancelarias restantes se reducirán a cero en los siguientes siete a diez años.

Pero claro, aunque todo podría cambiar, es probable que el acuerdo final elimine los aranceles en 98 o 99% de las líneas. Lo anterior variaría según el integrante, pues las últimas líneas más sensibles son únicas para cada país.

Son escasos los TLC que eliminan la totalidad de los aranceles en tantos bienes y prácticamente ninguno lo hace entre países que efectivamente comercian.

A pesar de que gran parte de la atención del TPP se ha enfocado en los bienes, quizá la liberalización del mercado de servicios e inversión sea igual de importante. Esto porque muchos de los integrantes del acuerdo ya han firmado tratados comerciales entre ellos. De todas formas, los capítulos concernientes a servicios e inversión dentro de muchos de estos tratados son débiles, pues es común que estos solo refuercen las promesas de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Si bien el TPP no rompe esquemas en el desarrollo de normas en las áreas mencionadas, los compromisos de acceso son importantes, sobre todo teniendo en cuenta que ambos capítulos se ubican en una lista negativa. Esto quiere decir que el gobierno podría abrir la economía en todos los sectores y subsectores, excepto en aquellos mencionados en el acuerdo. Asimismo, todos los nuevos servicios se abrirán automáticamente en el futuro.

La lista negativa es importante para integrantes del TPP como Malasia o Vietnam, pues sus autoridades nunca han negociado de esta manera. De todas formas, queda por confirmar la serie de medidas no conformes que se aplicarían en estos capítulos. Y puesto que dichas excepciones específicas siguen sin confirmarse es imposible determinar la calidad final de estos capítulos para los integrantes del acuerdo.

¿Elementos novedosos de siglo XXI?
El TPP se extiende a casi 30 capítulos. Además, contiene muchos capítulos nuevos para países que nunca han firmado acuerdo alguno con Estados Unidos, como el de compras gubernamentales, medio ambiente o competencia. Para quienes ya son sus socios, el capítulo de comercio electrónico es completamente nuevo.

La profundidad del TPP implica que sus integrantes han creado nuevas normas en una variedad de áreas. De hecho, muchas de ellas van más allá de lo estipulado en los TLC vigentes. Por ejemplo, incluso en áreas controversiales como las disposiciones concernientes a la solución de diferencias inversionista-Estado, las reglas se han detallado de tal manera que cubren decenas de páginas y buscan lidiar con muchas de las preocupaciones expresadas por los más críticos.

Las nuevas reglas también se reflejan en las medidas sanitarias y fitosanitarias (MSF) aplicables al comercio agrícola. Su objetivo es facilitar el proceso de embarque de productos alimenticios y agrícolas entre países integrantes del TPP. Las nuevas normas MSF, por ejemplo, eliminan la duplicación de pruebas y clarifican requisitos para trámites aduaneros.

Uno de los principales elementos del llamado “acuerdo del siglo XXI” es conseguir una “coherencia regulatoria”. Las autoridades nunca pretendieron la armonización de sus regulaciones en torno a un conjunto de reglas comunes para, por ejemplo, estándares de seguridad para pesticidas de frutas. Su idea fue generar acuerdos que establecieran que las inspecciones de pesticidas en un determinado país fueran válidas en otro. O bien que los estándares de eficiencia energética para electrodomésticos de un país integrante del acuerdo fueran equivalentes a las de otro a fin de no tener que ejecutar pruebas adicionales. 

Pero incluso esta noción de coherencia ha sido difícil de implementar dentro del TPP. Principalmente por lo complicado de conseguir que los reguladores de los doce países integrantes de niveles económicos y de desarrollo tan dispares se pongan de acuerdo en las equivalencias regulatorias.

El acuerdo final será muy decepcionante. El capítulo más importante sobre coherencia trata principalmente sobre servicios de información y estructuras institucionales dentro de los países integrantes. La sustancia de este tema terminó diseminada en varios capítulos sustanciales como el de MSF y aduanas.

Sin embargo, todavía hay esperanzas para la coherencia regulatoria. Dentro del acuerdo se encuentra una sección sobre el desarrollo del TPP como un “acuerdo vivo”. La idea es que este quede abierto para someterse a revisiones y constantes actualizaciones.

El detonante de lo anterior fueron los problemas a los que se enfrentaron las naciones integrantes del Acuerdo sobre Tecnología de la Información en las negociaciones paralelas para  su actualización. Los integrantes de tal acuerdo en la OMC han batallado para actualizar la lista de productos incluidos en el acuerdo original, por lo que varias tecnologías obsoletas son candidatas a la reducción de aranceles aunque estén fuera de circulación, mientras que no sucede lo mismo para nuevos productos.

Debido a lo anterior, las autoridades quisieron evitar que el TPP sufriera un destino similar. Sin embargo, para obtener el máximo uso efectivo del concepto de “acuerdo vivo” no sirven los mecanismos comunes de revisión de TLC –una selección de comités de supervisión. En cambio, los integrantes deberán forzar algo que hasta el momento han evitado discutir en público. El TPP necesitará una Secretaría fija dedicada a gestionar el acuerdo, sobre todo para implementar las disposiciones de dicho acuerdo y ayudar a los reguladores a desarrollar posturas coherentes.

 

“Sería una tragedia que el TPP se diluyera por la falta de ratificación del Congreso estadounidense o porque los países integrantes no resolvieron los últimos temas delicados. Y no es solo por la pena de perder casi cinco años de complejas negociaciones, el TPP debe funcionar porque significaría una diferencia positiva para los países involucrados y los negocios.”

 

Apoyo político con reveses
Las autoridades tampoco han querido sumar nuevos temas controversiales a una agenda de por sí saturada. Después de todo, la creación de normas y la apertura de mercados en todos los niveles (o casi todos) no ha sido fácil. Es más, la mayoría de los temas polémicos se conocían desde el inicio. De todas formas, no importa el tiempo que las autoridades dediquen a entender los problemas o inventarse soluciones porque los temas más delicados requerirán de la intervención política.

Solo los líderes políticos pueden decidir cuáles de los temas delicados podrán negociarse. En última instancia, ninguno de los integrantes del TPP obtendrá todo lo que busca. Por eso, sus líderes deberán determinar sus intereses principales y secundarios. Pero incluso estas decisiones deberán revisarse para llegar al acuerdo final, pues conseguir la aprobación de 12 integrantes podría requerir abandonar algunos objetivos importantes o aceptar algunas soluciones no del todo ideales.

Algunos dirán que vale la pena seguir con las negociaciones durante el tiempo que sea necesario. Sin embargo, este no espera y si el TPP no se cierra pronto se corre el riesgo de que nunca suceda. Existen una infinidad de problemas que podrían echarlo abajo. Solo por citar alguno, seguro nadie esperaba que el Sultán de Brunéi impondría la ley sharia en su país en mayo de 2014, acción que detonó prolongadas protestas en Estados Unidos y que podría complicar aún más la ratificación del acuerdo en Washington.

Habrá que luchar para que la capital estadounidense apruebe el acuerdo. Y el panorama es todo menos esperanzador. El momento ideal para lograrlo será a finales de 2014, después de las elecciones de medio término del cuatro de noviembre.

Si el TPP no se somete a la votación del Congreso lo antes posible terminará opacado por las elecciones presidenciales de 2016. Y aunque ningún político estadounidense ha ganado una elección gracias a su voto por un acuerdo comercial, algunos sí han perdido la contienda por esta misma razón.

Sería una tragedia que el TPP se diluyera por la falta de ratificación del Congreso estadounidense o porque los países integrantes no resolvieron los últimos temas delicados. Y no es solo por la pena de perder casi cinco años de complejas negociaciones, el TPP debe funcionar porque significaría una diferencia positiva para los países involucrados y los negocios.

Muchos de los países participantes se preguntan por qué necesitan sumar otro tratado más a la extensa lista. No es solo porque la amplitud y profundidad del TPP sean mayores que los de casi cualquier otro tratado, sino que si se ejecuta de forma correcta seguirá expandiéndose y profundizándose más adelante.

Además, este acuerdo se presenta como un factor crítico para los negocios del futuro. Vivimos en un mundo regido actualmente por cadenas de valor y las empresas ubican porcentajes precisos de su producción en aquellos países que satisfagan sus necesidades. Por lo mismo, los que faciliten el comercio serán los mejor posicionados para aprovechar el crecimiento y las oportunidades inherentes a estas formas de producción.

Las empresas multinacionales o los productos manufacturados no serán los únicos beneficiados. De hecho, uno de los elementos más emocionantes de las redes de cadenas de valor son las oportunidades que brindan a las empresas pequeñas en los sectores de bienes y servicios.

En este sentido, el TPP resulta excelente. No solo garantiza la eliminación total de aranceles en casi todos los productos, sino que también ofrece un mejor acceso a servicios e inversión para las empresas de los mercados integrantes. Además, facilita y agiliza el comercio, mejora los trámites aduaneros, incluye reglas para la transferencia de datos y comercio electrónico y en la medida en que los integrantes reconozcan las regulaciones de los otros ayudará a los negocios a lidiar con productos que podrían venderse con mayor facilidad y velocidad dentro de los mercados comprendidos por el TPP. Sus beneficios difieren de los de un TLC estándar y deberían ser un impulso adicional al crecimiento y a la generación de empleos en los países participantes.

Por último, tal y como se ha mencionado, el TPP también se diseñó para crecer. Los 12 países integrantes son importantes, pero para 2020 podrían adherirse otros como Corea del Sur, China, Taiwán o Colombia. Y si estos países han expresado su interés en firmar el acuerdo es porque han visto los beneficios de formar parte de un tratado que vincula de una nueva forma a los países del Pacífico. Para lograrlo, es evidente que lo primero es que los países integrantes cierren el acuerdo y el tiempo no hace más que agotarse. 

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