Editorial | Comercio y cambio climático: ¿una relación simbiótica?

20 Agosto 2015
E15 Climate Change

La máxima cumbre internacional sobre cambio climático está próxima a celebrarse en París este diciembre. Los países apuran sus anuncios políticos, sus compromisos y planes nacionales para contribuir a la lucha de este fenómeno global irreversible; también referido como la “más seria amenaza” que enfrenta la humanidad, según el presidente Barack Obama.

Este mes, el gobierno de Estados Unidos reveló su Plan de Energía Limpia (o Clean Power Plan en inglés), cuyo objetivo es reducir 32% las emisiones de dióxido de carbono de las plantas energéticas hacia 2030 con relación a los niveles de 2005. Este anuncio está en línea con la meta estadounidense de disminuir sus emisiones entre 26% y 28% hacia 2025 en comparación con los niveles del año mencionado.

Las intenciones del segundo emisor más importante del mundo, luego de China, captan titulares luego de que por muchos años este tema ha constatado la apatía o el tibio compromiso por parte de Estados Unidos. No obstante, expertos señalan que los planes del Gobierno de Obama no son lo suficientemente ambiciosos y que no demuestran un auténtico liderazgo en la materia.

La responsabilidad global por el cambio climático, no obstante, parece seguir ganando impulso por parte de otros actores clave de cara a París. China se comprometió a reducir sus emisiones de carbono relativas al crecimiento de su economía en un 60% y 65% para el año 2030 respecto a los niveles de 2005. La Unión Europea, por su parte, prosigue con su plan de disminuir 40% sus emisiones hacia 2030 respecto a los niveles de 1990. Incluso el Papa ha aprovechado el momento político y genera consenso desde el Vaticano entre algunos de los principales alcaldes del mundo respecto a la urgencia de soluciones al cambio climático.

Aunque sin ser los mejores amigos, el comercio y el cambio climático mantienen una relación directa y simbiótica. Su colaboración se ha vuelto manifiesta mediante la negociación de un Acuerdo sobre Bienes Ambientales para la reducción o eliminación arancelaria de productos limpios, la cual podría lograr avances significativos este año. También desde las políticas orientadas al consumo y a la producción, que finalmente repercuten en el comercio, puede sumarse a la mitigación del cambio climático. Las opciones son creativas, variadas, pero a la vez viables.

La apuesta porque en París se firme un acuerdo vinculante para la reducción de emisiones contaminantes cuyos efectos legales comiencen en 2020 debiera ser alta. No obstante, como lo hemos visto en repetidas ocasiones, estas reuniones languidecen entre tecnicismos, horas interminables de negociación y, al final, poca voluntad política. ¿Podrá París ser la excepción?  

 

El equipo de Puentes.

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